El fútbol espera por novedades


Mientras se cierra lo que se ha dado por llamar “mercado” y los clubes se arman hasta donde sus presupuestos no den más, hay otras inquietudes que laten en los ánimos de todos los que hemos seguido al fútbol la vida entera. Pasó el Mundial sin novedad en el frente, como el título de aquella vieja película de guerra, que es perfectamente aplicable al campeonato del universo. Queremos decir: el fútbol se ha encerrado en tácticas repasadas, adivinadas, requeteconocidas, sin que en el horizonte lejano se vislumbre nada nuevo. Entonces, para hablar de esto habría que viajara al pasado, remontarse en el carrusel de los años y traer a los orígenes de novedosas concepciones del juego y que, pasado un largo tiempo, aún no han podido ser vencidas…

Iremos al comienzo y que vaya esto como una lección de historia para los comunicadores de nueva data. Fue en el Mundial Suiza54 cuando apareció la gran novedad. Fue Aquel esquema de Hungría, llamado “WM” en el que todos los jugadores corrían y sin posiciones fijas. Esta manera de jugar fue llevada por Holanda al Mundial Alemania 74, aplicada firmemente por el entrenador Rinus Michels. Joahn Cruyff, astro de aquella legión de figuras naranja, lo llevó al Barcelona y, poco después, emulada por Josep Guardiola. Y hasta ahí llega el cuño de inventos. En México 86 hubo un tibio intento de cambios con Argentina y Calos Salvador Bilardo, por entonces técnico gaucho, al ensayar con tres zagueros y sin lateral izquierdo, esquema luego usado por varios equipos aunque sin que aquello representara una verdadera revolución…

Entonces, llegamos al llegadero. A los días que corren y a la espera de modificaciones en la manera de funcionar y llegar al arco contrario. Ahora hay un empecinamiento en olvidar el hecho estético, que en correspondencia con la nueva era, hay que rendir culto al físico y dejar en el pasado a la belleza del juego. Por eso somos un tanto pesimistas, porque el Mundial parecía ser propicio para cambios, buenos para el asombro, pero qué va. Fue una lucha de egos y de hacer siempre lo mismo, como un guión de cine, en el que todos los actores se rigen por lo escrito y nadie tiene la osadía de improvisar. Pero no obstante, y con una llama encendida en el fondo de las ilusiones, estamos a la espera del inminente comienzo de las temporadas, especialmente en Europa, para ver quién lanza la primera piedra, para conocer quién será el temerario que se atreva a plasmar el fútbol de una manera distinta. De ser así, Dios y el fútbol le premiarán.

Nos vemos por ahí.



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