Como en los viejos tiempos, con aquellas finezas que el mundo admiró, Brasil venció a Japón y le dijo a todos: estoy de vuelta. Porque si revisamos lo que fue el partido, el equipo suramericano dio una lección táctica a los japoneses; le robó la pelota, hizo cambios de posiciones que desconcertaron al rival y consiguió, al final, aquellas heridas por donde sangró sin remedio el escuadrón asiático. Firme, hermético, Japón cerró los senderos a los brasileños; no obstante, había una insistencia, un dale que dale hasta que llegó el gol de Casemiro. Y luego, con los nipones metidos atrás, pero ya sin el orden del comienzo, surgió aquella jugada de trenzas, casi que de orfebre, que dejó el balón en el dominio de Martinelli. Una victoria significativa de un seleccionado poco tomado en cuenta en los cálculos, pero ya ven, el fútbol tiene también sus horas felices. Al menos para Río de Janeiro, para Sao Paulo y todo aquel gigante de idioma portugués. “Brasil, vamos lá…”.
El fútbol de hoy interesa más. Porque este día saltará Francia al campo, y tal vez no habrá Suecia que pueda detenerla. Ese ataque, esas figuras deslumbrantes, ese equipo galo que va directo hacia la gran final. Es una selección muy completa, a la que solo, quizá, solo se le ven grietas en la zona que va desde el mediocampo hasta la defensa. Pero desde ahí, y cuando se posesiona de la pelota, agárrense porque por ahí llegan los franceses. Surge indiscutible, enorme, Kylian Mbappé, el gran jugador del momento y que seguramente irá por su consagración. Junto a él, Ousmane Dembélé, autor de tres goles ante la dura Noruega, y toda la tropa armada de fusiles de largo alcance listos para arrasar a la oposición, así en la trinchera del frente esté el ejército sueco bien armado…
En otro frente de batalla estará México. Una selección considerada modesta para sus niveles históricos, sin jugadores de la gran cosa, venció en sus tres partidos de la ronda primera y hoy se batirá con Ecuador, infeliz duelo latinoamericano en el que uno quedará atascado en los túneles mundialistas. Los mexicanos han hecho un trabajo de conciencia, saben a lo que van y de una buena vez se asoman como firmes candidatos. Pero antes tendrán que roer el hueso de los ecuatorianos, últimamente alzados luego de vencer a la potencia alemana. A México le funciona su mediocampo, y aunque no es una selección abrumadora, un maná de ofensivas y goles, consigue lo que anda buscando: pagar el menor precio posible. A los aztecas les persigue el fatalismo de no poder avanzar en los mundiales desde los cuartos de final; esta vez van en ese camino, y convencidos sus hombres de que la meta ya no está tan lejos.
Nos vemos por ahí.