20:15 h. United Center. La casa de los Chicago Bulls puede ser el escenario en el que Aday Mara se convierta en el primer español en alcanzar una Final Four de la NCAA.
El torneo se estrecha hasta el límite. El Elite Eight afronta su segunda jornada y lo hace con esa sensación inconfundible de que ya no hay vuelta atrás: cuando acabe la noche, solo quedarán cuatro. Cuatro equipos, cuatro historias, cuatro aspirantes reales al título. Como en aquella célebre novela de Agatha Christie, «And there there were none«, el grupo se reduce sin piedad, uno a uno, hasta que solo sobreviven los elegidos… aunque aquí no hay misterio que resolver, sino partidos que ganar bajo la máxima presión posible.
La jornada del domingo, en un horario magnífico para el público español, nos coloca ante ese punto exacto en el que el Madness deja de ser un torneo para convertirse en una criba definitiva. Cada posesión será un examen, cada error una posible despedida. Lo que viene son dos partidos cargados de talento, tensión y ambición desatada, con la Final Four ya asomando en el horizonte. Es el momento de los que no tiemblan, de los que entienden el peso de marzo… y de los que están preparados para quedarse cuando todos los demás caen.
20:15 – Tennessee (#6) vs Michigan (#1)
Hay noches que marcan carreras… y otras que pueden empezar a definir un destino. Aday Mara se asoma a una de ellas. El pívot zaragozano tiene ante sí la oportunidad de cruzar una frontera que muy pocos han pisado, de llevar a Michigan hasta la Final Four y de hacerlo además siendo protagonista, imponiendo su presencia en un escenario donde cada detalle se magnifica. Su crecimiento a lo largo del curso ha sido evidente, pero ahora el reto es mayor: sostener a su equipo cuando el pulso se acelera, dominar la pintura cuando el partido se encoge y demostrar que puede ser decisivo cuando el foco ya no admite medias tintas. Para el aficionado español, el partido tiene un punto de irrealidad: uno de los nuestros está a un paso de colarse entre los cuatro mejores del país, y lo hace con argumentos para ser mucho más que un invitado.
El cruce, sin embargo, exige máxima precisión. Tennessee propondrá un partido incómodo, físico, de ritmo controlado, donde cada ataque se trabaja y cada ventaja cuesta una batalla, con nombres como Ja’Kobe Gillespie marcando el pulso desde el perímetro, Nate Ament sumando un talento bruto todavía por explotar en la posición de alero y Felix Okpara aportando presencia interior. Michigan necesita encontrar equilibrio entre su juego interior —con Mara como referencia para generar desde el poste y castigar en la pintura— y la capacidad de sus exteriores para abrir el campo y evitar que la defensa rival colapse la zona. Yaxel Lendeborg volverá a ser fundamental. La gestión del rebote será clave, así como la protección del aro frente a un equipo que vive de forzar errores y castigar segundas oportunidades. En ese contexto, la lectura de juego y la presencia del pívot español pueden inclinar la balanza en un duelo que apunta a resolverse en los pequeños detalles.
23:05 – UConn (#2) vs Duke (#1)
Hay programas que viven de su historia… y otros que la siguen escribiendo cuando el resto solo puede recordarla. Duke y UConn representan ahora mismo esa élite selecta, dos “blue bloods” que no solo cargan con un legado imponente, sino que además lo están honrando en el presente, compitiendo año tras año por todo. Este cruce no es solo un partido: es un enfrentamiento entre dos marcas que han definido generaciones del baloncesto universitario. En un lado, la tradición competitiva de los Blue Devils, siempre presentes cuando el torneo se estrecha; en el otro, el carácter indomable de unos Huskies que han hecho de marzo su territorio natural. El escenario es perfecto: talento, historia y la sensación de que el ganador no solo avanzará… sino que enviará un mensaje al resto del país.
Sobre la pista, el foco en Duke apunta directamente a Cam Boozer, firme candidato a National Player of the Year y uno de esos jugadores que producen incluso cuando parece que no están dominando: siempre suma, siempre aparece, siempre deja huella en el partido. Pero a su alrededor se construye un ecosistema imprescindible para sostener la candidatura de los Blue Devils: el tiro imprevisible de Isaiah Evans, capaz de encenderse en cuestión de minutos; la defensa de Dame Sarr, que puede marcar diferencias sobre el perímetro rival; y la dirección de un Caleb Foster que ha regresado contra todo pronóstico para devolver orden y criterio al equipo. Enfrente, UConn presenta un bloque físico y muy completo, con Tarris Reed imponiendo su presencia en la pintura, la experiencia de Alex Karaban para interpretar cada situación, y el impulso de la juventud con Braylon Mullins, además del desgaste constante que proponen Solo Ball y Silas Demary sobre los manejadores de Duke. El equilibrio entre talento, físico y lectura táctica convierte este duelo en una partida de ajedrez a máxima velocidad, donde cada emparejamiento puede inclinar el partido.
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