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La gloria ha sido conquistada. Carlos Alcaraz suma el séptimo título de Grand Slam a su palmarés y se convierte en el tenista más joven de todos los tiempos en ganar los cuatro grandes. El español se impuso a Novak Djokovic en la final del Open de Australia 2026 por un marcador de 2-6 6-2 6-3 7-5, haciendo una demostración de poderío y madurez.
Uno de los grandes partidos de la historia, expectación máxima por ver cuál de los dos relatos epopéyicos se imponía y un escenario inigualable. Así es como se afrontaba esta final del Open de Australia 2026 entre dos leyendas; una de ellas, la de Carlos Alcaraz, aún en plena construcción y que buscaba un hito clave en su forja con la conquista del Career Grand Slam como el más joven de todos los tiempos en hacerlo. Otra, aparentemente insuperable, como la de Novak Djokovic, intentando ser el primer ser humano con 25 títulos de Grand Slam a nivel individual en su haber. El espectáculo estaba garantizado y las emociones fueron memorables.
Nervios, fatiga muscular, curiosidad por ver las variantes tácticas implantadas por el contrario… Todo eso es lo que se respiró en los compases iniciales del primer set, en el que Djokovic salió con un plan establecido, mientras que Alcaraz parecía algo sorprendido por la propuesta de su rival y por su incapacidad para desbordarle con su plan A. La pelota no adquiría el bote y la mordiente esperada por Carlos, que veía cómo Novak quemaba la pelota con su derecha y neutralizaba todos sus intentos. Fue una exhibición de inteligencia táctica la que dio el serbio ante un Carlos cariacontecido.

Todo cambió de forma radical en una segunda manga en la que el murciano se puso el mono de trabajo, incrementó su intensidad de piernas, cambió la velocidad y la altura de sus golpes hacia el drive de Novak y varió más la direcciones, empezando puntos por el revés, haciendo dejadas atinadas y aumentando su precisión. Djokovic vio cómo se le venía encima un tsunami de tenis y decidió hacerse a un lado cuando encajó un break, ahorrando energía y procurando que la tormenta pasara para reengancharse al encuentro.
Con el viento a favor en lo que a moral y confianza se refiere, Alcaraz arrancó el tercer parcial consciente de que no podía bajar ni un ápice la intensidad. Se mostró inexpugnable con su primer servicio, no concedió ni una sola pelota de rotura y abrió la cancha por el lado de drive de Djokovic, buscando más ángulos que potencia, obligando al serbio a desplazarse mucho por la pista. Fue una exhibición de poderío que Novak se vio incapaz de neutralizar.

Lo vivido en el cuarto set supone la síntesis perfecta de la grandeza de ambos jugadores. Djokovic parecía totalmente perdido para la causa, pero se las arregló para hacer un ejercicio de escapismo en el tramo inicial, salvando seis bolas de break. Salió tremendamente reforzado de ello y no solo mantuvo la igualdad, sino que dispuso de una pelota de rotura en un noveno juego que fue apoteósico. Consiguió eludir el abismo Alcaraz y se entró en la mejor fase de juego del partido por parte de ambos.
Se desató la batalla definitiva en el duodécimo juego, con Carlos Alcaraz elevando su nivel y Novak Djokovic afanándose por mantener el pulso. Hubo peloteos vibrantes, errores de nervios y precipitación del serbio y un buen hacer esplendoroso por parte del que ya es un jugador histórico. Campeón merecido del Open de Australia 2026, tenista más joven en conquistar los cuatro Grand Slams. Historia hecha, historia viva, historia por hacer.