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Las fases previas de los Grand Slams siempre dejan historias interesantes que contar y tras conocerse a los jugadores y jugadoras que pasan al cuadro principal de Wimbledon 2025, hay una que sobresale por encima del resto, la de Carson Branstine. La tenista canadiense de 24 años es la número 197 del ranking WTA y debutará en su primer Grand Slam. Además, lo hará ante la número uno del mundo: Aryna Sabalenka. Hasta aquí, todo normal.
Sin embargo, la de Canadá se dio a conocer antes de su pase final al grande londinense por otro motivo: es modelo profesional. De hecho, gracias a este trabajo se permite viajar por todo el mundo, financiándose su carrera y luchar así por sus sueños.
Entre raquetas y cámaras
«Me fascina estar frente a una cámara durante una sesión de fotos. Es divertido, me encanta la moda. Ha sido una de las razones por las que he podido costearme algunos viajes. No quise pedirle nada a mis padres, quería que todo viniera de mí y de mi tenis», aseguró la norteamericana, en unas declaraciones recogidas por CLAY.
La canadiense aprovechó la ocasión para confesar las similitudes y dificultades que hay al ser tenista y modelo: «No firmé por estas agencias por mi tenis, lo hice por mi aspecto físico. Extrañamente, ser modelo y el tenis tienen muchas similitudes: muchas veces eres un objeto, y la gente no siempre se da cuenta de que también eres una persona«, lamenta la joven.
Durante la fase previa, tuvo que jugar contra una de las tenistas de moda después de Roland Garros, Lois Boisson. La francesa llegaba a París con una Wildcard y se plantó en las semifinales, pero tras su éxito en su país, le tocaba adaptarse rápidamente a la hierba, superficie en la que nunca antes había jugado. Y la inexperiencia se notó en favor de Branstine, que la derrotaba en el primer partido por 6-2, 6-7(1), 6-4. No tuvo bastante con Boisson que en su segundo duelo se deshacía de su compatriota y campeona del US Open 2019, Bianca Andreescu, por 7-6(3), 4-6, 6-1.
«Tengo mucha confianza en mí mismo, y quizás no todos me conozcan, pero creo que puedo ganarle a cualquiera. Estoy convencida de que tengo el juego para medirme con cualquiera y me alegra poder demostrarlo en estos momentos», confesaba tras vencer en su tercer y último partido de fase previa contra Georgiana Serban y antes de conocer que su rival en la primera ronda sería Aryna Sabalenka.
A pesar de su gran éxito, los últimos años de Branstine han estado repletos de lesiones que le han impedido alcanzar la regularidad necesaria. En su juventud era la gran promesa de su país junto a Bianca Andreescu y se hicieron con el título de dobles junior en el Open de Australia 2017, venciendo en la final a una tal Iga Swiatek.
Pero este año, cuando su cuerpo le ha respetado, está dando con los resultados y sobre todo, confianza: «He sumado más de cinco años lesionada. ¡La última vez que jugué una temporada completa fue a los 15 años! Investigué mucho, dejé de escuchar a gente para aprender por mi cuenta y descubrí qué es lo que funciona para mi cuerpo. Encontré la fórmula secreta, porque diría que soy una de las mejores atletas del circuito. Tengo confianza en eso: corro rápido, levanto mucho peso y soy bastante ágil para lo alta que soy«, concluye una Branstine que gracias a su profesión como modelo se ha permitido pagarse los costes de la exigente vida del circuito y ahora le empieza a devolver todo el sacrificio con un regalo envenenado: jugar contra Sabalenka en la catedral del tenis.