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Aryna Sabalenka va a dar sangre, sudor y lágrimas para hacerse con el título de Wimbledon 2025. La número uno del mundo superó el desafío tenístico y mental que le impuso Laura Siegemund. La alemana le desquició y le llevó al límite, pero consiguió escapar a tiempo para meterse en sus segundas semifinales en el grande londinense. La bielorrusa estuvo muy cerca de despedirse del torneo, pero se agarró a la hierba de la Pista Central como una tigresa para llevarse la victoria por 4-6, 6-2, 6-4, tras dos horas y 56 minutos.
Después de una noche triste y aciaga, con la cruel retirada de Grigor Dimitrov, el primer día de los cuartos de final amanecía con un sol de justicia y perfecto para la ocasión. Abrían la Pista Central, la número uno del mundo y principal favorita a hacerse con el título, Aryna Sabalenka, y la gran sorpresa del torneo, Laura Siegemund.
La tenista de 37 años estaba rompiendo todos los pronósticos metiéndose en sus primeros cuartos de final de Grand Slam de su carrera con un juego algo peculiar. Mucha variedad en su repertorio de golpes, sumado a ciertas actitudes que pueden incomodar a las rivales, como tardar más de lo previsto a la hora de servir, gritos prolongados o ciertos gestos. Y esto no lo dice este redactor, lo confirmó la propia jugadora alemana: «Mi manera de jugar molesta a muchas rivales».
Así que tenía muy clara su receta ante la número uno del mundo y en la previa Sabalenka aceptó el reto: «Sí, es molesto. Pero me he enfrentado a muchas jugadoras complicadas. Creo que para mí, personalmente, lo principal es no precipitarme y no frustrarme por su juego, y centrarme en mí misma».
Siegemund aplicó su plan a la perfección
Sin embargo, no se lo aplicó en el inicio del partido. Siegemund salió con todo, muy agresiva al resto y dejando sin respuesta a la bielorrusa, que no terminaba de encontrar soluciones al desafío que le había plantado la veterana tenista. El plan le funcionó a la alemana porque se colocaba 3-0.
Mientras que Sabalenka no cumplió con su promesa porque se desquiciaba con cada punto que perdía y se maldecía por no ser capaz de hincarle el diente a Siegemund que seguía a lo suyo. Tanto que se hacía con el primer parcial por 6-4.
No le quedaba otra a la número uno que salir del atolladero si no quería ver como su «sueño» de levantar el título en Londres se esfumaba de nuevo. Así que se puso las pilas y rompía el servicio de la alemana para colocarse 2-0, pero Siegemund seguía erre que erre con su tenis y triquiñuelas, que poco a poco empezaban a impacientar a la de Minsk, como el tiempo que se tomaba entre saque y saque.
Pero supo controlarse la número uno del mundo y sacaba adelante un disputado y entretenido segundo set (6-2) para llevar el duelo a la manga definitiva en un partido que estaba siendo completamente impredecible.
Un tercer set que fue una batalla
El marcador del segundo set no reflejaba el sufrimiento que tenía en Sabalenka en la pista. Los restos y golpes profundos de Siegemund no le dejaban estar cómoda ni dominar los intercambios y en el tercer parcial cualquier mínimo erros se podía pagar muy caro. Golpeaba primero la alemana y se colocaba 3-1, las alarmas empezaban a sonar en la Pista Central porque la número uno estaba en peligro.
Pero si es la reina del circuito es por no descolgarse nunca del partido por muy complicado que se lo estuviera poniendo la germana. Pero, además de la encrucijada en la que le había metido Siegemund, el tenis de la de Minsk estaba siendo muy deficiente y cedía su servicio en un momento clave, el séptimo juego.
Cada punto era una guerra de gritos, intensidad y variedad de golpes, tuvo la oportunidad la alemana para colocar el 5-3, pero Sabalenka iba a morir en la pista con tal de llevarse la victoria. Igualaba 4-4 y la tensión se respiraba en el ambiente.
Pero la número uno del mundo dijo ‘basta’. Hasta aquí el juego mental y tenístico de Siegemund y se llevaba el duelo (4-6, 6-2, 6-4) después de uno de los mejores partidos de esta edición de Wimbledon. La tigresa de Minsk rugió en La Catedral del tenis. Ella lo sabe: es su año en Londres y va a morir por ello.