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Afirmaba Carlos Alcaraz en su carta de despedida que, si había algún momento ideal para finalizar su trabajo junto a Juan Carlos Ferrero, éste lo era. El murciano, rey indiscutible del circuito ATP, tras firmar su mejor temporada hasta la fecha y mostrando una palpable evolución en sus lagunas de antaño; el de Ontinyent, dosificando más que nunca sus semanas de trabajo y habiendo allanado el camino a un posible sucesor.
Nunca existen los finales perfectos cuando el camino nos hizo tan felices. Más allá de lo que piense Carlos, la sensación es que esta historia aún tenía muchos capítulos pendientes. Sí, Alcaraz pone distancia en lo más alto, pero todavía inmerso en una rivalidad histórica que promete desafiarle y obligarle a evolucionar de manera constante, mientras que Juan Carlos Ferrero ni tan siquiera ha «cumplido» la marca que un día verbalizó: diez años junto al murciano. Nos quedamos en algo más de siete temporadas de alegrías que, eso sí, vivieron erosión en algunos instantes, aunque jamás hasta un punto en el que la ruptura fuese algo esperable.
La cronología de la relación se remonta hacia el año 2018, la temporada en la que Carlos pasa a formar parte de la Academia Equelite. No era un extraño para Juanki, ni mucho menos: su agente, Albert Molina, ya había introducido a aquel prometedor chaval a la leyenda de Ontinyent, que le había visto jugar de forma ocasional desde los 12 años. ¿El veredicto? Impresionado por lo que podía albergar su futuro. Era pronto aún, eso sí, como para tomar las riendas de aquella perla (a pesar de los cantos de sirena de Molina); la oportunidad surgió tras el final de su binomio con Alexander Zverev, marcado por unas importantes desavenencias internas que llevaron a Juan Carlos a buscar un desafío completamente distinto.

Ferrero moldeó al Alcaraz más competitivo, pasando por episodios que reflejan su relación casi paternal
Carlos pasó a estar al servicio de una Academia Equelite que comenzó un proceso de transformación integral hasta lo que es hoy día, un tenista de bandera. Rodeado de los mejores profesionales, Juan Carlos comenzó a viajar junto al murciano en un 2019 en el que le llevó a lugares y experiencias que jamás olvidará, como aquel entrenamiento en Wimbledon junto a Roger Federer. «Puedes pelotear fuerte con él, es capaz de aguantarlo», le comentaba el alicantino a Roger, una anécdota que mostraba ya la total confianza en las habilidades de su pupilo, todavía en aquel momento junior.
Mientras Alcaraz asomaba la cabeza en el circuito profesional y daba visos de su tremenda proyección, Ferrero desarrollaba un vínculo de cariño y amistad que no se despegaría con el tiempo. A nivel personal, recuerdo perfectamente cómo, tras acercarme y preguntar acerca de una posible charla con él durante la disputa de la Copa Sevilla 2019 (Carlitos apenas tenía 16 años y en aquel torneo llegaría a sus primeros cuartos de final de Challenger), su respuesta fue clara: «El protagonista y con quien debes hablar es con él, créeme. Él es el bueno». En los mentideros se empezaba a hablar de Carlos Alcaraz, pero nadie jamás tuvo tanta fé en él como su entrenador.
Y los éxitos comenzaron a llegar, claro. Ni el COVID pudo parar a un chaval de El Palmar que se convertía en un huracán cada vez que pisaba la pista. Primera victoria ATP en Rio de Janeiro, derrotando a Albert Ramos todavía con 16 tacos; primer título ATP en Umag, con 18 años, en un verano de 2021 que jamás olvidará y que serviría de precuela de su eclosión a nivel mundial, su primer fogonazo de luz en aquel inolvidable US Open en el que tumbó a Tsitsipas en la Arthur Ashe y llegó a los cuartos de final. Con Ferrero como faro, Alcaraz ya demostraba de qué pasta estaba hecho.
Aún así, quizás pocos episodios nos pongan la piel de gallina como el de Miami 2022. Hablar de éxitos en esta dupla nos lleva directamente al Hard Rock Stadium, en la que posiblemente sea una de las semanas más emocionantes del camino de ambos. Juan Carlos no había acudido a aquel torneo: la semana anterior había fallecido su padre, Eduardo, tras una larga enfermedad. Mientras se recuperaba y vivía días tristes en su tierra, Alcaraz zigzagueaba a sus oponentes con la agilidad de una gacela. Tras uno de esos partidos, el murciano, consciente de los duros momentos por los que pasaba su mentor, firmó a cámara con un emotivo mensaje: «Va por ti, Juanki».
El día antes de la final, la primera final de Masters 1000 de Carlos, un rostro conocido iluminó el hall del hotel. Alcaraz, avisado, saltó como un resorte para ir a abrazar a su entrenador y guía. Ferrero se desplazó a Miami ante la importancia y emoción de la cita, dejando atrás su momento personal y formando parte del box cuando su pupilo derrotó a Casper Ruud y se convirtió en el ganador más joven de la historia del Miami Open. La imagen posterior a la consecución del título, con ambos fundiéndose en un abrazo y Juan Carlos entre lágrimas, reforzó un vínculo que parecía absolutamente irrompible… y emocionó a aficionados y allegados.
«Va por Juanki» – @carlosalcaraz 🥹
Their first of many Masters 1000 wins together 🤝 pic.twitter.com/W8v9VMMo1F
— Miami Open (@MiamiOpen) December 17, 2025
Las primeras grietas, el éxito más absoluto y la llegada de Samuel López para delegar funciones
Aquel inicio de 2022 desató la versión más terrorífica de Alcaraz. Mientras Juan Carlos defendía que la mejor versión del murciano todavía estaba por llegar, Carlitos tomaba con puño de hierro el mando del circuito ATP, conquistando su primer Grand Slam en Nueva York y dando continuidad a aquel sueño con la consecución de Wimbledon en 2023. Su victoria ante Novak Djokovic fue un antes y un después, la validación de más de cinco años de trabajo duro e intenso: aquel proyecto al que Juanki había dado prioridad por encima de nombres como Dominic Thiem, Simona Halep o Juan Martín del Potro, había alcanzado las mayores cotas de este deporte y le había dado la razón.

