
Tal día como hoy, pero del año 1976, Pedro Gamarro -un humilde boxeador de 21 años nacido en el estado Zulia- le proporcionó a Venezuela su primera medalla de plata y la tercera dentro del concierto olímpico tras las obtenidas en bronce por el saltador triple Asnoldo Devonish en 1952 y el oro del también púgil Francisco “Morochito” Rodríguez en los 48 kilogramos de la concurrida cita en México 1968.
Pero a diferencia de esas dos preseas anteriores, Gamarro, un fogoso peso welter -67 kgs-, dejó ante los ojos del cientos expectadores en el Forum de Monteral, Canadá, aunado a incontables televidentes vía satélite en todo el planeta, que mereció la victoria y, por ende, la medalla de oro.
Camino despejado
Refiriéndonos a las crónicas de la época y a la literatura que generó el resultado de la final del boxeo entre Pedro Gamarro y el alemán Jochen Bachfeld, representante de la entonces República Democrática Alemana (RDA), quedó claro que el zuliano fue claro dominador del combate.
Nos recuerda el libro “Grandes Noticias del Deporte Venezolano” escrito por Carlos Figueroa Ruíz y Javier González que la llegada a esta instancia del “Tren de Machiques”, apodo con el que se popularizó luego de Montreal 76, no había sido producto de la casualidad sino de actuaciones previas como la conquista de la medalla de oro un año antes en los Panamericanos de México.
Así, completaría una actuación épica superando a favoritos como el campeón europeo y yugoslavo Marjan Beneš (5-0), el campeón olímpico cubano Emilio Correa -RSC- al estadounidense Clinton Jackson (3-2) y al “otro alemán” Reinhard Skricek, nacido en la República Federal Alemana (RFA), también por RSC.
La descripción del careo Gamarro vs Bachfeld hecha por agencias como AFP, señaló que “en el primer asalto -de los tres pautados- Gamarro tomó el centro del cuadrilátero proponiendo el duelo en la corta y media distancia, Bachfeld fue sorprendido por el ímpetu y la fuerza del venezolano”.
Agrega la agencia francesa que “Aun con la agresividad más nivelada, el venezolano mantuvo la contundencia de sus impactos y el control de la lona en los dos asaltos restantes y cuando sonó el último campanazo, se retiró con absoluta confianza de haber ganado el combate y el oro”.
Campeón del pueblo
Al momento del veredicto, el réferi yugoslavo Busic -cuyo nombre no fue nunca revelado- tomó las manos de ambos peleadores en el centro del tapiz. Cuando la megafonía oficial anunció la decisión dividida (3-2) a favor de Jochen Bachfeld, la reacción fue inmediata: el Forum de Montreal estalló en un abucheo ensordecedor. La afición canadiense e internacional comenzó a arrojar vasos y objetos al cuadrilátero en señal de protesta hacia los jueces.
Gamarro quedó estupefacto, bajando la mirada ante el asombro de su propia esquina. Al bajar del ring, el público de las tribunas se puso de pie para brindarle a Pedro Gamarro una ovación de varios minutos, reconociéndolo unánimemente como el “campeón moral” y verdadero ganador del torneo olímpico.
La prensa internacional en general llegó a calificar el dictamen como “una de las decisiones más polémicas e injustas” e incluso hasta se tomó como elemento inquisidor la situación política con la “Guerra Fría” que, aseguran, influyó en el veredicto final de tres de los cinco jueces.
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