Eternos campeones, fugaces ilusiones



Eternos campeones, fugaces ilusiones

Uzbekistán ha sido el mejor. Curazao lo ganó todo. Jordania campeón del mundo. A Cabo Verde no lo paró nadie.

El imaginario también marca goles. Hoy monarcas, mañana manos vacías.

No es igual ser campeones que alcanzar el título. El Mundial se encenderá en tres días, y aunque hoy todos añoran vencer, la historia y la lógica dicen que volverá a ganar el que tiene que ganar. Los de siempre, los que han probado el licor divino. Para los demás, un deseo distante, un anhelo en los confines de lo imposible, una añoranza de la quimera.

Brasil, Alemania, Argentina, Francia, Uruguay, España, Inglaterra. De ahí no va a salir. Son ellos los arrebatadores, los dueños del Mundial, los amos de todo. Uzbekistán, Curazao, Jordania, Cabo Verde, pueden esperar. ¿No lo han hecho toda la vida?

Va a ponerse la corona en la cabeza el eterno subcampeón: Países Bajos. ¿Contra quién disputará la gran final? Pues con Portugal. Así dicen por allá, por las casas de apuestas y vaticinadores del Londres imperial. Claro, pocas veces aciertan. No obstante, un científico alemán les da razón: ganará la antigua Holanda de tulipanes y molinos.

Poco extraña la indiferencia de los europeos con América Latina, Bueno, en casi todo. Solo algún desastre natural o un rocambolesco golpe de estado llama la atención en los noticieros. Todo lo de por aquí lo ven como anecdótico, disparatado, a veces como un hecho exótico. Allá no pasará eso. Nunca. Ahí entra el Mundial. Europa domina doce a diez. Veremos esta vez.

Entonces, todos al combate. Que sean cuarenta y ocho selecciones es toda una novedad, un disparadero, balas perdidas en tres países, en tres frentes. Y eso también será una cosa a estrenar. Ahora pensamos en lo extenuante que han ser los viajes desde Canadá a Ciudad de México, o desde Boston a California. Recorridos parecidos ya se vivieron en el Mundial de 1994, en Estados Unidos, pero ahora amenazan ser aún más distantes. Pero será igual para todos, creemos. No queremos pensar que la Fifa, que a veces y cuando le conviene usa bolas calientes, haya favorecido con las sedes a algunas selecciones para que los desplazamientos de jugadores no sean tan tortuosos.

Y a alistarse. Eduardo Galeano, el célebre escritor uruguayo, no se anduvo con chiquitas ni concesiones. Cuando se acercaban los días del Mundial Suráfrica2010, colgó en la puerta de su casa montevideana un cartel que decía así: “Cerrado por fútbol”.

El México-Suráfrica será el kilómetro cero de un campeonato que consumirá su última gota de combustible el 19 de julio, día de la final. Entonces, todo pasará, los seres humanos veremos el Mundial2026 como un sueño, como algo que nunca pasó. Quedará en el lejano pasado, y entonces recordaremos las palabras de un poeta: “Hoy somos fuego, mañana seremos olvido”.

Así es. El 20 de julio dejaremos atrás el fuego. El Mundial solo será olvido.

Nuevas reglas, nada nuevo…

Deporte estático, negado a modificar su rumbo, ahora se empeña en mover sus antiguos cimientos. En el Mundial se van a poner en juego algunas modificaciones, pero con reglas que ya existían.

El arquero no puede pasar de cinco segundos la tenencia de la pelota y con el mismo tiempo los saques de banda, los cambios tienen que hacerse en un minuto. Todo esto estaba escrito, y solo resalta que ahora sea aplicado con rigor.

El fútbol cambiará cuando haya más más osadía, cuando los dueños del tinglado se atrevan a desafiar sus leyes con el saque de banda con el pie, cuando obligue a los futbolistas con tarjeta amarilla a salir del partido por diez minutos, cuando haya, como en el baloncesto, rotación de jugadores.

Esto suena a pensamientos orates, pero es que el fútbol, si no se modifica, podría caer por el precipicio sin fondo del cansancio.

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