Francia-España, batalla en frontera



Francia-España, batalla en frontera

Francia y España no se pueden ver. Es un decir relacionado con la historia de enfrentamientos bélicos, de rivalidades ancestrales que hoy vivirán otro capítulo, pero en el campo de juego. Será una semifinal mundial de gran alcance, entre selecciones de primerísimo nivel. Y llama la atención, porque mientras la liga española es considerada ente las tres primeras de Europa, mas no así la francesa, que a duras penas es incluida entre las más exigentes del continente aunque sus jugadores deslumbran en varios países donde son apreciados y aplaudidos. Puede que este sea el enfrentamiento más esperado del Mundial, el que la afición quería ver y sentir. Por eso cuesta asomar a uno, elegir a un triunfador, a menos que se escoja por otras razones: simpatía, o nada más que ir a España “porque no me trago a los franceses”, o apostar a Francia “porque no paso a los españoles”…

Vamos al grano, como se suele decir. Francia ha llenado los ojos de la gente con sus colosos individuales, Kylian Mbappé, Ousmane Dembelé, Michael Olise, Bradley Barcola, Adrien Rabiot, muchachos que hacen del fútbol una fiesta. Son maravillas por sí mismo, y cuando se juntan, vaya espectáculo en todo el terreno. Además, en los partidos iniciales se le notaba cierta confusión entre la línea del medio y el centro de la zaga, luego subsanado ante Marruecos; tanto ha sido así, que su retaguardia se ha hecho impenetrable. España es equipo de conceptos de otra naturaleza; sabe a lo que va, aunque por caminos diferentes. No tiene ese ataque de demolición del enemigo, sino que sus propuesta llega, especialmente, por los canales de la izquierda con Marc Cucurella metido a puntero zurdo, y de la derecha, con Pero Porro como actor principal. Y para completar su magnífico cuadro, por allá adelante los espera Lamine Yamal, un valor muy joven pero a la vez de una madurez para admirar. Atrae a los zagueros y abre espacios para Mikel Oyarzabal, el hombre de la dinamita española…

Muchos lamentan que estas selecciones tengan que encontrarse ahora y no en la final; la imaginan como el gran partido que daría a luz al campeón del mundo. A veces las cosas son como la vida y el fútbol las han colocado y no como se hubiera querido. ¿Quién saldrá del estadio de Dallas sonreído y con ganas de danzar? Es un vaticinio difícil, enmarañado, porque son estilos que a la vez se rechazan y se completan Ahí no caben las aburridas teorías del 4-4-2, que como decía César Luis Menotti, parecerían más bien números telefónicos. Hoy valdrán la creación de oportunidades, el despliegue y, al final de la jornada, el buen jugar y la a veces caprichosa fortuna. Nos vemos por ahí.

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