Dicen del tenis que no hay vida más allá del top100, pero lo cierto es que es justo ahí donde se encuentra la realidad de nuestro deporte. Conor Niland se ha encargado de plasmarlo en un libro donde relata cómo fue su tormentosa historia como jugador profesional.
Retirado desde hace catorce temporadas, hoy no muchos aficionados recordarán el nombre de Conor Niland (Birmingham, 1981). Hablamos del mejor tenista irlandés de la historia, alguien que alcanzó el número 129 del ranking como techo y que pisó los cuadros finales de Wimbledon y el US Open como mayor éxito –en ambos perdió en primera ronda–. Quizá no encuentren demasiado atractivo en esta sinopsis, pero las ventas de su autobiografía (The Racket, 2024) dicen todo lo contrario. En España se ha adaptado la obra como ‘Contra las cuerdas’, un titular que es el fiel reflejo del sentimiento que tantas veces acompañó al jugador durante aquella etapa.
Después de leernos el libro y descubrir todo lo que esconde el universo paralelo de los Challengers –donde perder partidos es una anécdota comparado con el dinero que se pierde cada semana– Punto de Break ha tenido acceso a su protagonista para entrevistarle y reflexionar acerca de un circuito que parece diseñado únicamente para que el gran botín se reparta entre los cien mejores. ¿Y qué pasa con el resto? Supervivientes dentro de una jungla sin piedad.
¿Cómo surge la idea de escribir un libro? Lo normal es ver biografías de gente que tuvo muchísimo éxito, ¿pensaste que no se estaba contando la parte real del tenis?
Creo que la gente asume que el tenis profesional empieza cuando estás en el top100, pero la realidad va mucho más allá de eso. Eso es solamente donde empieza la conciencia del público, pero existe un ecosistema completo por debajo de ese nivel lleno de cientos y miles de jugadores que dedican sus vidas al deporte, pero que nunca se convertirán en nombres famosos. Por eso me pareció que era una historia que merecía ser contada, porque esta la experiencia de la mayoría de los profesionales. También lo hice para mostrar que el éxito en el tenis no pertenece únicamente al tipo que gana Wimbledon. También existe en alguien que juega Wimbledon y luego se desvanece o se mantiene vivo.
De algún modo, ¿te resultó terapéutico exponer todos estos recuerdos? ¿Lo necesitabas para pasar página y hacer las paces con el tenis?
Sí, absolutamente. Creo que cuando estás en medio de tu carrera profesional no es fácil reflexionar sobre estos temas. Ahí siempre estás enfocado en el próximo torneo, los próximos puntos que intentarás ganar o los puntos que quieres defender. Todo se enfoca en tu próxima oportunidad. Así que sí, escribir el libro me obligó a recordar y revisar experiencias que quizás no había procesado completamente en el pasado, experiencias que incluso no había entendido. Creo que me ayudó a mirar de vuelta en mi carrera con un poco más de claridad las frustraciones y los éxitos, obteniendo de esta manera un poco de paz. Cuando digo que pensaba cada día en el partido que perdí con Mannarino es verdad, lo recordaba cada día y por eso lo menciono tanto en el libro. Sin embargo, desde que se publicó el libro, ya no lo pienso del mismo modo, ahora lo he convertido en algo positivo.
En tu carrera tomaste muchas decisiones que acabaron marcando tu destino. Si volvieras atrás, ¿cambiarías alguna?
He hablado mucho de la Academia de Bolletieri, aquellas dos semanas en Florida […] Quedarme allí hubiera sido una gran oportunidad, sobre todo para entrenar allí y empaparme de aquella experiencia a tiempo completo. Incluso hubiera podido estudiar al mismo tiempo, mientras aprovechaba la cercanía de los mejores jugadores del mundo y todo el ambiente del lugar. Sin duda es algo que me hubiera ayudado mucho, creo que esta es la única cosa que cambiaría, realmente hubiera marcado la diferencia. En general creo que tomé muchas buenas decisiones, pero esa puede ser una que cambiaría si volviese al pasado.
Varias personas te dijeron que tenías talento para ser top20 o top50. ¿Crees que esos comentarios te ayudaron o acabaron siendo una carga?
