Noti-Deporte: Juan Gisbert marca las diferencias del tenis actual con el de su época

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Uno de los grandes momentos de cada Trofeo Conde de Godó es la reunión entre exjugadores de Copa Davis. Esa día, en la casa club del RCTB 1899, uno puede encontrarse con un buen cachito de la historia de nuestro tenis. Lo más emocionante es que nunca sabes qué personalides vendrán cada año, ¿quién me iba a decir que en 2025 iba a sentarme a charlar de tenis con Pepe Higueras? Una sensación de privilegio que sentí de nuevo esta semana al ver cruzando la puerta la figura de Juan Gisbert (Barcelona, 1942).

Con casi 84 años, la cabeza de Gisbert se mantiene lúcida para recordar cada detalle de su extensa carrera. Él estuvo en aquellas primeras finales de España en Copa Davis. Él estuvo en la última final de Grand Slam amateur. Él vivió en primera persona la llegada de la Era Open. Él ocupa una página fundamental en la historia del tenis español, una entrevista que todavía no se había leído en Punto de Break.

Qué alegría verte por aquí, Joan.

Estoy muy contento, agradecido por la invitación. Desde antes del COVID que no venía, hubo dos años donde no pude. Luego mi esposa cayó enferma hasta que, lamentablemente, falleció hace un año. Después de pasar por todo esto, ha llegado el momento de estar otra vez aquí.

¿Cuánto tiempo llevas viviendo en Estados Unidos?

Llevo muchísimo en Estados Unidos… ¡48 años! Antes venía mucho más por aquí, cuando mi madre vivía solía hacer Miami-Barcelona unas cuatro veces al año para ver a todos mis hermanos y el resto de familia.

¿Cómo ha sido ese reencuentro con los antiguos compañeros?

Un momento muy emocionante, es una alegría ver a todos los compañeros de Copa Davis. Ha venido también Pepe Higueras desde California, así que hemos podido contar varias batallitas.

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¿Cuál has contado tú?

Hoy me ha tocado contar la que nos pasó a Manolo Orantes y a mí cuando ganamos un torneo de dobles en la India, contra los hermanos Armitraj, en Nueva Delhi. Después de la final teníamos que ir a jugar el Masters, así que el presidente de la India nos llevó en su avión privado, que era un Tupolev ruso, donde ibas atado con correas. ¡No nos dejaron ni ducharnos! (risas).

Cómo ha cambiado el mundo…

En aquellos tiempos había menos medios de comunicación, era todo diferente, se transmitían las cosas a través de la palabra, conversaciones, situaciones, etc. Hoy la Media lo envuelve y lo resuelve todo, ahora mismo en Estados Unidos hay gente que está enamorada de su propio chat, hablan con la inteligencia artificial (risas).

Se ha perdido esa cercanía, esa naturalidad.

Es un negocio montado, como en todos los deportes. Se ha profesionalizo todo muchísimo, todo es una cuestión de managers y de dinero, pero en aquella época jugábamos la Copa Davis por 400 pesetas diarias… ¡y si ganabas, te daban 800!

¿Nada más?

Nada más, te daban la mano y muchas gracias.

¿Hubieras preferido jugar esta época?

Prefiero mi época, pero claro… me encantaría jugar también la de ahora, significaría tener 50 años menos (risas).

De todas las cosas que se han ido perdiendo, ¿cuál dirías que es las más relevante?

Una muy importante: antes todos éramos amigos. Recuerdo irnos todos a tomar cervezas, con Rod Laver y Roy Emerson, con todo el equipo australiano, los americanos, los franceses, etc. Hoy cada jugador tiene un manager, dos entrenadores, un fisioterapeuta, un médico, un cocinero, un barbero… ¿pero esto qué es? (Risas) Esto es nuestra época hubiera sido muy difícil de entender, no teníamos managers que nos controlaran, podíamos hablar con quien nos diera la gana. Antes no existían tantos intereses económicos.

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Fuisteis unos pioneros, con la dificultad que eso conlleva.

No teníamos nada, ni coches, ni dinero, absolutamente nada. Santana, Orantes, Arilla… todos nosotros fuimos los pioneros de nuestra época. Hasta que conseguimos ganar a los americanos en Copa Davis en 1965 habían una 700 licencias en toda España. A partir de ahí explotó el tenis y comenzó a crecer muchísimo.

¿Tan bueno era Rod Laver?

Ganó dos veces el Grand Slam, hasta ese momento solo lo había hecho Donald Budge en 1938… y si no lo ganó otra vez fue porque empezó la Guerra Mundial cuando ya había ganado los tres primeros. Rod Laver era increíble, me acuerdo que me ganó la final de Tokyo en 1974 y luego nos volvimos juntos. En el avión me decía: ‘Joan, estoy muy contento porque este año voy a ganar 150.000$’. Hoy en día, 150.000$ lo ganan poniendo dos tonterías en redes sociales.

