
El año pasado se celebró por todo lo alto el 50 aniversario del hit número 3,000 de Roberto Clemente. Inolvidable fue volver a recordar aquel acontecimiento en septiembre de 1972 en el Estadio Tres Rios en Pittsburgh. Baja de la cuarta entrada en su segundo turno al bate le faltaba un solo hit para ser él undécimo pelotero y el primer latinoamericano con 3,000 o más hits en las Grandes Ligas. Un doble fue conectado ante el envio de Jon Matlack e histórico fue.
Meses después de aquella coyuntura en el uniforme de los Piratas de esas crónicas en la vida Clemente falleció el 31 de diciembre de 1972 en un accidente aéreo en la costa de San Juan donde el avión que viajaba se estrelló con cargamento que llevaba ayuda benéfica a los damnificados de un terremoto en Managua, Nicaragua. El resto es historia en vida, pero no termino ahí.
Tan pronto el mundo conoció de su fallecer quien se hubiera imaginado en un momento dado que la noticia de su muerte iba trascender el mundo del beisbol y del deporte. Prácticamente comenzando el nuevo año el diario Cleveland Plain Dealer en un editorial reconoció a Clemente como un hombre de dignidad, compasivo y de una habilidad especial. En tal escrito proponía que el Salón de la Fama del Beisbol rompiese sus reglas de elegibilidad. En la columna exponía que sería sabia la decisión de parte del salón en enaltecerlo en tal pabellón de forma inmediata.
Hasta ese entonces el único jugador que el Salón de la Fama había pasado por encima sus reglas de ser elegible lo fue en 1939 con Lou Gehrig por su enfermedad que hoy lleva su nombre.
Un día antes del editorial antes mencionado el Comisionado Bowie Kuhn se había expresado de Clemente como un pelotero que trascendió más allá de ser una super estrella. Lo describió como un jugador elite y un hombre maravilloso. Lo reseño en sus palabras “Le dio al término “completo” un nuevo significado. Hizo que la palabra “superestrella” fuera inadecuada. Tenía un toque de realeza”.
Entre un sin número de miembros de los Piratas y otros peloteros que fueron citados por los medios de comunicación en aquel entonces quien fuera su manda más el Dirigente Bill Virdon fue el que repicó que Clemente debería ser exaltado al Salón de la Fama del Beisbol.
Tan pronto el sentimiento general fue visto por los directores de la Asociación de Escritores de América el grupo llamó a su gremio para una elección especial vía correo. El 20 de marzo de 1973 era realidad que Roberto Clemente era un inmortal del pabellón de la fama en Cooperstown.
Ese día en una ceremonia breve y solemne en St. Petersburg (Florida) se anunciaba el resultado final del voto simple que era un sí o no. Ese 20 de marzo era un año exacto que Clemente había comenzado su temporada 18 en su carrera en los entrenamientos primaverales con sus Piratas y 79 días desde el día del accidente aéreo.
La figura de Clemente era encumbrada al recibir el apoyo del 93% de las 424 boletas recibidas afirmando su elección. Hubo dos abstenciones y 29 negativos que todos en su explicación daban que no se debió haber hecho una exención a la regla de entrada de cinco años de entrada al salón.
Vale aclarar que la entrada de Lou Gehrig fue una por un proceso de aclamación y no una votación como tal. Proceso que hizo que Clemente fuese el primero en entrar en el salón por un proceso electivo especial. Dado que la elección se combinaba con el hecho que era el primer latinoamericano en la historia en entrar en el pabellón del beisbol.
Ese mismo día del anuncio en Florida al salón de la fama el Comisionado Bowie Kuhn decidió honrar inmediatamente la figura de Clemente cambiando el honor del Premio del Comisionado que había comenzado en 1971 al nombre de Roberto Clemente. Premio que todavía al presente otorga el beisbol organizado y se detalló que seria para honrar aquel pelotero que mejor ejemplifique el beisbol dentro y fuera del terreno de juego.
El primer honrado con el Premio Roberto Clemente lo fue Al Kaline de los Tigres de Detroit. Para no olvidar desde su creación oficial los latinoamericanos que han sido reconocidos como ganadores del gran galardón con el nombre del que fuese el gran Pirata de Pittsburgh lo son Rod Carew (1977), Sammy Sosa (1998), Edgar Martínez (2004), Carlos Delgado (2006), Albert Pujols (2008), David Ortíz (2011), Carlos Beltrán (2013), Yadier Molina (2018), Carlos Carrasco (2019) y Nelson Cruz (2021).
La organización de los Piratas de Pittsburgh reconoció inmediatamente la importancia de Clemente para los suyos. El 6 de abril, día inaugural de los Bucaneros esa campaña en juego en el Tres Rios frente a los Cardenales de San Luis, retiraron para siempre de sus uniformes su número 21.
Más adelante en el calendario, el 14 de mayo de 1973, el presidente Richard Nixon póstumamente reconoció la figura de Roberto Clemente con el ‘Presidential Citizens Medal Award’. Ese mismo día el Congreso de Estados Unidos también estimo a Clemente con el ‘Congressional Gold Medal’.
Hoy es hoy y es momento que el mayor honor recibido por la figura de Roberto Clemente su entrada al Salón de la Fama del Beisbol sea celebrada dignamente y majestuosa como se celebró el 50 aniversario del hit 3,000. Aquel 6 de agosto su estampa representada por Vera Zabala de Clemente en Cooperstown quedaba inmortalizada entre los grandes de la pelota, guante y bate para la eternidad. En aquella ceremonia Clemente fue exaltado junto a quien fuese su pelotero que siguió en vida Monte Irvin. Además, en aquella exaltación entraban Warren Spahn, Billy Evans, George Kelly y Mickey Welch.
Roberto Clemente en su Pittsburgh y en todos los Estados Unidos es alardeado y celebrado sus aniversarios porque simple él es ‘The Great One’. En su Puerto Rico es tiempo que se le honre en su propio terruño señorialmente.
Sí, una vez más es celebrar 50 calendarios. Hacer claro que más que un hit el origen de la glorificación de Roberto Clemente fue su exaltación en el Salón de la Fama del Béisbol el cual es el honor que cementó su reconocimiento actual universal en todo el mundo
Roberto Clemente. 50 Arriba, Arriba!