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Pongámonos en situación. Pero antes, y para que no haya malentendidos, quiero dejar muy clara la pregunta. No se trata de decidir quién es el GOAT, que, por ahora y por pura estadística, habría que otorgárselo a Novak Djokovic. Ni tampoco quién es el GOAT en hierba, que está claro que recaería en Roger Federer con sus 8 coronas en Wimbledon, 10 en Halle y una más en Stuttgart. Respecto a quién es el GOAT en tierra, en fin, aquí no hay nada que discutir.
Tampoco va de si Carlos Alcaraz será capaz de desbancar a ‘Nole’ de su puesto como GOAT supremo y monarca de Australia, a Roger como Rey de la Hierba o a Rafa Nadal como Dios de la Arcilla… Yo creo que sí a lo de GOAT, ya lo creía hace cuatro años, pero la respuesta definitiva solo la dará el tiempo.
Repito, la pregunta es única y exclusivamente enfocada a: ¿ganaría el actual Carlos Alcaraz al Big 3 en su “prime”, en su momento álgido, sin meternos en otro tipo de especulaciones?
Para empezar a responderla, definamos en primer lugar en qué momento de sus respectivas carreras cada miembro del Big 3 estuvo en su prime, en el momento perfecto para enfrentarlos contra Carlitos.
El ‘prime’ de cada miembro del Big3
Hablemos de Roger Federer, el Roger Federer de Wimbledon 2006. Con 24 años, en su zenit físico, el maestro suizo conquistaba por cuarta vez consecutiva La Catedral con un juego absolutamente dominante, un tenis que fue definido como “la perfección sobre hierba”. Y sí, aunque no tuvo que enfrentarse en su recorrido a grandes futuros colegas del Big Four, dejó fuera a jugadores muy peligrosos en hierba como el héroe local Tim Henman, Mario Ancic —un formidable talento croata al que una grave mononucleosis dejó a todos los aficionados preguntándose cuál hubiera sido su techo— o, en semifinales, al veterano Jonas Björkman, un tipo que aunque es más recordado por su trayectoria en dobles, no olvidemos que fue Nº4 del mundo, endosándole un 6-2, 6-0, 6-2 en algo menos de una hora.
Se plantó en la final sin perder un solo set y, una vez en ella, después de meterle un 6-0 a Rafa Nadal, se colocaba 2 sets arriba con un 7-6 en el segundo y, por fin, cedía la primera manga del torneo por 6-7 para acabar rematando la faena con un claro 6-3.
Un año sin parangón, con 92 victorias y solo 5 derrotas, en el que Federer mantuvo el Nº1 del ranking que obtuvo el 2 de febrero de 2004 y que formó parte de los 237 lunes consecutivos en los que su nombre apareció en lo más alto de la lista.
O del Novak Djokovic del Open de Australia 2015, el Grand Slam en el que la leyenda serbia completó su actuación más soberbia, culminando su recorrido en la final ante Andy Murray —que, si bien le arrebató un set (7-6(5), 6-7(4), 6-3, 6-0)—, cerró con un 6-0 brutal en el último, la primera vez en la historia del AO que una final masculina terminaba así, ganando 36 de los últimos 49 puntos disputados.
Un quinto título australiano ganado con 27 años que fue el anticipo de una temporada soberbia, en la que ganó dos majors más (Wimbledon y el US Open), seis Masters 1000, alcanzó dieciséis finales consecutivas y, con 82 victorias y solo 6 derrotas, fue el Nº1 indiscutible durante 52 semanas, alcanzando un récord histórico de puntos ATP de 16.950 que muchos consideran inalcanzable. ¡Brutal!

Y por supuesto queda por entrar en la discusión Rafa Nadal. Y quizá el año en el que el balear alcanzó su cima tenística fue 2010. En esa temporada, el de Manacor ganó tres Grand Slams (Roland Garros, Wimbledon y US Open), completando el Career Grand Slam y terminando como Nº1 del mundo con un récord de 71-10 (87.7% de victorias), incluyendo 7 títulos en total.
