Podríamos decir que sin el fútbol de por medio la reivindicación de la mujer en la sociedad no sería completa. En los comienzos se tomaron sus campeonatos como algo curioso, como actos de rebeldía pura, pero de a poco fueron asiéndose a los nuevos tiempos en procura de todas las cosas que pedían paso en el mundo que despertaba y que ha llegado a donde tenía que llegar: el Mundial de Fútbol Femenino comenzó ayer en Australia y Nueva Zelanda, con todo el fragor y el empeño que solo las mujeres podrían ofrecer.
Y vaya con cuánta seriedad se ha tomado el planeta entero la incorporación de ellas a labores que podían verse como atrevimientos impropios y exclusivos para hombres. Pero ya ven, se interesaron, aprendieron, se uniformaron, se metieron en las canchas y ahora son parte del universo del balón y todas sus circunstancias, de sus glorias y sus dolores como actoras de toda la amalgama que el fútbol envuelve…
Habría que ver la cantidad de países que han conseguido en ese fútbol una salida a la inquietud de las muchachas; ya se ven cracks en toda su extensión en ligas competitivas, duras como la de Estados Unidos, China, Japón, Brasil, Noruega, Suecia, Inglaterra y Alemania, y no faltan soñadores que quisieran que algún día hombres y mujeres compitan en equipos mixtos.
La gente que ve en el fútbol varonil actual una pérdida de los valores tradicionales percibe en ellas el renacer del deporte por el deporte mismo, apartado del mercantilismo de la versión masculina en la que todo se vende, todo se compra. En los tradicionalistas ha vuelto la esperanza de ver al fútbol en sus puntos de partida, y a la vez se preguntan, con cierta preocupación: ¿no se convertirá, con el paso de los años, el de las muchachas en otro antipático mercado?…
Venezuela también ha sido rociada por el perfume de mujer, como en la película en la que Al Pacino, con la vista perdida, baila el tango “Por una cabeza”. Por aquí también ha crecido el movimiento del fútbol de mujeres, y además de los torneos locales ya hay participación en diversas competencias internacionales.
Desde los días iniciales en los que Pita Rodríguez, jugadora insigne de aquellos primeros tiempos, años 80 y 90, era admirada como la “mujer atrevida” por su osadía como jugadora bandera del fútbol nacional, hasta ahora, en los que el fútbol de ellas crece, ha llovido y vuelto a escampar.
La Vinotinto femenina no estará en el Mundial que está por arrancar, pero no se puede negar el interés que va levantando entre las chicas y su proyección hacia metas de ambición. Nos vemos por ahí.