Mundial de Fútbol “Made in marketing”


Los jugadores de las cuarenta y ocho selecciones mundialistas están dispuestos. Ninguno sabe cuál de ellos estaré en la gran final del 19 de julio, pero aun así, saben que ese día en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, y en el intermedio entre los dos tiempos, tendrán que esperar sentados en los camerinos que termine el show musical que romperá las barreras de los 15 minutos que el fútbol ha marcado desde que existe este deporte sobre la tierra.

La Fifa y los organizadores del campeonato han anunciado, con estridencia y alto sonido de “big band”, que el espectáculo, el primero en noventa y seis años de historia del torneo, va a durar entre 25 a 30 minutos, porque una final del Mundial merece un cierre así, digno, grandioso, inolvidable, con artistas de renombre que retumben en más remotos y alejados confines del planeta…

No será un hecho aislado, de casualidad o descuido. Es un salto al frente muy bien estudiado, un prodigio, porque el fútbol quiere parecerse, cada día más, a la final del Super Bowl, un juego en el que es tradicional montar este tipo de interminables funciones musicales. Desde hace algún tiempo el fútbol ha ido tomando la deriva del espectáculo empujado por los tiempos actuales en los que lo visible, lo impactante, la imagen totalizadora, ha desplazado inmisericordemente a las tradiciones.

De poco vale ya defender lo que se ha hecho toda la vida, porque hay un nuevo dios del quehacer humano: el marketing. Lo que el marketing diga es por ahí por donde se va, y de nada valen los gritos desesperados de salvación. La máquina, la tecnología, van desplazando a lo poco y a lo rápido las antiguas costumbres: hay una nueva religión y ella es la que ordena…

El fútbol, pues, va perdiendo su pureza. Encaramado en el caballo indómito de los días, espolea al equino y le pide correr para no quedarse atrás. Se compra y se vende a los jugadores, y ellos, hipnotizado por el dinero, van perdiendo el amor a una camiseta. ¿Todo esto es bueno o malo, es provechoso para el fútbol o representa la caída por el barranco de la nada? Depende de cómo se mire, en qué posición nos coloquemos.

El fútbol, es verdad, no puede andar por el mundo al margen de lo que pasa en la sociedades, por estos tiempos arrastradas por lo inmediato y por el cambio de momento a momento y casi todo impulsado por las modas y las novedades tecnológicas.

Sin embargo, siempre habrá margen para la defensa de los valores; de no ser así, los partidos los terminarán jugando futbolistas creados por la llamada inteligencia artificial y el fútbol ya no será fútbol, sino que llevará adosado el estadounidense nombre de “soccer”. Nos vemos por ahí.



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