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Joao Fonseca consiguió salir victorioso de un encuentro memorable en tercera ronda de Roland Garros 2026, en el que Novak Djokovic exploró sus límites para sostener el desafío del brasileño, pero no pudo. Comenzó el serbio siendo superior, pero vio cómo el joven brasileño le remontaba para ganar por 4-6 4-6 6-3 7-5 7-5.
Expectación máxima es lo que se respiraba en Roland Garros 2026 con uno de esos duelos generacionales que podrían recordarse durante mucho tiempo. La mayor leyenda del tenis mundial se enfrentaba a una estrella en ciernes y lo visto no ha defraudado a nadie. Novak Djokovic y Joao Fonseca ofrecieron un sublime espectáculo en un partido de tercera ronda que se antoja vital para el devenir del torneo y que puede marcar la suerte de ambos en próximos tiempos.
Así fue el partido del año entre Djokovic y Fonseca en Roland Garros 2026
Medirse al mejor tenista de todos los tiempos en la Philippe Chatrier debe generar una oleada de sensaciones difícil de dominar. Es lo que pareció sucederle a Fonseca en los compases iniciales del primer set, ofreciendo una versión muy lejana de la esperable durante seis juegos. Viéndose 1-5 abajo, el brasileño soltó el brazo y empezó a carburar, pero no iba a permitir Novak que se le escapara esa ventaja. Con un buen rendimiento al servicio y gran inteligencia táctica para dominar los arrebatos del potro desbocado que era Joao, se hizo con el set.
Todo se ordenó y sosesó en la segunda manga. Fonseca tenía claro que necesitaba un extra de energía y ese plus de confianza que le dan las grandes jugadas, pero Djokovic conseguía adormecer el encuentro con su equilibrio y consistencia de fondo de pista. El balcánico apenas cometía errores, encontraba el revés del brasileño y no le dejaba invertirse para dominar con su drive. No obstante, Joao se las apañaba para ir mejorando su rendimiento y llevar igualado el encuentro. Un solo break decantó la balanza del lado de un Novak que estaba haciendo un esfuerzo supremo para sofocar la rebelión juvenil del carioca.
El despertar de esa lavadora en centrifugación que es Fonseca cuando encuentra su momentum, se dio ya en los compases iniciales del tercer parcial. Encontró el break antes que el buen juego, aprovechando una cierta relajación de Djokovic y unos coletazos letales por su parte. Pero una vez se vio por encima en el marcador, soltó el brazo y empezó a repartir mandobles a diestro y siniestro, pero también con orden táctico y buena selección de tiros.
Fonseca emergió con fuerza a partir del tercer set, pero Djokovic sostuvo la batalla
Aguantó el chaparrón el serbio, hasta que en el noveno juego, con 3-5 para el brasileño, se acogió a sus intangibles de leyenda y al presumible miedo a cerrar el set por parte del joven Joao para efectuar el break. Estuvo cerca de hacerlo, pero Fonseca remó de fondo de pista, asumió riesgos y encontró golpes inverosímiles. Fue un golpe sobre la mesa y un aviso a Novak de que estaba ante un tenista al que no podría dominar cuando y como quisiera.

Había cambiado el panorama por completo y el cuarto set se antojaba una prueba de fuego para ambos. Se veía menos fresco de piernas a Novak, quien sufría con atinados cambios de altura por parte de su rival y parecía estar desconcertado al ver que no se estaba jugando a lo que él deseaba, que no era él quien dictaba el ritmo del encuentro. La pista estaba muy seca, la bola picaba alto y los tiros de Joao adquirían un peso endemoniado que era difícil de responder hasta para el balcánico.
Golpeó primero Fonseca con un break de salida, pero pronto halló Djokovic un buen ritmo de pelota desde el resto, que le permitió recuperar esa desventaja. El espectáculo y la batalla se desataron por completo en un agónico noveno juego, en el que el serbio salvó varias bolas de rotura que parecían ser el vehículo que conduciría el encuentro al set definitivo. Su ejercicio de escapismo tuvo todos los ingredientes que explican su grandeza y sumieron a Joao en un desasosiego e incomprensión difíciles de asumir. Pero lo hizo.
En una demostración sin igual de carácter y garra competitiva, el brasileño no solo mantuvo el pulso con su servicio, sino que logró una memorable rotura de saque en el undécimo juego, después de conectar tiros ganadores tanto de derecha como de revés, lamer las líneas de la pista con sus tiros vertiginosos y sacar de quicio a Djokovic, que se veía desplazado del fondo de pista. Cerró el parcial con una solvencia que solo los más grandes pueden tener a esa edad y condujo el encuentro al territorio de la épica.
Djokovic no tiene nada que reprocharse a pesar de la derrota
La fatiga era palpable en Djokovic desde el arranque de la quinta manga. Jadeos constantes, amagos de vómito, rostro desencajado y rictus de estar exhausto. El esfuerzo del serbio era ímprobo para mantener el pulso físico a un Fonseca completamente desatado. La experiencia del balcánico le reportó la ventaja de un break tras un despiste del brasileño, pero este se repuso pronto para equilibrar el marcador.
El espectáculo era sublime, como si hubiera una máquina del tiempo instalada en la Philippe Chatrier dándose cita lo mejor de dos épocas confluyentes por un milagro de la vida. Lo sucedido en el séptimo juego sintetiza bien la magia del encuentro, con un Joao que embistió sin piedad, se situó 0-30, pero vio cómo el lobo de Belgrado emergía con fiereza para mantener su servicio.

Desafíos que iban y venían, puntos memorables que se grababan a fuego en el disco dura de la memoria colectiva del tenis y que emergerán durante mucho tiempo, constituyendo este un partido sencillamente inolvidable. El duelo excedía toda táctica, se jugaba con el corazón, se trazaban trayectorias imposibles, se movían las piernas por inercia y el alma era quien golpeaba a la bola, no la raqueta.
Se destapó el tarro de las esencias de manera definitiva en el undécimo juego, cuando Fonseca hizo magia, en mayúsculas, situándose con un 0-40 más que prometedor. Sumó los dos siguientes puntos Novak con una demostración de inteligencia, pero Joao restó largo de revés, trabajó el punto y lo cerró con una dejada tan sutil como precisa, que le situó a las puertas de la gloria.
Saque para ganar un partido apoteósico. Los nervios iban a aflorar, era inevitable y vaya si lo hicieron. Cometió tres errores de drive el brasileño, parecía que Novak iba a sobrevivir, pero conectó tres saques directo. Sí, tres saques directos. Ver para creer. No hay mejor manera para demostrar que es un talento generacional y que su momento es ahora. Honores eternos a Novak Djokovic y bienvenido a la era triunfal de Joao Fonseca, una estrella en ciernes que ya brilla.