Siempre nos quedará la duda con Laver de cuántos títulos más hubiera ganado.

Tuvo la suerte de que tres Grand Slams se jugaban en hierba y uno en tierra batida. Si los australianos ganaban el de tierra, ¡imagínate los otros! Eran maestros, jugaban siempre en hierba. Ahora todo ha cambiado, solo hay un gran torneo sobre hierba.

¿Quién ha sido para ti el mejor de todos los tiempos?

(Piensa) Rod Laver era impresionante, jugué con él dos veces, aquí en Barcelona me ganó en 1970 a cinco sets, después de ir dos sets arriba, 2-1 y 40-15. Al día siguiente estaba muerto, Manolo Santana lo remató en la final. Roy Emerson también era buenísimo. Manolo Orantes es el jugador con más victorias de la historia en tierra batida, tengo que meterlo porque siento mucha admiración por él.

¿Se pueden comparar a Laver con Federer? ¿Borg con Nadal?

Es difícil, las raquetas ahora son metálicas y antes eran de madera. Es como en el golf, las yardas que se hacían con los palos de antes y las que se hacen con las de ahora.

No te mojas, Joan.

Ahora se juega en superficies similares, antes las condiciones estaban más diferenciadas. Habría que hacer una lista y decir quién es el mejor en tierra, quién es el mejor en hierba y quién es el mejor en pista rápida. En tierra sabemos que es Rafa Nadal, ganar 14 veces Roland Garros es una monstruosidad. Con los que yo jugué… me quedo con Emerson y Laver.

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¿Te imaginas a Nadal jugando contra ellos?

Los hubiera vuelto locos, habrían dejado el tenis (risas).

Nadal y Alcaraz casi al mismo tiempo, qué afortunados somos.

Y esta mañana estaba desayunando al lado de Rafa Jódar, aunque ya le había visto jugar algún partido allí en Estados Unidos. Es increíble lo del tenis español y la manera que tiene de sacar jugadores. Hace años comentábamos la necesidad de que saliera alguien después de Nadal para mantener el tenis… y ahí salió Carlitos, un fenómeno. Gracias a él, el tenis sigue en marcha ascendente, así que hay que darle las gracias. Jódar también juega muy bien, hemos hablado mucho de él en la comida, sorprende lo tranquilo que juega. Necesitamos más figuras así para volver a ganar la Copa Davis.

Una competición que no pasa por su mejor momento.

La situación se desvió con la Laver Cup, el torneo que creó Federer.

¿Por qué?

Porque ocupó la fecha idónea para jugar los cuartos de final de Copa Davis. Ahí todos los cracks podían jugar, pero la quitaron del calendario para dársela a Federer, fastidiando la Copa Davis y esas eliminatorias que llenaban estadios hasta la bandera. Las exhibiciones dan mucho dinero, pero jamás podrán compararse a un Roland Garros o un Wimbledon.

¿Cómo viviste la llegada del profesionalismo?

Yo no pude jugar al tenis profesional hasta que cumplí 23 años, mi padre me obligó a terminar la carrera de abogado en Barcelona. Cuando la terminé fue cuando empecé a jugar, hasta que ocho meses después gané el Conde de Godó en 1965. Esa temporada también llegamos por primera vez a la final de la Copa Davis, contra Australia. Ese año hicimos el récord de más eliminatorias disputadas: España jugó ocho eliminatorias, récord mundial. Mientras que Australia jugaba directamente la final.

Y contra aquella Australia, poco que hacer.

El equipo era impresionante: Roy Emerson con 12 Grand Slams, Fred Stolle con 4, John Necombe otros 4 y Tony Roche 2. En total 22… ¡¡pero es que en dobles tenían 56 Grand Slams!! Nos hicieron jugar en hierba, así que hicimos lo que pudimos, ¿qué iba a hacer un abogado jugando contra profesionales?

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¿Te quedó la espina de no ganar aquellas dos finales?

Algo de estrés siempre queda, también con la final del Open de Australia 1968. Yo jugué la última final de Grand Slam en la era amateur, a partir de entonces arrancó la Era Open. Recuerdo que el primer torneo abierto se disputó en Bournemouth, momento donde cambiaron todas las reglas.

¿Para mejor?

Yo estaba muy contento, pasé de ser abogado a empezar a jugar al tenis con 23 años, aquello era un milagro.

¿Cómo fue tu retirada?

Los últimos años jugué gracias a Manolo Orantes, ganamos muchos torneos de dobles, incluido el primer Masters de la historia en 1975. Ese mismo año vimos a Manolo ganar el US Open, uno de sus grandes éxitos, pero es que años después ganaría el Masters individual en Houston.

Tú viviste la transición de Santana a Orantes, el testigo entre ambos.

