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Andy Roddick ha vuelto a poner el foco en el debate eterno del tenis moderno: quién domina realmente el césped de Wimbledon y por qué Novak Djokovic sigue siendo, incluso con el paso del tiempo, una amenaza seria para el título en 2026. En una reciente conversación sobre las particularidades del juego en hierba, Roddick desarrolló una defensa clara y matizada de la candidatura del serbio, apoyándose no en la nostalgia, sino en la lógica del propio deporte.
El ex número uno del mundo parte de una idea clave: el césped no premia el mismo tipo de tenis que la tierra batida o las pistas duras. Mientras en Roland Garros el intercambio físico y el uso del topspin dominan el ritmo, en Wimbledon el margen de reacción se reduce drásticamente. Según Roddick, esta diferencia transforma por completo las jerarquías del circuito. “En césped puedes salir de situaciones complicadas golpeando la pelota mejor que en cualquier otra superficie”, viene a señalar en su análisis, subrayando que el juego se decide más en el primer impacto que en la construcción del punto.
En ese contexto, la figura de Novak Djokovic adquiere una relevancia especial. Para Roddick, el serbio encarna como pocos lo que él denomina “tenis de primer golpe”: precisión en el resto, capacidad para devolver profundo y neutralizar el saque rival sin necesidad de largos intercambios. En hierba, donde el bote bajo reduce el tiempo de reacción, esa habilidad se amplifica. Un resto firme por el centro, explica Roddick, no solo neutraliza el saque, sino que obliga al rival a jugar de forma más directa y predecible, algo que Djokovic ha perfeccionado durante años.
Otro elemento que Roddick destaca es la eficiencia del movimiento en césped. A diferencia de otras superficies, donde las frenadas y los desplazamientos laterales son constantes, en Wimbledon muchas veces el mejor recurso es seguir la dirección del golpe, avanzar medio paso o incluso un paso completo. Djokovic, con su elasticidad y su capacidad para ajustar el cuerpo en milésimas de segundo, encaja perfectamente en ese patrón. No se trata de correr más, sino de moverse mejor y más temprano.
El resto de Djokovic, clave para entender su candidatura en Wimbledon
Roddick también desmonta el mito de que el césped favorece únicamente a los grandes sacadores. Aunque el servicio sigue siendo importante, la realidad moderna del torneo demuestra que los mejores restadores han ganado protagonismo. En ese sentido, Djokovic no solo compite, sino que redefine el estándar. Su habilidad para devolver profundo incluso pelotas difíciles elimina el tiempo del rival y convierte cada juego en un duelo de ejecución inmediata.

La conversación adquiere aún más relevancia cuando se introduce el contexto competitivo. Con la incertidumbre sobre el estado de forma de figuras como Jannik Sinner y la transición generacional aún en proceso, Roddick sugiere que Djokovic puede leer el panorama con claridad. Incluso sin estar en su punto físico más dominante, el serbio es capaz de construir una narrativa competitiva a su favor en Wimbledon.
En definitiva, la defensa de Andy Roddick no es sentimental, sino estratégica. Para él, Djokovic no solo sigue siendo candidato en 2026: es, por pura lógica del césped, uno de los nombres más peligrosos del torneo. En una superficie donde los detalles pesan más que la resistencia, el tenis de Novak Djokovic sigue encajando demasiado bien como para ignorarlo.