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🎾 Flavio Cobolli vs Alexander Zverev
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Si hiciésemos una encuesta a los aficionados al tenis sobre hasta qué punto verían viable una final de Roland Garros 2026 entre un italiano y Alexander Zverev, la respuesta sería abrumadoramente positiva. Lados diferentes del cuadro, cabeza de serie número dos consistente hasta la médula… pero lo que no esperaban, claro, es que el transalpino al otro lado de la red no fuese Jannik Sinner y, por el contrario, se mostrase en la figura de un Flavio Cobolli que ha explorado sus límites en París. El Grand Slam del caos finalizará con un nuevo campeón de Major, un nuevo miembro para un Olimpo tenístico cada vez más exclusivo entre eras de dominio del Big Three, Carlos Alcaraz o el propio Jannik.
Abrazado el caos de la primera semana, los últimos días de competición han combinado grandes momentos con nubes grises que han descuadrado ligeramente el espectáculo. La retirada de Matteo Arnaldi nos dejó sin una semifinal antes de su comienzo, las lesiones también acuciaron a Matteo Berrettini para que no completase su partido de cuartos de final, y hemos dejado aparcados los cinco sets en pos de la superioridad mostrada por nombres como Sascha o Flavio. ¿Puede ser el fin de fiesta apoteósico para compensar lo que hemos visto en los últimos días? Por nivel y espectáculo, claro que sí… pero la realidad es que los nervios y la presión pueden (y deberían) marcar esta final.
Zverev quiere sacarse una espina clavada: las claves para ser campeón
Lo experimentó Alexander Zverev en su primera vez en una cita como esta, allá por el 2020. Su juego en el 5-3 y saque del quinto set de la final del US Open frente a Dominic Thiem ejemplifica que los mortales suelen temblar a las puertas de las dioses, envolviendo aquel duelo en una estela de surrealismo que frustró e hizo las delicias de los espectadores a partes iguales. Mucho ha crecido desde entonces, eso sí, el germano… si bien una cosa no ha cambiado: todavía no ha hincado el diente a un título de Grand Slam.
Siempre a las puertas ante jugadores más decididos, generacionales y completos que él, el panorama para el germano cambió el día que el cuerpo de Jannik Sinner decidió abandonarle. Se le pedía un paso adelante que ha existido: hemos visto a un Sascha dominador, golpeando con fuerza la derecha, sin miedo para tomar la iniciativa ante rivales jóvenes que sintieron su jerarquía. Remontó un 2-5 en el primer set ante Jódar en cuartos, salvó numerosas bolas de break en el inicio del duelo ante Mensik en semifinales para tomar la batuta poco después… en definitiva, ante rivales que exploran territorio inesperado, Sascha ha sido capaz de hacer valer su estatus y experiencia, lo que augura un buen desenlace ante un rival que se encuentra en una situación similar.

Pero no deberá confiarse Zverev: Cobolli ya sabe lo que es derrotarle. Si bien el cara a cara es de 3 a 1 en favor del alemán, y que ya le derrotó en la Philippe Chatrier el año pasado, Flavio dominó de cabo a rabo su penúltimo enfrentamiento en Munich (6-3, 6-3), señal de que en un buen día tiene tenis de sobra para discutirle el dominio desde el fondo. Aquel día Sascha no tomó partido de sus ventajas y, en condiciones frías y lentas, notó la inconsistencia de su derecha y su falta de energía con el saque, aspectos que Cobolli buscará explorar.
Su gran hacer con el servicio forma parte de las grandes claves de su inmaculado paso por París… y se antoja aún más importante en esta final. El alto porcentaje de puntos con el primero le permitiría, en primer lugar, aplacar los nervios propios de una cita como ésta; en segundo, sumar un arma y un colchón que Flavio no suele tener y, por último, marcar el ritmo del partido que a él le gusta, con juegos rápidos al servicio para luego ser un muro al resto, talando las piernas de su rival y haciéndose fuerte desde la zona de revés paralelo.
