No, queridos y añorados lectores, no voy a celebrar el 40 cumpleaños de Gigantes rememorando por enésima vez las gratísimas coincidencias que propiciaron que fuera partícipe del nacimiento de esta revista. Tampoco la odisea que supuso conseguir poner en los quioscos el número 1. Sería repetirme y bastante edad tiene uno como para encima convertirme en un irredento contador de batallitas.
¿Y cómo sería capaz de hacer que quepan en esta columna 28 jubilosos años de una vida? Es una misión imposible nombrar a todas y cada una de las personas que han hecho posible que aquel sueño de noviembre de 1985 haya llegado a cumplir cuatro décadas. ¡Cuatro décadas! Da vértigo pensarlo siquiera.
¿En qué momentos de esta larga vida alrededor del baloncesto poner el énfasis? Han sido tantas las vivencias, tantos los éxitos del baloncesto de selecciones y de clubes, los logros y conquistas de jugadores y entrenadores, que como en un espejo se convertían en los éxitos de Gigantes, que llenaría páginas y páginas y para eso, mejor que de mi memoria, fiaos de la Historia (con mayúsculas) de Gigantes. Para eso muchos de vosotros guardáis montones y montones de números, y para eso está el fabuloso archivo digital -qué gran avance- que la revista pone al alcance de todos vosotros.
Sin dejarme arrollar por la nostalgia, recordando viajes, torneos y campeonatos, echando en la mochila momentos de angustia por la continuidad de la revista, momentos felices casi siempre relacionados con haber superado aquellas delicadas situaciones, lo que lo que más he echado de menos estos últimos años ha sido el bullicio de los cierres del domingo por la noche. Aquella vorágine de textos, fotos, titulares, elección de portada… pura adrenalina. Periodismo en estado efervescente que nos permitió llegar, semana a semana y luego mes a mes, hasta este extraordinario momento. Y no es un adjetivo gratuito: contad cuántas publicaciones de cualquier sector han llegado a los cuarenta. Ciertamente, es un logro al alcance de muy pocos.
Y aunque sé que en este número la mirada por el retrovisor es el motivo principal; aunque soy consciente de que estamos festejando el presente con una jubilosa mirada al pasado, yo prefiero celebrar estos 40 años invitándoos a disfrutar el futuro. Quiero celebrar esta efeméride animándoos a seguir el baloncesto a través de estas páginas. Nadie mejor que Gigantes del Basket os va a contar todo aquello que acontezca en una cancha. Si por fin llega la NBA a Europa -en uno de los primeros números de la revista el entonces Comisionado David Stern auguraba que aterrizaría en dos años… y han pasado unos pocos más- será un acontecimiento planetario y, ¿quién os lo va a hacer vivir mejor que vuestra revista de cabecera?
Es evidente que tengo miles de motivos para mirar hacia atrás con inmensa gratitud, pero tengo aún más razones para animaros a que disfrutéis del baloncesto del futuro. Y ese futuro, queridos y añorados lectores, empieza mañana. Aquí lo encontraréis.
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