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Lo hizo. Carlos Alcaraz cumplió, a la primera, con su gran meta de este 2026. Él mismo había afirmado en repetidas ocasiones que su pretemporada giraba en torno al Open de Australia 2026, en torno a la posibilidad de hacer historia y proclamarse el tenista más joven de todos los tiempos en conquistar el Career Grand Slam. El primer mes del año se nos marcha con una perfecta cuadratura del círculo que, sin embargo, no debe suponer una instantánea pérdida de motivación para el murciano.
Con apenas 22 años en su DNI, aún queda mucha historia por hacer. La resaca del éxito existe y quizás pueda suponer un pequeño freno a corto plazo, pero mirar al horizonte significa vislumbrar grandes cumbres que sirven como clara motivación. En este 2026, Carlos todavía tiene a su disposición completar su álbum particular con torneos que se le resisten, perpetuarse en la cima del tenis mundial para confirmar que su época es un único reinado y no un duopolio… y, si queremos ser más ambiciosos, marcas que solo unos elegidos han podido firmar. Estos son las cinco grandes motivaciones para Carlos en lo que queda de 2026.
Completar el álbum de cromos de los Masters 1000
Con todos los Grand Slams en su buchaca, las próximas «estampitas» a coleccionar se encuentran en el segundo escalón de torneos del tenis mundial. Solo Novak Djokovic ha firmado el pleno (lográndolo además en dos ocasiones), motivación más que absoluta para tratar de convertirse en apenas el segundo hombre en sumar todos los Masters 1000. Un logro así lleva implícito el ser constante y regular todo el año: en el álbum apenas faltan tres trofeos que se concentran en el tramo final del año, como son Canadá, Shanghái y París. Una triada complicada, por tiempo, espacio y superficie, pero no imposible para un tipo que evoluciona y perfecciona sus puntos débiles en espacios de tiempo muy cortos.
El ‘Carlitos Slam’… ¿o el Grand Slam, a secas?
El objetivo más ambicioso, el que le haría entrar de lleno en una historia reservada a solo unos pocos. Apenas dos nombres han sido capaces, en más de 50 años de Era Open, de ser los campeones de los cuatro Grand Slams al mismo tiempo. Rod Laver lo consiguió en 1969, siendo el único en lograrlo durante el transcurso de un año natural; Novak Djokovic, por su parte, completó el conocido como ‘Nole Slam’ entre 2015 y 2016, conquistando los cuatro grandes en el periodo entre Wimbledon 2015 y Roland Garros 2016.

¿Cómo entrar, a lo bestia, en la historia? Siendo el tercero en discordia en una marca que durante años pareció imposible. A Djokovic, no en vano, le costó sangre, sudor y lágrimas lograrlo… y, quizás, no recibió el reconocimiento que merecía. Nada más estimulante que firmar un año apoteósico: Roland Garros y Wimbledon le separan del primer hito, y llegados a ese punto, apenas el US Open, el que le abrió las puertas del cielo, le retendría de un récord que no vemos desde hace más de 50 años. ¿Por qué no?
Dominador total: número uno toda la temporada
Uno de los principales baremos por los cuales definimos a estas dos últimas temporadas como un duopolio se encuentra en la pelea por el número uno. Ha sido una partida de ping pong, una aceleración constante entre Carlos y Jannik, empeñados en saludarse desde lo más alto en diversos periodos de tiempo. Ahora, el murciano posee una oportunidad única para perpetuar su legado en la cima: más de 3000 puntos de ventaja sobre el italiano, la posibilidad de sumar y mucho en Indian Wells y Miami, y la misión de llegar al último tramo del año, donde Jannik defiende multitud de títulos en la gira de pista dura bajo techo, como número uno. Lograrlo sería dar un paso de gigante dentro de la rivalidad.
Las ATP Finals, la última frontera
En Italia. En su peor superficie. En la casa de Jannik Sinner. Se quedó muy cerca Carlos de conquistarlas el año pasado, mostrando una tremenda evolución en su tenis y enseñándonos que se puede adaptar a este tapete a las mil maravillas… pero el jefe final del circuito cuando el techo anula cualquier intromisión climatológica se hizo más fuerte que nunca. Quizás pocas cosas motiven más a Carlos que superar a su gran rival en su terreno: ser maestro, aventajando a un Rafael Nadal que siempre tendrá esta espinita clavada, sería sumar un cromo muy importante a su colección.
La Copa Davis, la guinda en el pastel
No han sido pocas las veces en las que Carlos Alcaraz ha subrayado el lugar tan especial que la Davis tiene en su corazón. Sin embargo, su relación con esta competición parece maldita: las lesiones, la falta de descanso e incluso la aparición del COVID un año han convertido su rol en el equipo español como, a día de hoy, algo residual. Esta historia no puede acabar así: aunque dispone aún de muchos años para ganarla, el compromiso de Alcaraz con nuestro país debe manifestarse desde ya, y qué mejor momento que el actual, aprovechando el gran estado de forma de los Munar y Davidovich, que quitarse la espinita clavada de Bolonia antes de que el torneo gire hacia otro país.