A finales de aquel 2023, sin embargo, llegaron las primeras desavenencias y choques. Tras la derrota ante el propio Novak en las ATP Finals, Juan Carlos, insatisfecho con el final de temporada de su pupilo, le pidió, sin pelos en la lengua, una mayor profesionalidad de cara a próximas temporadas, remarcando que el año no finaliza en septiembre, y que tocaba ponerse el mono de trabajo también en la gira indoor.
Fueron palabras que, quizás, no sentaron del todo bien en el entorno de Alcaraz. Pasaron los meses y años y el 2024 fue satisfactorio, pero vio cómo Carlitos involucraba más en su equipo a nombres de su tierra, de Murcia, y aumentaba el tiempo que pasaba en las pistas de su club (ahora Academia Alcaraz) en lugar de en Villena. La erosión propia del tiempo y el desgaste de la relación pidió a Juan Carlos tocar alguna tecla: se nombró a Samuel López, gran amigo y miembro capital de su Academia, segundo entrenador del murciano, dando a Ferrero tiempo y espacio y generando una dinámica de semanas alternas acompañando a Carlos.

Las mayores críticas llegaron después de la catastrófica derrota ante Goffin, en Miami… pero ahí, tras la emisión de un documental que mostraba, quizás, ciertas diferencias en metodología y personalidad entre Juanki y Carlos, volvió a aparecer la mejor versión del murciano. Como si quisiera demostrar que a su manera, y siempre con su mentor tenístico al lado, también valía. Los últimos seis meses, mostrando una madurez como jugador y persona encomiable y deleitando al público con la versión más solvente que jamás hayamos visto de Carlos Alcaraz, parecían reforzar el vínculo entre ambos, demostrando que también a las maduras y tras los pequeños baches propios de una relación tan larga, este binomio iba a seguir funcionando… hasta hoy.
Solo el futuro aclarará razones y motivos de una ruptura que ha sacudido al mundo del tenis. Los hechos y números hablan por sí solos: 24 títulos ATP, 6 títulos de Grand Slam, 50 semanas como número uno del mundo e ídolo de masas de un deporte que necesitaba la frescura y savia nueva que ha traído Carlos. Pocas personas más responsables de dichas cifras que quien le ha guiado y aconsejado por el camino, ejerciendo de entrenador… pero también de amigo. ¿Será el final o solo un punto y aparte? Nunca digan nunca.