No nos habíamos sacudido el Mundial de Catar y ya comenzó hace unos días el viaje por el Premundial Suramericano. Despertamos, trabajamos, regresamos a la cama y han pasado seis de 18 jornadas, un tercio de la sofocante carrera que al final habrá de decir quiénes serán mundialistas y a quienes les tocará entristecerse y comenzar a pensar en el 2030.
Han sido días de lógicas y a la vez de resultados sorprendentes, de entusiasmos y dolores, pero que al final de cuentas es la repetición de las cosas que siempre pasan en el fútbol, deporte impredecible y que no escapa a los influjos de la Luna.
Después de los partidos de ayer va a parar hasta septiembre del nuevo año, un periodo largo para pensar y soñar con clasificaciones a veces posible, otras improbables…
Hasta algunos años Suramérica jugaba en grupos, y casi siempre, salvo alguna que otra excepción, eran Brasil, Argentina y Uruguay los grandes ganadores. Hasta que se apareció el paraguayo Nicolás Leoz, presidente de la Confederación Suramericana con el invento del todo contra todos.
No era una locura; respondía a un deseo de confrontar y hermanar aún mas a los países de la región, sí, pero detrás de este había otra intención: el negocio suculento con la televisión internacional y que ha generado enormes ganancias para cada selección.
La idea germinó en varias direcciones; en cada país se pensaba que así habría más oportunidades de ir a mundiales, pero también, y calladamente, los lobos abrían sus fauces. Ya, con este sistema confirmado, no va a ser posible regresar a lo anterior, porque ha crecido una nueva generación de jugadores, técnicos, empresarios, periodistas y aficionados habituados a esa “nueva cultura” del largo aliento propiciado por esa manera de competir…
Todo en el fútbol se ha convertido en negocio. No hay manera de huir de esa tendencia que va a aparejada a la actualidad de los tiempos que corren en los que todo se compra, todo se vende y en los que el adjetivo “espectacular” no parece tener sustituto.
Y es curioso que el fútbol, aunque apegado al valor de dinero y las transacciones siderales, sea un deporte tan conservador, adherido a sus inicios y sin modificaciones significativas. Si revisamos lo que ha sido y lo que es, quizá lo único verdaderamente novedoso haya sido la relativa participación del arquero en la estructura del conjunto.
Hoy no se concibe un cuidador de la valla que no tengan conciencia del juego asociado, y que no sepa pegarle adecuadamente al balón. De resto, el fútbol se apega al “todo ha cambiado para que todo sea igual”, como en el principio gatopardiano. Nos vemos por ahí.