Aquello fue fantástico, Orantes empezó a entrenar con nosotros cuando tenía 18 años. Recuerdo que en 1978 nos castigaron con quedarnos en Australia dos meses para aprender a jugar en hierba. Manolo no hablaba inglés ni nada, fue muy divertido (risas). Somos muy amigos, le estoy muy agradecido.

¿No crees que la figura de Orantes debería tener mayor reconocimiento?

Pues sí, la verdad. Estando en el club, hace años tenían una fotografía de Andrés Gimeno, excelente jugador y muy amigo nuestro. ¿Pero qué pasa con Orantes? Manolo ha ganado tres años en Barcelona en siete finales disputadas, pero no siempre ha sido reconocido.

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Yo tampoco lo entiendo.

Hace siete años, la última vez que estuve aquí, mirando el palmarés de toda la historia del torneo salía una fotógrafa y él no aparecía. Me tocó hablar con el directos para reclamar su presencia, cosa que corrigieron al año siguiente.

¿Y tú, Joan? Porque tú también mereces un buen homenaje.

Bueno… para mí cualquier detalle es bienvenido […] Yo ya no espero nada del mundo del tenis, si alguien me invita a un café y empezamos a hablar de algún partido, ya soy feliz.

Sé que tienes una remontada épica en tu currículum.

Aquí fue, contra Alex Metreveli. Estaba perdiendo dos sets a uno, 5-1 y 40-0, momento donde la mitad del público se marchó del estadio. La verdad es que estaba jugando muy mal, pero al final remonté. A la mañana siguiente, en los diarios ponía: España 1-1 Rusia. Les tocó rectificarlo, era España 2-0 Rusia.

¿Esa fue tu mejor victoria?

No, la más recordada fue cuando ganamos a los americanos, ahí superé a Denis Ralston, que era el mejor del mundo en esa época.

¿Seguiste vinculado al tenis después de retirarte?

Nada de nada, me dediqué a los negocios en Estados Unidos. Hicimos algunos torneos de celebridades para recaudar fondos y ayudar a los niños discapacitados y lucha contra el cáncer. Venían muchos actores y gente de Hollywood, además de múltiples campeones del deporte para que hicieran pareja con ellos. Era un show muy bonito que ayudaba a recolectar dinero para causas benéficas.

¿Sigues jugando?

Ahora no puedo correr ni saltar demasiado, aunque las rodillas las tengo bien, pero mejor no forzar (risas). Intento caminar rápido para no perder el ritmo, pero voy ya para 84 años.

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¿Cuándo fue la última vez que jugaste?

Con Pepe Higueras en un torneo en California, estaba también Pancho Segura. Fue hace ocho o diez años, con mucha gente de Hollywood.

Has tenido que jugar con unas cuantas celebrities.

¡Muchísimas! Con Chuck Norris jugué mucho en Montecarlo, con John Forsythe, Linda Evans, Anthony Edwards, Sylvester Stallone, Tony Bennett, Christopher Reeve…

¿Te imaginas cómo hubiera sido tu vida sin el tenis?

Era otra época, la situación era muy diferente. Yo gané la Orange Bowl y ahí me ofrecieron una beca de estudios en Estados Unidos. Allí estaban Artur Ashe, Charlie Pasarell y Clark Graebner, así que me ficharon para irme con ellos. Tenía ya el billete sacado, pero en aquellos tiempos tardabas 24 horas hasta Miami y 14 horas hasta Los Ángeles… ¡en avión de élite! El día anterior de salir para allá, mi madre me dijo: ‘No te he criado para que te vayas a California, si te vas ya no te vemos más’.

Y no te fuiste.

Al final me quedé y estudié en la universidad de Barcelona, en la facultad de derecho, hasta que a los 23 años pude elegir entre jugar a tenis o hacer otra cosa.

Curioso que al final acabaras viviendo en Estados Unidos.

Mi esposa era americana, me enamoré, nos casamos y nos fuimos a Estados Unidos porque allí tenía muchas más posibilidades que aquí.

Joan, ¿cómo te imaginas el tenis de aquí a viene años?

Con robots (risas).

Yo estoy preocupado.

Y yo también.

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Este tenis moderno no conecta igual que el anterior.

No es tan humano, ahora es todo mucho más mecánico. Como dije antes, hoy existen muchos intereses económicos, cuando sale un campeón enseguida salen 20 personas para protegerle y encargarse de todo.

¿Sueles ver tenis?

En televisión, algo veo.

¿A qué jugador?

A Rafa Jódar, por ejemplo. Juega muy bien, ha demostrado que puede llegar muy lejos después de todos los partidos que ha ganado.

¿Y Carlitos? ¿Llegará a los niveles del Big3?

Casi seguro que sí, pero depende… ¿sabes de qué? De las lesiones. Esto nunca lo sabes, yo vi a grandes jugadores que apuntaban a ser leyendas y luego se quedaron a mitad de camino por lesionarse demasiado.



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