Artesanos detrás de los genios


Messi, Mbappé, Harry Kane y Erling Haaland deslumbraron en la primera jornada del Mundial con sus soberbias presentaciones. El incombustible 10 argentino se llevó todos los honores en el debut de la albiceleste con su triplete para igualar al germano Miroslav Klose en la cima de los máximos artilleros mundialistas con 15 tantos; el francés se convirtió en el máximo goleador histórico de su país con 57 conversiones y llegó a 14 celebraciones en apenas dos Copas del Mundo; Kane igualó al legendario Gary Lineker en el tope de los fusileros ingleses en la máxima cita del fútbol con 10 bombazos; y el gigante noruego se convirtió en el primero de la selección vikinga en rubricar dos tantos en un mismo juego mundialista y puso fin a la sequía de Noruega, cuyo último gol databa del Mundial de Francia 1998, firmado por Kjetil Rekdal, cuando Haaland ni siquiera tenía en planes venir a este mundo.

Bravo por esas estadísticas y los fenomenales jugadores que las establecieron, pero hay algo que no dice ninguno de esos números. Detrás de varios de esos goles estuvo el singular aporte de un genial mediocampista que inició la jugada con un pase matemático y preciso para que sus compañeros sacudieran las redes. Retrocedamos, por ejemplo, al inicio de la jugada en la que Messi realizó otra de sus geniales maniobras para abrir el marcador ante Argelia. Todo se inició con la inteligencia táctica del 10 de la albiceleste para ubicarse unos metros por delante de la línea de cuatro zagueros africanos. Pero la cereza del pastel la colocó el mosquetero de Messi en la mitad del campo, Rodrigo de Paul, quien detectó el movimiento, advirtió el espacio disponible que se abrió para Messi y le colocó una delicia de pase raso al botín para que girara y completara otro tanto antológico en una Copa del Mundo.

Senegal y el arquero Mendy consiguieron mantener a raya los intentos de Mbappé. Pero bastó que uno de los más portentosos extremos de la actualidad entrara en escena para desactivar el sistema defensivo de los africanos. Michael Olise fue el autor intelectual del primer golazo de Mbappé. Anticipó la diagonal que tiraría su compañero en un movimiento de ruptura y metió un pase cruzado al espacio para que el goleador recibiera libre de marcas y cruzara el balón con su arte de matador del área.

Detrás del segundo gol de Kane: un tiro de esquina magistral de Declan Rice a la cabeza del bombardero inglés; y en el primero de Haaland, la habilitación al palo lejano de David Wolfe. Son todos ellos los artesanos silenciosos que construyen el juego para que los astros brillen con toda su luz.



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