En realidad, esta es una anécdota que menciono unas tres veces en el libro, momentos donde la gente me dijo que pensaba que podría ser top20 o top50, pero esa fue la única vez que alguien me dijo eso en toda mi vida (risas). Sonaba muy extraño cada vez que alguien me lo decía, me sorprendía un poco, pero también me daba confianza. Depende siempre de quién lo decía. Obviamente, cuando Pato Álvarez o Wayne Ferreira lo dijeron, eso me dio mucha confianza. No creo que lo sintiera como una expectativa, sino como algo raro […] Quizá no me lo dijeron tantas veces las personas que estaban en el día a día conmigo, eso igual me hubiera ayudado a creer un poco más en mí.
“La ATP existe para organizar torneos, no para cuidar a los jugadores”, escribes en el libro. ¿Qué cosas cambiarías dentro del sistema para cuidar más a ese 99% de jugadores que no son millonarios?
Por supuesto que me gustaría que este deporte fuera económicamente sostenible para los jugadores que están fuera del top100. La brecha que existe entre el top100 y los demás todavía es muy, muy grande. Demasiado grande. Creo que eso está empezando a cambiar, pero es un proceso muy lento. La mayoría de personas ven los millones ganados por el top100, pero la realidad es que el 230º sigue sin ganar lo que tendría estar ganando. Si pudiera cambiar una cosa sería esto, a nivel ATP y a nivel del tenis mundial, pero tendrían que empujar todos juntos para que 300 hombres y 300 mujeres ganaran un buen dinero de este deporte. Eso haría que el tenis se hiciera más fuerte y saludable.
¿Sigues el tenis actual? ¿Crees que este deporte se ha convertido en un negocio o siempre lo fue?
Sigo viendo mucho tenis, sigo involucrado con el equipo de Copa de Irlanda, donde ejerzo de capitán. Desde fuera lo disfruto como aficionado, estuve en Wimbledon unos días este verano. Respecto al negocio, creo que siempre ha sido un negocio. Probablemente ahora sea un poco más visible ahora con todo el tema de los medios y las redes sociales, donde se muestran los aspectos comerciales de todos los jugadores […] No creo que haya cambiado, el fundamento de la ATP siempre ha girado en torno al negocio. Yo creo que siempre estaré liado al tenis, ese sentimiento siempre estará ahí, es algo que no se puede apartar como si nada.
El deporte muchas veces resulta cruel y desagradecido con ciertos atletas. ¿Crees que el tenis te devolvió todo lo que le diste?
Esta es una pregunta difícil […] Probablemente, no. Cuando terminé, definitivamente, si no hubiera jugado Grand Slams, creo que hubiera tenido una sensación real de que el tenis no me había dado lo suficiente. Sin embargo, el hecho de jugar Wimbledon y el US Open significó que, para el resto de mi carrera, podía decir que jugué los mejores torneos, que me enfrenté a Novak Djokovic en la Pista Arthur Ashe. Eso fue genial, no es algo que suceda fácilmente. En ese sentido, el libro me ha ayudado en términos de reclamar alguna recompensa de mi carrera. Incluso todas las experiencias
negativas que tuve, les doy el valor de haberlas vivido y poder contarlas en el libro. Si el libro ha sido un éxito, supongo que esos momentos también me ayudaron a justificar los sacrificios.
¿Cuánto tiempo te llevó asimilar la retirada? ¿Cuánto necesitaste para sentirte orgulloso de tu carrera?
Me sentí en paz inmediatamente, en cuanto terminé. A menudo digo que mi vida se volvió un poco mejor, se volvió más fácil una vez que dejé de jugar, porque el circuito es muy desafiante si tenemos en cuenta todos los viajes, las derrotas, el tiempo fuera de casa o la distancia con tu familia. Cuando me retiré estuve más en casa, pude tener una vida más normal. Sí, he perdido la sensación de jugar en grandes torneos, pero la mayoría de mi carrera se basó en el circuito Challenger, así que tampoco dejé de ingresar un cuantioso salario. Y en términos de orgullo respecto a mi carrera, no creo que haya cambiado. No me siento diferente ahora respecto a cuando terminé, donde ya tenía una buena perspectiva sobre todo lo que había hecho. Clar que pienso que podría haber hecho un poco más, haberlo hecho un poco mejor, pero al mismo tiempo me sentía orgulloso de no haberlo hecho mucho peor.
Mucha gente suele ver a los tenistas que no llegan al top100 como ejemplos de fracaso. ¿En algún momento trasladaste este pensamiento fuera de la pista, a tu vida personal?
