Todo buen fanático del beisbol conoce estas frases, “el juego no se acaba hasta que se acaba” y “los jonrones de ayer no ganan los juegos de hoy”, una la dijo Yogui Berra y la otra Babe Ruth. Así que, con todo respeto, son irrefutables, máximas del juego que se deben tener siempre presente. Especialmente un día como hoy, en el que Venezuela enfrenta a Japón, campeón defensor y máximo ganador del Clásico Mundial de Beisbol.
Sí, hay muchos fanáticos que ya dan esa batalla por perdida, quizás porque tienen demasiado fresco el recuerdo de los cuartos de final de la edición pasada, en los que el equipo de Omar López fue eliminado por EEUU. Pero la verdad es que Venezuela también tiene argumentos para soñar con avanzar a semifinales, por primera vez desde 2009.
En efecto la tropa encabezada por Shohei Ohtani terminó invicta la fase de grupos y fue contundente en casi todos los juegos, sí, en casi todos. La verdad es que Korea del Sur y Australia le plantaron cara y estuvieron muy cerca de derrotarlos, mientras que República Checa los pintó de blanco durante siete episodios. Únicamente en el debut fueron arrolladores desde el principio, fabricaron 10 carreras solo en el segundo episodio, cuatro de ellas por un Grand Slam de Ohtani, y terminaron imponiéndose 13-0. En el resto fue muy diferente.
Tuvieron un toma y dame con Korea, que de hecho picó adelante con tres carreras en el primer inning y luego en el octavo, cuando Japón ya ganaba 8-6, desperdiciaron la mejor oportunidad de remontar, dejando las bases llenas. Y en el juego siguiente, ante Australia, que debía ser un rival relativamente fácil, solo pudieron pisar la registradora en cuatro ocasiones, únicamente dieron cinco inatrapables. Seiya Suzuki con un jonrón de dos carreras abrió la cuenta de los nipones en el séptimo episodio, y una entrada más tarde agregaron las otras dos. La producción fue tan baja que en la alta del noveno la visita tuvo la oportunidad de remontar, pero se quedaron cortos al fabricar solo dos carreras.
Con el récord en 3-0 llegaron al duelo ante República Checa, que en definitiva no pudo ganar ningún compromiso, pero volvió a acaparar titulares por ser el “equipo del pueblo”, un conjunto formado por hombres que en realidad se dedican a otras profesiones y en sus tiempos libres disfrutan de la pasión por el beisbol. El pitcheo de ese equipo, liderado ese día por el electricista Ondrej Satoria, pintó de blanco a Japón durante siete entradas. Sí, el compromiso terminó 9-0 producto de un octavo inning en el que todo favoreció a los asiáticos.
Entonces, volvemos a la premisa inicial, ellos no son invencibles. Un equipo como el de Venezuela tiene todo lo necesario para vencerlos. Y, como siempre, la clave está en creérselo y jugar cual ajedrecista, analizando cada movimiento.