La historia de Luis Arráez en San Francisco terminó. Fue corta, pero fructífera. Ron Washington, coach de infield de los Gigantes, pudo perfeccionar el trabajo que el criollo ya había hecho en la temporada baja con su compatriota Rainer Olmedo. Y ahora, el que se muda a Filadelfia no es solo un buen bate, es un guante calificado, que está entre los mejores de su posición con 11 outs por encima del promedio, el segundo registro más alto entre los camareros del Big Show.
Es imposible no sentir algo de nostalgia, el Luis que vimos en la bahía nos recordó al de los primeros años en Minnesota. Siempre risueño, con ganas de comerse el mundo. Tan es así que, luego de muchos meses de lucha, ya es el líder bate de la Liga Nacional con un promedio de .324 y además tienen un OPS de .834. Pero si que es verdad que también emocionan las posibilidades que tienen los Filis, no solo de avanzar a postemporada, sino de ser contendiente al título. Han experimentado un pequeño bajón luego de la pausa del Juego de Estrellas, es verdad, pero ya demostraron que tienen todo lo necesario para construir rachas maravillosas.
El objetivo no es a largo plazo, ellos necesitan capitalizar el talento que los acompaña ahora mismo. Por eso accedieron a que Luis se mantenga en la segunda base, que -dicho por el mismo- es la única posición que le interesa cubrir. Están reorganizandose, dispuestos a hacer lo que sea necesario, para recuperar el terreno perdido en las últimas semanas, en las que cayeron a ocho juegos del líder de su división, Bravos de Atlanta.
Arráez los puede ayudar, claro que sí. El camarero, que ya ha estado en Minnesota, Miami, San Diego y San Francisco, es de esos bateadores que se crece en el momento justo, sino vean sus números con Venezuela en el Clásico Mundial de 2023 y 2026. Claro, se adapta bien a las necesidades de los Filis, que ahora mismo tienen el segundo peor promedio de embasado de toda la liga con .304. Esto como consecuencia de que la mayoría de sus bateadores son hombres de poder, con una alta tendencia al ponche. Y como si eso fuera poco anotan en promedio apenas 4.38 carreras por juego.
El de San Felipe, que solo se ha ponchado en 21 de sus 420 turnos al bate, puede aportar contacto y mantenerse constantemente en base para que la parte gruesa del lineup pueda hacer suficiente daño. Además, con su llegada, Harper volverá al jardín derecho y, tal vez ahí, en su posición natural, pueda superar el letargo ofensivo que lo aqueja. Todo parece alinearse para que la ofensiva de Filadelfia tome un segundo aire y Arráez tenga nuevamente la oportunidad de competir por la clasificación y decir presente en el mes de octubre.