A 74 años de la gesta de Asnoldo Devonish


La dimensión sobre lo hecho por el zuliano Asnoldo Devonish, un 23 de julio de 1952 en las olimpiadas de la ciudad de Helsinki en Finlandia, sugiere un acrecentamiento que fue más allá de lo deportivo al trascender hacia lo cultural e incluso, lo psicológico.

Venezuela, a inicios de los años 50, era la puerta de entrada y asilo permanente de la migración europea, luego de la Segunda Guerra Mundial, además que iba enrumbada a ser el primer país petrolero del mundo matizado, esto con profundos cambios políticos que derivarían en la llegada de Marcos Pérez Jiménez para regir los destinos del país durante una década.

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A todas estas, la nación disfrutaba tímidamente de espectáculos musicales -sin radio ni televisión- y solo el deporte profesional tenía su asidero luego de lo alcanzado en 1941 con los campeones mundiales de beisbol.

Pero sobre deporte olímpico poco se sabia y nada se hablaba como si fuese un tabú.

Devonish hizo el despertar

Sin embargo, el país estaba entusiasmado por una segunda participación olímpica tras Londres 1948 en donde un solo atleta, el ciclista trujillano Julio César León, representó nuestros colores.

Cuatro años después, tocó el turno a Helsinski y Venezuela envió una delegación de 38 atletas, incluyendo uno -con problemas en su rodilla derecha- de nombre Asnoldo Vicente Devonish Romero de apenas 20 años y saltador de triple en el atletismo.

La insistencia del entrenador rumano Ladislao Lazar, le garantizó su cupo y pudo participar en el país nórdico.

Pero esa tarde del 23 de julio de hace 74 años rivalizaría con el campeón olímpico Adhemar Ferreira da Silva de Brasil y el ruso de la Unión Soviética Leonid Scherbakov, dos auténticos mostruos del salto triple universal.

El zuliano Asnoldo Vicente, hijo de un barbadiense y una hermosa maracuchita sacó su estirpe, además, como sobrino de un pionero como atleta de todos los tiempos: José Encarnación “Pachencho” Romero, nombre que se colocaría luego a un estadio.

Así, Devonish alcanzó 15,52 metros de salto triple sobre la pista de Helsinki que de no solo le valió el bronce, sino que destrozó el récord nacional en la prueba ganada por Ferreira da Silva con récord mundial de 16,22 metros.

Con ello, se abrió el medallero olímpico de un país hacia el mundo, se reordenó la percepción del deporte olímpico y Venezuela subió a un pedestal que ahora siguen con orgullo otros criollos.



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