En tierra, ¿qué podemos decir? Invicto en toda la temporada europea (22-0), barrió en Montecarlo, Roma y Madrid (el triplete que solo él ha logrado), y luego Roland Garros sin perder un solo set. Y aunque el título de 2008 en la tierra parisina quizá fuese más dominante, el cómputo del 2010 —la temporada invicta en tierra y, quizá, una mayor madurez con 24 años, aunque, en fin, creo que Nadal ‘nació’ mentalmente maduro y dos años más o menos no van a marcar diferencias sobre su grado de madurez…— hace que elijamos ese año y ese Roland Garros para enfrentarlo al actual Alcaraz.
Y este es el Fenómeno de El Palmar contra el que se enfrentarían: el actual, un Carlos Alcaraz que en 2025 completó el mejor año de su corta y apabullante carrera y que en 2026 ha empezado el año a lo grande, derrotando a Djokovic en el Open de Australia, en “su torneo”.
Así, estaríamos hablando de un tipo que ha ganado tres de los últimos cuatro Grand Slams disputados, que concluyó el año como Nº1 y que obtuvo un récord de 71-9 (aprox. 88.75% de efectividad), desplegando un nivel de juego que muchos grandes del tenis como John McEnroe, Martina Navratilova, Mats Wilander o Andre Agassi consideran el mejor que se haya visto sobre una pista de tenis.
Llegó el momento de responder a la pregunta del millón, sabiendo que nunca jamás tendremos la respuesta con certeza al 100% y que ni la IA más avanzada podrá darnos algo más que una hipótesis que nunca podrá ser confirmada y que solo el Dios del Tenis —el mismo que nos ha mandado, a mi modo de ver, a los tres Evangelistas y luego al Mesías, en su omnisciencia— podría revelarnos.
Mi respuesta, propia y absolutamente personal, es que Alcaraz ganaría dos de los tres partidos propuestos.
Los tres partidos soñados por el aficionado de tenis
Empecemos por la sagrada tierra londinense. Posiblemente veríamos el partido con más talento sobre la pista de la historia, pero me decanto por Alcaraz, por puro tenis. Así, dos décadas de evolución en velocidad de bola de su lado, unidas a la combinación excepcional de derecha liftada imparable, capacidad atlética extrema y un talento, una mano capaz de jugar de tú a tú con el maestro suizo, acabarían decantando la balanza para Alcaraz.

Repito: por puro tenis, por pura calidad tenística… lo cual, a los fans acérrimos de Federer, les sonará a herejía: “¿¿Cómo te atreves a decir que alguien tiene más talento que Roger??”.
Tienen razón, en talento están muy parejos, pero el murciano aporta otras armas a la batalla que, desgraciadamente para los “federerianos”, le darían la ventaja final.
Nos vamos a las antípodas. Allí, en la Rod Laver Arena, el GOAT, el mejor jugador a la contra de la historia, capaz de restar como nadie, de convertir la defensa en ataque de una forma que nadie ha conseguido, el hombre que viniendo de atrás llegó a lo más alto, caería también ante la bestia murciana.
Porque de nuevo el concepto de tenis puro jugaría en favor de Carlitos. Veríamos un partido de locura, un duelo “caprino” que nos dejaría un despliegue de tenis brutal, demencial… pero la velocidad de bola “alcaraziana”, su capacidad de responder a las contras del serbio, su dejada letal y una cabeza que ya puso de manifiesto ganando al serbio en dos finales previas en Wimbledon con 20 y 21 años, sentenciarían a la leyenda balcánica.
Ya lo vimos en el pasado AO, aunque reconozco lo que dirán, con mucha razón, los “serbinators”: “el Djokovic de 2026 tiene once años más y venía de dejarse la vida ante Sinner”.
Ante esta fundada crítica, mi respuesta es que el nivel actual de Nole respecto al 2015, salvando la capacidad de recuperación física, es muy similar, y el grado de “retorcimiento de colmillo” —una de sus bazas ante el tenis superior de Carlitos— es sin duda mayor en la actualidad.
En cambio, con Rafa Nadal el tema es otra historia. Sobre la arcilla de la Philippe Chatrier ya no estaríamos hablando de puro tenis, de velocidad de bola o de recursos. Aquí es otra cosa.