Eso sí: no hay táctica más ganadora para Zverev que la de un buen nivel de determinación, un intangible que cobra máxima relevancia en una cita como esta. Le hemos visto pegar la derecha sin miedo contra Mensik y Jódar, pero una final de Grand Slam puede hacer dudar a cualquiera, y el drive siempre fue la vía de fuga del alemán en los momentos importantes. Fue por ese lado por el que Cobolli, además, le dominó en tierras alemanas: Sascha tiene tarea si quiere lograr el mayor éxito de su carrera.
On to the finals. Relive today’s best moments of the day by @emirates ✈️#RolandGarros #Emirates #FlyBetter pic.twitter.com/YmfclaTvWC
— Roland-Garros (@rolandgarros) June 5, 2026
Cobolli busca hacer historia: las claves para ser campeón
La progresión de Flavio Cobolli en el circuito ATP ha sido lenta pero segura. Gradual, constante, sin grandes picos pero sin retrocesos, mejorando de forma regular todas las facetas de su tenis y erigiéndose como una amenaza que se multiplica si se juega en pistas naturales (tierra o hierba). Ya había pisado los cuartos en Wimbledon, pero llegar a la final en París es un éxito sin precedentes: si hay alguien que debe jugar liberado es él, invitado a una fiesta que no entraba en las quinielas de demasiada gente.

Su camino hasta llegar al duelo por el título ha sido cuanto menos accidentado, pero ni mucho menos él debe responder por ello. Dos triunfos ante top-20 (un Tien aún bisoño en esta superficie y Aliassime, su oponente más duro hacia la final) y una ventaja, la de no haber jugado la semifinal por la retirada de Arnaldi, que espera que no se convierte en un arma de doble filo (imaginen lo que puede ser encarar una final de Slam sin ningún tipo de ritmo competitivo, totalmente frío, después de que tu último partido haya sido el miércoles).
¿Tiene las armas para derrotar a Sascha? El partido de semifinales en Munich demuestra que sí. Las claves aquel día fueron muy claras: consiguió poner mucho primero del alemán en juego, robando una altísima cantidad (casi el 40%) de puntos desde la defensa (lo que más le molesta a Zverev es que tipos como Sinner o Carlos le exijan finalizar el punto más allá del saque de manera constante; Flavio lo logró aquel día); aguantó el tipo en los intercambios de revés cruzado, variando alturas y creando ángulos, para luego entrar con todo en las diagonales de derecha cruzada (de hecho, explotó de manera constante ese agujero, siendo el golpe con el que marcó la diferencia) y tuvo la determinación que el alemán no mostró para resolver las bolas cortas y subir con ahínco a la red.
Debe hacer muchas cosas Flavio, pero por ahí pasan sus claves: buscar que Sascha golpee todo el tiempo posible de derecha, abrir ángulos cortos que obliguen al alemán a desplazarse lateralmente, estar proactivo al resto para anular el porcentaje de puntos gratis con el saque de su rival y, tal como decíamos con su oponente, mostrar la determinación y convicción necesaria si quieres proclamarte campeón de Grand Slam.
Es probable que la ocasión le llegue un poco pronto a Cobolli, con aún poco bagaje en rondas finales de Masters 1000 o Grand Slam… pero ya saben: nunca es temprano si la dicha es buena (en el Roland Garros del caos, reformular refranes no parece un mal plan). Ser el tapado de todo el torneo, ver cómo la presión está en el tejado del alemán y la frescura a nivel de piernas de la que gozará son otros argumentos de peso para apostar por Flavio en una final que abre dos horizontes: el de los nervios, presión y supervivencia… o el del tenis fresco, vistoso y de grandes golpes que ya nos han mostrado estos dos tipos en el pasado. ¿Cuál pesará más? ¿Quién se impondrá sobre todo y todos para levantar su primer Grand Slam? Pase lo que pase, mañana veremos historia del tenis: pongánse cómodos, pues, y disfruten.