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Siempre que se retira una leyenda, su país de origen tiende a hacerse la misma pregunta: ¿y ahora qué? Mal presagio si la pregunta se articula justo en ese momento y no durante su trayectoria, que es cuando realmente hay que potencia el tenis base para darle una continuidad al flamante líder. El caso de Andy Murray con Escocia podría ser el mayor ejemplo de la época moderna, el caso de un jugador que toca el cielo en su disciplina sin provocar un efecto dominó en su nación. La situación es tan dramática que lo peor es ver cómo ni siquiera se hizo el intento de mover una sola ficha.
Judy Murray, madre de dos números 1 del mundo, se ha encargado de denunciar esta ausencia de búsqueda a través de una entrevista con The Herald, donde apunta al corazón de varias federaciones que dejaron morir un proyecto del pasado por falta de interés. ¿Y por qué actuaron así? Además del mencionado desinterés, seguramente pensaran que la sola existencia de Andy Murray serviría para crear otros futuros campeones, pero ahí tenemos el ejemplo de Suecia y la completa desaparición del mapa tenístico.
“En su momento, tanto la asociación deportiva de Escocia como al Lawn Tennis Association me animaron a llevar a cabo el proyecto de un centro nacional que tuviera relevancia a todos los niveles”, explica la británica en la charla. “Tendría que haberles dicho que no necesitaba nada de eso, que solamente quería un lugar donde trabajar y desarrollar a otros entrenadores y jugadores. Mi objetivo era crear una gran comunidad, abierta a todo el mundo. Al final, todo nos llevó demasiado tiempo, se hizo muy grandes proyecto, por lo que los costos aumentaron. El COVID y el Brexit terminaron golpeándonos muy duro, además de todos los desafíos extras que estaban suponiendo un retraso en la planificación”, subraya con dolor.
“Me pregunto cómo pudo ser tan difícil construir algo que es inherentemente bueno. Lo habíamos establecido como una organización benéfica, por lo que no tenía ningún valor comercial para nosotros. Me esperé mucho para tratar de llegar hasta donde lo hicimos pero, cuando los costos de construcción comenzaron a aumentar fue cuando realmente vimos la necesidad de que todas las partes implicadas tuvieran un compromiso absoluto para dar un paso adelante y ayudarnos a llenar ese vacío. Algo que, tristemente, no sucedió”, añade Judy, quien tenía plena confianza en ver este proyecto hacerse realidad.
“Teníamos hasta el permiso de planificación listo, estábamos esperando ese mismo permiso a nivel detallado. Llegó un momento donde pensé: ‘Llevo haciendo esto durante 12 años, he gastado una fortuna, estoy absolutamente agotada y no estoy recibiendo el apoyo de ninguno de aquellos responsables que tanto le prometieron al tenis y al deporte en Escocia’. Todo era apatía, falta de cooperación y demasiados obstáculos. Al final parecía que lo que hacíamos era molestar, por lo que empezaron a a ponernos el camino cada día más complicado”, critica sin pelos en la lengua.
UNA MISIÓN POR RESOLVER
Al final, los años pasaron y Andy Murray colgó la raqueta, dejando pasar una oportunidad histórica para potenciar el tenis base en Escocia. ¿Recuerdan lo que sucedió en Australia con Lleyton Hewitt? Ellos también se confiaron al contar con un líder mundial, también tardaron en darse cuenta que hacía falta invertir más que nunca para no apagar la mecha que aquel muchacho de Adelaida había vuelto a prender tantos años después. Nada ver con una ciudad como Dunblane y un país que actualmente no cuenta con ningún jugador profesional en el ranking ATP.
“Pasé la mayor parte de mi vida adulta ejerciendo de voluntaria en nuestro club para que el tenis creciera en Escocia, así que supone una gran decepción personal ver que no lo he conseguido. En realidad, construir algo así debería ser una misión del Gobierno escocés y el órgano rector del deporte. Las instalaciones por sí solas no pueden hacer el trabajo, se necesitan entrenadores que tengan la visión, la ambición, la pasión y el compromiso para desarrollar jugadores de primer nivel”, asegura una Judy que se encargó de formar personalmente a sus dos hijos, hasta llevarlos a lo más alto de la pirámide.
“No tengo ninguna confianza en Tennis Scotland, por eso que no me involucré más aquí. Incluso en el décimo aniversario de Andy ganando Wimbledon no hicieron nada, ni siquiera cuando se retiró. Nunca trataron de celebrar sus logros, tuvieron una oportunidad de oro para impulsar el tenis y dejaron caer la pelota. No es que tuvieran que encontrar otro Andy, sino multiplicar el deporte comunitario, convertir a los niños en campeones”, afirma la entrenadora desde la decepción más profunda. “Todavía no sé cómo mis hijos se convirtieron en campeones, pero son todo un ejemplo de que llegar hasta ahí es posible. Son dos grandes ejemplos y es una pena que no se haya aprovechado toda nuestra experiencia de estos últimos 30 años. Yo ya hice mi parte, ahora depende de una generación más joven dar el paso adelante”, concluye.