Por supuesto que la derecha de Rafa castigaría el revés de Carlos, por supuesto que las mágicas dejadas de Carlos machacarían las piernas de Rafa… Pero aquí no es un tema de tenis, de física newtoniana. Rafa Nadal llevaba los partidos al terreno de la metafísica, a un territorio en el que entraban en juego otras cosas, con la voluntad de ganar como factor decisivo.

Por cierto, en ningún momento estoy dudando de esa voluntad por parte de Carlos (ni de Roger, ni de Nole), pero Don Rafael Nadal Parera era un paso más: la Voluntad de Ganar elevada a la máxima potencia.
Me explico. Roger y Novak cuando ganaban “eran mejores”. Carlos Alcaraz cuando gana es porque “es mejor”. En cuanto a Rafa, no necesitaba “ser el mejor” para ganar. De hecho, batió a los mejores cuando eran mejores, como en la icónica final de Wimbledon 2008 batiendo 6-4, 6-4, 6-7(5), 6-7(8), 9-7 a un Roger Federer que, como número 1 del mundo, venía de ganar cinco títulos seguidos sobre esa misma pista. O como en sus dos inolvidables victorias en Roland Garros ante Djokovic en 2020 y 2022 cuando estaba claro que el serbio era el número uno indiscutible… y era mejor que el balear.
La primera, el año del Covid, en un Roland Garros celebrado en otoño, con unas nuevas bolas más pesadas, lo que significaba unas condiciones adversas para un Rafa que siempre prefería jugar con sol y calor ante el serbio para que su liftado hiciese daño a los golpes planos de su rival. Aun así, con una salida demoledora y con una resistencia nadaliana en el tercer set que paró la peligrosísima reacción de un rival herido, pero no muerto, consiguió sacar adelante el partido por un inaudito 6-0, 6-2, 7-5 en 2 horas y 41 minutos.
La segunda, en un 2022 en el que un Nadal Nº5 del mundo se enfrentaba en cuartos de final a un todopoderoso Djokovic que el año anterior le había derrotado en la final y consumado su venganza del 2020 y al que las casas de apuestas daban como claro favorito.
Aquí, otra vez el Mejor Competidor de la Historia del Tenis, rompía todos los pronósticos y derrotaba ya pasada la medianoche a la lógica, a la física, a las casas de apuestas y al número 1 tras cuatro horas de lucha, sufrimiento y voluntades de ganar enfrentadas.
Esta es la clave, por esto creo que Nadal ganaría ese enfrentamiento apoteósico. NO es un tema de tenis puro, en el cual mi apuesta sería para Alcaraz. Es un tema de corazón, de voluntad, de espíritu ganador. Y aquí, sin negar en ningún momento que Alcaraz tiene dichas cualidades en grado superlativo, Nadal es superior.

En ese apartado, la mejor piedra de toque entre ambos fue la icónica semifinal de Indian Wells en 2022, una semifinal épica, con un viento huracanado, entre un Nadal que venía de hacer, una vez más, lo imposible ante Daniel Medvedev en la final del Australian Open y un Carlitos Alcaraz que ese mismo año ganaría su primer grande, que cayó del lado del balear por pura fuerza de voluntad (y dicho sea de paso, me hizo perder unas gambas que había apostado por Carlitos).
¿Es mejor Carlos Alcaraz que las mejores versiones del Big3?
Para terminar, dejémoslo claro. Alcaraz es el tipo que mejor ha jugado al tenis en la historia y ganaría los duelos planteados ante Federer y Djokovic… pero sucumbiría en la tierra parisina ante el Rafa Nadal de 2010. Y este es el momento de recordar —me encantan estas analogías con otros deportes y otras épocas— la sentencia del legendario entrenador de los Ángeles Lakers ochenteros, Pat Riley:
“Si tuviera que elegir a un jugador para tirar un tiro que salve el partido, elegiría a Michael Jordan. Si tuviera que elegir a un jugador para tirar un tiro que salve mi vida, elegiría a Larry Bird”
Pues eso. Si yo tuviese que elegir a un jugador para ganar cualquier Grand Slam, elegiría a Carlos Alcaraz, pero, si de esa victoria dependiese mi vida, elegiría a Don Rafael Nadal Parera.
- Texto escrito por Pablo Carabias, director de torneos de tenis, entrenador nacional y apasionado del deporte USA.
