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🎾 Marta Kostyuk vs Sara Bejlek
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Costó mucho, casi un año de espera, alguna final perdida inesperada, pero ya es una realidad: Novak Djokovic es centenario. No ha cumplido todavía los 100 años, de momento solo 38, lo que sí ha alcanzado es la friolera de los 100 títulos. El último, el más perseguido, el que ha amarrado hace unos minutos en el ATP 250 de Ginebra ante un Hubert Hurkacz que se lo puso durísimo durante casi tres horas de batalla (5-7, 7-6, 7-6). La leyenda serbia se salió con la suya y le pega otro mordisco histórico a su leyenda, un impulso de energía para llegar a Roland Garros con una sonrisa.
Imagino toda la parafernalia que tendrían preparada en Ginebra en una situación como esta. Llega el día de la final, con el mejor de todos los tiempos en ella y con la posibilidad de que levante su título número cien como profesional. Enfrente, un buen jugador que sufre más en tierra batida y que arrastra varios meses sin darse una alegría en el circuito. Si además tenemos en cuenta que el H2H era favorable por 7-0 para el serbio, pues claro, poquitos podían imaginar que se diera la sorpresa en esta jornada previa al inicio de Roland Garros. Pero y sí, por un momento… ¿se imaginan? Muy complicado imaginarse un triunfo del polaco, pero esto es una crónica en directo y hasta el final no puedo desvelar lo que sucedió.
Sí os puedo contar lo que pasó en el primer set, donde Novak Djokovic, con mil años de experiencia sobre sus hombros, demostró ser humano y todavía ponerse nervioso en los momentos delicados. Sacando para forzar el tiebreak, el de Belgrado dejó un segundo servicio en la red y, en ese mismo golpe, dio dos pasos hacia atrás en sus pretensiones de dejar su nombre en Ginebra para el resto de los días. Lo cierto es que no fue superior a su rival en prácticamente ningún parámetro, ni siquiera mostró la diferencia abismal que, en principio, debería darse desde el fondo de la pista en cuanto a movilidad. Quizá el error lo tuviéramos nosotros a la hora de interpretar a Hurkacz, un jugador que es mucho más que un sacador.
Me venía a la mente la entrevista que tanto disfruté con Nicolás Massú en este pasado Mutua Madrid Open, donde el chileno me enumeraba todas las virtudes que había encontrado en el polaco durante estos cinco meses que vienen colaborando en el circuito. ¿Un gran sacador? De los mejores, pero detrás de ese servicio hay un revés, una derecha e incluso una movilidad tremendamente buena para alguien de su estatura. ¿Tanto como para plantarle cara a Novak Djokovic? ¿En una final? ¿¿Sobre tierra batida?? Pues hombre, palabras mayores, pero los acontecimientos dentro de la pista no mentían.
Nole arrancó el segundo parcial un poco a remolque, frustrado por haber entregado el primer parcial con una doble falta, pensando quizá en cómo afectaría el factor físico de aquí al final del encuentro. Los primeros juegos fueran bastante drama, pero rápidamente volvió a cogerse a la velocidad del partido, recordando ese premio tan especial que aguardaba al final del camino. El que no estaba dispuesto a entregar nada era Hubert, que se colocó 5-4 arriba y volvía a mandarle un par de fantasmas a su oponente, que sintiera esa presión del momento. ¿Qué hizo el campeón de 24 grandes? Lo sacó adelante, pero rápidamente volvió a verse 6-5 abajo, en una especia de deja-vu donde otra vez requería de su mayor sangre fría. ¿Y qué hizo? Sacarlo otra vez, pero esta vez para bailar en el tiebreak y mandar la guerra al tercer asalto.
DESENLACE HISTÓRICO
Llegados a este punto del recorrido, pasara lo que pasara sería noticiable. Uno tiende a pensar que la experiencia pesará más que cualquier otro factor en un momento tan comprometido, pero hay que aplaudir cómo Hurkakz no bajó su rendimiento en ningún momento. De hecho fue todo lo contrario, lo subió desde el inicio del tercer set para arrancar con un break a favor y empezar a coger distancia con su oponente. Inspiración del pupilo de Massú que, sin embargo, se ahogó cuando lo tenía en la mano.
Porque con el 4-3 abajo, con todo en contra, 38 años encima y ya nada que demostrar, apareció ese Djokovic que sigue negándose a entregar el relevo. Se puso serio, se ató los cordones y llegó hasta el final de su plan, dándole la vuelta a un marcador adverso y tumbando al polaco en su terreno: los tiebreaks. Eso sí, tal es su grandeza que no quiso ni celebrarlo, prefirió vestir este trofeo como uno más, demostrando que su apetito sigue estado en las alturas de los Grand Slams. Esta bien ganar en Ginebra, pero no piensa conformarse con esto.