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La gira sudamericana es pasión incondicional. Gradas hasta la bandera animando a jugadores que encuentran refugio en un momento del año con olor a tiempos añejos, a momentos de un circuito más atomizado, a globalidad sin mirar tanto hacia paraísos petroleros y de dinero. Cada temporada hablamos de torneos como el ATP de Buenos Aires y Río como eventos especiales, de un color distinto… pero cada año advertimos, por desgracia, del peligro que corren torneos que no destacan en la divisa incondicional de la gerencia actual del circuito: el dinero.
Mientras estos torneos agonizan por una serie de motivos, la ATP mira hacia Arabia Saudí y no esconde su localización preferida para la disputa del nuevo y flamante décimo Masters 1000 del circuito: febrero. Colisión directa con aquellos que prefieran la arcilla argentina, brasileña o chilena; una daga casi mortal en el corazón de lugares donde se respira tenis, desde la primera a la última butaca de sus Pistas Centrales.
La presencia de Andrea Gaudenzi, presidente del órgano que dirige el circuito mundial, en Buenos Aires (a partir de este mismo jueves; también estará en Río, mientras que no acudirá a Santiago, quizás una premonición de lo que puede suceder en años próximos), es la demostración de que algo se cuece entre bastidores. El impulso de la ATP hacia los torneos de categoría 1000 y 500, virando hacia un calendario «premium» que reduzca claramente torneos de categoría 250, y el destino en el calendario en el que podría aterrizar el torneo saudita, son temas a discusión de una llegada que genera más dudas que certezas: no hará comunicaciones con la prensa, dotando a su visita de un halo de misticismo que no parece presagiar buenas nuevas.
Esta podría ser la nueva ubicación de la gira sudamericana en el calendario: ¿es viable?
Comentaba Seba Torok en LA NACION que se empiezan a barajar alternativas para que piezas tan valiosas de la historia del tenis no pierdan su sitio cada temporada. Una solución que parece estar sobre la mesa es la de mover esta gira hacia septiembre y octubre, justo después del US Open: si bien los desplazamientos para muchos jugadores se mantendrían en el mismo continente, parece más improbable que nunca que muchos cracks decidan jugar en arcilla… antes de encarar la gira asiática o indoor, emplazamientos donde las superficies son más rápidas que nunca.

Mientras tanto, las palabras de aquellos que viajan a Argentina, Brasil o Chile, son clarísimas. Matteo Berrettini, que ni tan siquiera es local, destacó la riqueza del ambiente en la Pista Central del torneo albiceleste, dando su sitio a un torneo que no había visitado antes (de hecho, manifestó que vivir el ambiente del torneo fue una de sus motivaciones para decir sí). Mariano Navone puso un lúcido ejemplo que ilustra cómo la pasión y la presencia de aficionados en cancha han pasado a un segundo plano: jugó un partido en un torneo chino, frente a Learner Tien, con apenas cinco personas en la Pista Central, mientras que cada sesión nocturna en el Buenos Aires Tennis Club es un éxito, con multitud de jornadas en las que se cuelga el cartel de no hay billetes.
Es el eterno debate sin solución, el inexorable paso del tiempo, un reflejo de una sociedad que mira únicamente por los márgenes de beneficio y la búsqueda de un salvaje crecimiento, sin importar todo lo que pueda llevarse por delante. Con la presencia fija, ahora sí, de Arabia Saudí en 2028, quizás esta sea la penúltima semana de gira sudamericana tal y como la conocimos siempre: se gesta una revolución de puertas para adentro en la que el circuito no otorga a estos torneos un papel dominante. Quizás sea uno de los mayores errores que puede cometer Gaudenzi… y desde aquí reivindicamos el rol de semanas que otorgan magia al circuito. ¿Qué solución palpable veis vosotros a corto y medio plazo?