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Paula Badosa continúa firmando una de las historias más emocionantes del verano en el circuito WTA. La española se clasificó para la final del WTA 250 de Iasi después de derrotar a Tamara Zidansek por 3-6, 7-5 y 7-6(1) en un encuentro de enorme exigencia física y mental, certificando además su regreso al top-100 del ranking WTA.
Tras conquistar el título la pasada semana en Bastad, la catalana prolonga una extraordinaria racha de victorias justo en el momento más importante de la temporada. El triunfo adquiere un valor todavía mayor por el contexto en el que llega. Este próximo lunes se cierran las listas de acceso directo al US Open, por lo que Badosa necesitaba seguir sumando puntos para evitar depender de invitaciones o de la fase previa.
El objetivo ya está cumplido. La española tiene asegurado finalizar la semana como número 93 del mundo, mientras que si consigue imponerse este domingo a Mayar Sherif en la final abandonará Rumanía instalada en el puesto 75 del ranking, culminando una remontada clasificatoria que parecía impensable hace apenas unas semanas.
Una batalla de supervivencia para completar una pequeña revancha
No fue una victoria brillante ni sencilla. Fue una de esas que se construyen desde el sufrimiento, la paciencia y la convicción de no abandonar nunca el partido. Tamara Zidansek volvió a demostrar por qué siempre ha sido una rival tremendamente incómoda sobre tierra batida, obligando a Badosa a disputar largos intercambios y a trabajar cada punto hasta el límite.
La española se encontró al borde de la eliminación en dos ocasiones. En el segundo set tuvo que restar para mantenerse con vida cuando la eslovena acariciaba la final, y volvió a hacerlo en la tercera manga, resistiendo una presión enorme antes de terminar imponiendo su autoridad en un desempate prácticamente perfecto.

Más allá del resultado, el encuentro tuvo un evidente componente emocional. Badosa encontró en el otro lado de la red a una jugadora frente a la que sufrió una de las derrotas más dolorosas de su carrera, aquella eliminación en los cuartos de final de Roland Garros que frenó uno de los mejores momentos deportivos de la catalana. Sin ánimo de buscar revancha, el destino terminó ofreciéndole una pequeña reparación varios años después, en un contexto completamente diferente, pero igualmente importante para reconstruir su confianza.
El mejor síntoma para Badosa: volver a competir sin miedo al físico
Si hay una noticia que sobresale incluso por encima del regreso al top-100 es la respuesta de su cuerpo. Durante demasiado tiempo, las lesiones y las molestias físicas condicionaron tanto su calendario como su rendimiento, impidiéndole encontrar la continuidad imprescindible para competir al máximo nivel.
Sin embargo, estas dos últimas semanas están ofreciendo una imagen completamente distinta. Badosa ha enlazado numerosos partidos de máxima exigencia entre Bastad e Iasi, acumulando horas sobre la pista sin que el físico haya vuelto a convertirse en el gran protagonista. Una circunstancia que llevaba muchísimo tiempo sin producirse y que permite volver a contemplar la mejor versión competitiva de la española.
Porque cuando las limitaciones físicas desaparecen, también reaparece un tenis que nunca dejó de estar ahí. Su potencia desde el fondo de pista, la profundidad con la derecha y la capacidad para asumir la iniciativa continúan siendo armas capaces de poner en dificultades a prácticamente cualquier rival. Pero incluso por encima de ese nivel tenístico, hay un aspecto que está marcando la diferencia durante esta gira: su espíritu competitivo.
En Bastad ya ofreció varias muestras de resistencia mental para terminar levantando el título. En Iasi ha repetido el patrón, sobreviviendo a situaciones extremadamente delicadas y encontrando soluciones cuando el partido parecía escaparse. Esa capacidad para seguir creyendo hasta el último punto quizá sea la mayor victoria que está consiguiendo durante estas dos semanas.
Una final para poner el broche perfecto
Con el regreso al top-100 prácticamente asegurado y la presencia directa en el cuadro final del US Open ya certificada, Paula Badosa afrontará ahora la final con una tranquilidad que hace apenas unos días parecía imposible.
Eso no significa que el trabajo haya terminado. Enfrente aparecerá Mayar Sherif, otra especialista sobre tierra batida que exigirá nuevamente un enorme esfuerzo físico y táctico. Pero la española llega reforzada por una confianza que llevaba mucho tiempo buscando y con la sensación de que vuelve a competir desde la estabilidad.
El premio también sería importante desde el punto de vista clasificatorio. Si consigue levantar el trofeo en Iasi, Badosa ascenderá hasta el puesto 75 del ranking WTA, consolidando definitivamente su regreso entre las mejores del mundo y dando un paso gigantesco hacia la recuperación de un estatus que durante mucho tiempo pareció escapársele por culpa de las lesiones.
Después de tantas dudas, tantas recaídas y tantos meses marcados por la incertidumbre, Paula vuelve a mirar al futuro desde una posición completamente distinta. Ya ha recuperado el top-100 y el billete directo para el US Open. Ahora quiere completar la reconstrucción con un nuevo título que confirme que, cuando el cuerpo le permite competir con continuidad, sigue siendo una jugadora preparada para pelear por cosas importantes.