Todo tiene su final, como canta Héctor Lavoe en su legendaria canción, y para Jesús “La Pulga” Gómez llegó la hora de colgar los botines, luego de una trayectoria impecable en el fútbol venezolano, que se inició en 2004 con la camiseta de su amado Estudiantes de Mérida y culmina 17 años después con la misma academia rojiblanca.
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Nacido en Maracay, pero merideño de pura cepa, “La Pulga” es una expresión representativa y acabada del fútbol andino. El linaje del jugador de las sierras nevadas de nuestro país está hecho de una gran técnica para dominar el balón, llevarlo atado a los cordones del zapato y disfrutar del juego con maestría para tocar, pasar y driblar.
De esa escuela de dominio y respeto por el balón surgieron a lo largo de esta cinco décadas de historia de Estudiantes de Mérida, los Richard Páez Monzón, Gabriel Urdaneta, Chuy Vera, Ricardo Páez, Ángelo Peña, Jorge Alberto “Zurdo” Rojas, Rubert Morán y tantos otros futbolistas que han paseado su talento por las canchas del país.
“La Pulga” es uno de los mayores exponentes de ese virtuosismo en el césped. Con su melena de otros tiempos, el fútbol de Jesús Gómez es intemporal y ha sobrevivido a los cambios que ha vivido el juego en este siglo, donde la fortaleza física para ir y venir sin descanso, los condicionamientos tácticos y la velocidad de las transiciones ha prescindido de los fantasistas.
El 10 puro como “La Pulga”, ese jugador clásico que pide la pelota, la amasa, mete la pausa y cambia de ritmo y soluciona todo en la cancha con una gambeta o un simple toque al espacio, ha sido suplido por un medio centro con más músculo y menos ideas, o extremos que rompen las líneas con su velocidad de crucero y se juegan el puesto y la vida en el uno contra uno.
El hábitat natural de Jesús Gómez es la mitad del campo y su sabiduría ancestral para mandar sobre la pelota le ha permitido brillar en todos los clubes donde exhibió sus dotes de maestro de ceremonia del juego.
Pero lo más brillante de su repertorio lo ofreció, sin ningún tipo de dudas, durante las dos temporada en las que defendió la casaca del Caracas FC, desde 2008 a 2010, tras su incursión por el Raja Casablanca de Marruecos y el Al Ittiham Aleppo de Siria. Bajo el mando de Noel Sanvicente, Jesús Gómez comandó un mediocampo de fábula con jugadores de excelente pie como Edgar Jiménez, Franklin Lucena y el argentino Darío Figueroa que conquistaron el décimo título en la historia del “Rojo”.
Todavía está fresco en la memoria el baile que le metió aquel Caracas de “La Pulga” al desaparecido Deportivo Italia, con el que empató 1-1 y luego demolió 5-0 en el partido de vuelta de la gran final del campeonato.
La temporada siguiente fue aún mejor para el merideño. Condujo al Caracas de Ceferino Bencomo al título del Torneo Clausura de la zafra 2009-10 y en los choque decisivos por el trofeo de campeón absoluto de la temporada le dio una de las mayores alegrías a los aficionados del cuadro avileño al doblegar 1-0 al Táchira en el Olímpico y pegarle un repaso 4-1 de buen fútbol en el templo de “Pueblo Nuevo”, repartiendo balones a diestra y siniestra, manejando los hilos del juego y encaminando el inolvidable triunfo con el segundo gol del equipo caraqueño.
No es una simple “Pulga” la que se retira del fútbol en el marco de un gran desafío ante el Deportivo Táchira, sino un gigante del fútbol venezolano. Un jugador con temple, personalidad y exquisito manejo del balón que deja un legado de habilidad e ingenio que merece el aplauso de pie de todo el país futbolístico.
Potenció con sus pases al mejor Caracas FC de la historia
La temporada 2009-2010 fue una de las más memorables en la trayectoria de Jesús “La Pulga” Gómez en el fútbol nacional. Noel Sanvicente armó para esta temporada el mejor Caracas FC de su historia con una pléyade de futbolistas con experiencia internacional y recorrido en la Vinotinto: Renny Vega en el arco, Gabriel Cichero y José Manuel Rey en la defensa, Luis “Pájaro” Vera, como patrón en el medio y Rafael Castellín en el ataque acompañados por los emergentes Emilio Rentería y Alejandro “Lobo”Guerra.
Ese equipo se potenció al máximo con la incorporación de Jesús Gómez, quien aportó mayor manejo, conexión en la mitad y su genio inigualable para driblar, abrir espacio y conseguir al hombre libre con sus pases de fantasía. Su gran actuación en el césped permitió al Caracas avanzar hasta los cuartos de final de la Copa Libertadores, donde estuvo cerca de eliminar al poderoso Gremio de Brasil, y además ganó su segundo título consecutivo, lo que le valió a “La Pulga” el merecido premio de mejor jugador de la temporada 2009-2010.
Estupidez de grupete de inadaptados manchó el gran duelo de despedida
Una verdadera vergüenza que un grupete de inadaptados que se hacen llamar aficionados de Estudiantes de Mérida y Deportivo Táchira hayan pisoteado con sus estupidez el partido que servía para despedir a “La Pulga” Gómez, definir el primer lugar entre Táchira y Academia Puerto Cabello, y el último cupo a la Copa Suramericana que disputaba la academia rojiblanca y el sorprendente Rayo Zuliano.
La barra de Táchira jamás debió ir al estadio Metropolitano, pues la directiva del cuadro merideño se había reservado el derecho de admisión de la hinchada rival, alegando razones de seguridad. Nunca hemos compartido esta decisión de impedir el ingreso de los fanáticos de otros equipos, pero así está estipulado en el reglamento de la Liga y hay que respertarlo a rajatabla. Un puñado de fanáticos de Estudiantes tampoco estuvo a la altura de este compromiso.
Ingresaron a la cancha y comprometieron la integridad de los jugadores. Esa simple causa es motivo de confiscación del juego. No era de esta manera que se debía honrar el fútbol de “La Pulga” Gómez, que ahora merece otra despedida con aficionados de verdad.