Absolutamente. La razón por la que escribí el libro fue para mostrar exactamente cómo es la vida de los jugadores top150, top200 y top250, para enseñar lo bueno que tienes que ser para llegar a ese nivel. En mi caso fue muy difícil, todo el tiempo te juzgas a ti mismo como jugador, por tu ranking. Y cuando no estás en el top100 te empiezan a sentir un fracasado, pero la realidad es que solo hay 100 personas en la Tierra que son mejores que tú en algo. No es un gran número si lo comparas con otros deportes. Yo he luchado mucho con eso, así que resultó una gran motivación tratar de explicar cómo es el circuito por dentro a la gente que no está involucrada con el tenis.
¿El momento más duro para un jugador es cuando pierde la fe?
Para mí, el momento más difícil es cuando el jugador pierde la motivación y el cariño por los errores, cuando estás en la pista y no sientes nada. Así me sentí yo en mis últimos partidos, cuando viajé a Japón y a Singapur con mi padre, tal y como explico al final del libro. En esos partidos no sentía nada cuando jugaba, me sentía vacío, ese fue el momento más difícil. Si lo estás intentando, la confianza puede venir y se puede ir, pero una vez que pierdes ese impacto… ese es el momento más aterrador, es lo más difícil de recuperar.
De las cosas que te faltaron por alcanzar dentro de la élite, ¿qué te hubiera gustado vivir?
La oportunidad de jugar más veces los torneos grandes, jugar en más Grand Slams, por supuesto. No solo por el prestigio, también porque estos eventos representan todo el trabajo duro que has hecho. Tu familia puede estar ahí y experimentarlo contigo. Tus amigos pueden venir y ser parte de algo mucho más grande. Aquí no tengo dudas, pasar más tiempo en esos entornos hubiera sido una recompensa para mí y mi familia. Disputar un par más de Grand Slams hubiera sido genial.
En el libro hablas mucho de Federer. ¿Qué le hace tan especial?
Fue el primero de los tres grandes en aparecer, creo que fue un jugador increíble. Lo primero que me sorprendió cuando lo vi, justo antes de convertirse en una estrella y llegar a su pico en 2003-04, fue lo bien que se movía, además de todo el juego y la fluidez que mostraba, todo en él era especial. También competía muy bien, era muy tranquilo, no te daba nada emocionalmente. Digamos que venía con el paquete completo, incluso ese revés a una mano le hizo ser un poco diferente, más especial si lo comparamos a un Djokovic, Murray o un Nadal. Tenía un juego completo y algunas cualidades muy singulares.
¿Qué necesita Irlanda para sacar un jugador que llegue lejos en el tour?
No hay una sola respuesta con este tema […] Para empezar, creo que ahora tenemos mejores instalaciones, más pistas indoor, más pistas de tierra batida, más financiación para ayudar a los jugadores en el tour, una mejor estructura de torneos para los jóvenes que juegan Tennis Europe e ITF, además de haber sumado más eventos Futures y Challengers dentro del país. Ahora bien, me gustaría ver un evento principal en Irlanda, eso marcaría una gran diferencia en términos de visibilidad y oportunidades para los jugadores.
¿Qué te hubiera gustado que te contaran del tenis antes de ser profesional?
La importancia que tiene el entorno a la hora de entrenar. Como dije antes, estar en IMG o en la Academia Bolletieri hubiera sido muy importante. Pasé mucho tiempo en Irlanda tratando de conseguir buenos golpes y tener acceso a los jugadores. Ahora sé lo importante que resulta el entorno a la hora de entrenar, es algo fundamental desde joven, sería algo que me hubiera gustado cambiar.
Si pudieras volver atrás y hablar con el Conor de 20 años, ¿qué le dirías?
Que disfrute del viaje un poco más. Probablemente pasé mucho tiempo preocupándome del ranking, no siempre supe valorar los países en los que estaba. Así que le diría que disfrute del viaje un poco más.
¿Recuerdas lo que pensabas a esa edad?
¿A los 20 años? Pensaba que iba a jugar en los Grand Slams, pero estoy convencido de que, si hubiera estado más enfocado y menos desesperado con otros temas, podría haber llegado más alto. Esto es un mensaje para todo aquel que esté empezando: disfruten un poco más e intenten creer en ustedes mismos.