Fernando Batista camina en la punta de los pies. Con los tumultuosos e inciertos días de José Néstor Pékerman latiéndole frescos en la memoria futbolística, el entrenador argentino no suelta palomas al vuelo. Andando firme, sin hacer grandes promesas que no sabe si será posible cumplir, prefiere hablar de planes de trabajo, de cambio de mentalidad en el jugador criollo, de vocación ofensiva y de convicción de que la victoria es posible.
Que si al futbolista venezolano le cuesta asumir que es tan bueno como cualquiera, especialmente si es un rival suramericano, habrá que pararlo en la otra orilla y que vaya por los partidos sin complejos ni silencios. Porque Batista está convencido de que en el fútbol de nada vale esperar, que todo está en ir en su busca porque según se dice, el que espera nada consigue…
Conseguir nuevos parámetros y renovaciones no es sencillo en el fútbol de hoy. Esas convicciones citadas ya fueron vertidas por Richard Páez desde sus días en la vanguardia de la Vinotinto, y ratificadas, aunque con sus variantes tácticas, en la era de César Farías. Se puede buscar al adversario con insistencia, pero el fútbol es ley de compensaciones.
Algo tendrás que pagar, porque el de enfrente también desenvaina la espada para la batalla. En realidad, para Batista y la selección el paradigma será la utopía de conseguir el equilibrio, el balance del juego.
El jugador venezolano, y sin que hasta ahora nadie haya podido dar con la solución a este misterio, es propenso a la distracción, a dejar que su pensamiento vaya en otras direcciones y por eso se va a pique en los segundos tiempos de cada partido. Recordemos, como ejemplo, el choque ante Uzbekistán: ventaja en los primeros minutos, buen jugar y todo en su justo lugar. Ahora evoquemos los sucesos del minutos 50 en adelante: los Uzbekos “escondieron” la pelota, los venezolanos corrían sin rumbo fijo, y al final el empate fue un resultado para preocupar…
Será mucho el trabajo, el empecinamiento, porque Venezuela no es un maná de jugadores. Son los que están, y poco más. Esto ya lo hemos dicho otras veces, y especialmente, porque vienen pocos surgidos desde abajo. Pero habrá que luchar con lo que vaya llegando, y la primera fecha del Premundial, ante Colombia y Paraguay podría ir marcando surcos en el camino. Un apunte final: ¿por qué a los entrenadores de fútbol se les llama “profesor”? Seguramente el término viene desde los días infantiles, cuando los niños los veían como instructores. Pero ya, en los niveles profesionales, parece fuera de tono. Bueno, nada de irrespetuoso tiene llamarlos por su nombre: directores técnicos.
Nos vemos por ahí.