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🎾 Chan/Olmos vs Andreeva/Shnaider
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No negaré que el actual momento de forma de Iga Swiatek se convirtió en un pequeño punto de partida para hacer este artículo. Quizás partir desde aquí sea hacer trampas al solitario, puesto que las próximas líneas podrían trazarse de igual manera, en un contexto más generalizado, si la polaca mostrase su versión dominadora habitual en arcilla. Pero no es el caso, y el precioso horizonte que se atisba para la WTA florece aún más en un terreno que antes parecía reservado para una sola raqueta. Es por esto, claro, que el próximo Roland Garros 2025 parece el evento ideal para convencer a los escépticos, un auténtico zafarrancho de combate que puede convertirse en una demostración de fuerza de un renovado circuito femenino.
¿Descarto, pues, que la figura de Iga Swiatek deje de ser dominadora en su torneo predilecto? No. Es más, si me preguntas, sigo creyendo en ella. El binomio que forma con París siempre pareció inmune a los rasguños, como dotado de un halo de invencibilidad que, hasta que no se rompa de la mano de una especie de Robin Söderling salvaje, aún mantiene su magnetismo. Ahora bien… está más débil que nunca, una obviedad tanto para los más como para los menos creyentes. Al contrario que en pasadas ediciones, el segundo Grand Slam del año se ha convertido en un folio en blanco cuyas respuestas aún esconden varios enigmas.
ASPIRANTES AL TRONO, NUEVAS RIVALIDADES Y UNA PROFUNDIDAD ENVIDIABLE
Porque mientras Iga dominaba con puño de hierro la arcilla, otros territorios comenzaban a ser conquistados por guerreras indómitas. Es curioso: en una temporada que apuntaba a sellar el dominio de un grupo selecto de candidatas, principalmente el formado por la polaca, Aryna Sabalenka, Coco Gauff y Elena Rybakina o Jasmine Paolini, el circuito WTA ha respondido con una especie de sonido gutural, emitido desde las entrañas de su esqueleto, que reivindica su naturaleza imprevisible, volátil, sorprendente, a veces inexplicable.
Cuando esperábamos a Aryna, apareció Madison. Cuando el hábitat le pertenecía a Iga, nos topamos con Mirra. Y mientras tanto, recuperamos para la causa a Amanda, esperamos con ganas a Naomi, nos seguimos emocionando con Elina y conservamos el miedo ante el rictus de Jelena. Los grandes títulos del circuito en este primer tramo del año, que apuntaban a repartirse entre las nuevas reinas del circuito, fueron a parar a manos hambrientas, con sed de reivindicarse o iniciar su camino entre las grandes.
Más atrás, nuevos nombres emergen y se posicionan como una amenaza como cualquiera. El nivel de Marta Kostyuk, Clara Tauson u Olga Danilovic así lo prueban. Permitan que no me olvide tampoco de las Paula Badosa o Emma Navarro, asentadas en lo más alto y haciendo de la consistencia su bandera, si bien no se encuentran, por diferentes motivos, en su mejor estado de forma. Ellas también han demostrado una adaptabilidad al terreno que impide descartarlas.
Para muchos, el próximo Roland Garros es la gran oportunidad de Aryna Sabalenka. El mal momento de Swiatek, el hambre que arrastra tras no coronar en Australia… y sí, quizás su situación sea similar a esa de Federer en 2009, quizás el timing rara vez le vuelva a ir tan de cara, pero no por ello su favoritismo es tan deslumbrante, en una superficie que todavía la presenta dificultades, como cabríamos a esperar.
Porque el próximo Roland Garros puede ser el de Mirra Andreeva, con una evolución orgánica, natural y madura que la aleja, de momento, de la tan temida etiqueta del ‘juguete roto’. Quizás sea el de Coco Gauff, explosividad por bandera, con condiciones atléticas como para hacer del polvo de ladrillo un estadio olímpico en el que desmontar físicamente a cada rival. ¿Lo mejor? Que casi en cada ronda del camino, ya sea en la primera o en la segunda semana, podrían tener a nombres que nos aseguren diversión y drama cada día.
La WTA se encuentra en un momento dulce. En una época de consolidación de rivalidades en la élite. De atractivos, pero también sorpresas. De llegadas desde segunda línea que nos deslumbran, de nombres que apuntar en un papel por lo que puedan lograr en el, cada vez más, corto plazo. Y, claro, si en años pasados Roland Garros aparecía como la mayor de las certezas en este escenario, ahora se ha convertido en un casino en el que cada tirada conlleva una responsabilidad muy importante. Aunque, recuerden, la casa siempre gana… ¿o es el momento de que la naturaleza del tenis femenino también se revele contra ello? En un mes lo sabremos: mientras, hagan juego.