El primer español en categoría masculina en una Final Four de la NCAA. Aday Mara escribe una nueva página en nuestro baloncesto alcanzando un territorio, hasta el momento, desconocido. Una Final Four en la que también estará UConn tras una última secuencia milagrosa ante la Duke de Cam Boozer.
And there were only four. Illinois, Arizona, Michigan y UConn. Entre estas cuatro universidades, algunas de las más potentes del país, saldrá el nuevo campeón de la NCAA. Michigan sacó el rodillo de su mejor versión y arrasó a Tennessee con un Aday Mara (11 puntos, 4 rebotes y 2 tapones) muy protagonista una vez más y un demoledor parcial de 0-21 en la primera mitad, con 27 puntos de Yaxel Lendeborg. Y UConn logró el enésimo milagro del torneo derrotando sobre la bocina a Duke… de la forma más inesperada: con un triple de doce metros del freshman Braylen Mullins tras recuperar el balón en la presión a Cayden Boozer. ¡March Madness en estado puro!
Tennessee (#6) 62 – Michigan (#1) 95
Hay noches que trascienden el juego, que se elevan por encima del marcador y se convierten en historia pura. Aday Mara estará en la Final Four. Así, sin matices, como un golpe seco que resuena en todo el baloncesto español. Nunca antes uno de los nuestros había alcanzado esta cima en el universo universitario estadounidense, y ahora su nombre queda grabado en ese territorio reservado para los elegidos. No es solo un logro, es una irrupción, una conquista: un chico de Zaragoza dominando el mayor escaparate del baloncesto formativo mundial, imponiendo su presencia cuando todo pesa más, cuando el miedo paraliza y solo los grandes dan un paso al frente. Mara no ha llegado hasta aquí, ha arrasado hasta aquí. Y lo ha hecho con la naturalidad de quien no entiende de límites, como si la historia estuviera esperando su llegada. España ya tiene a su pionero en la Final Four… y lo ha encontrado en 2,21 metros de talento, carácter y ambición sin techo.
El partido, sin embargo, comenzó exactamente donde Tennessee quería llevarlo: al barro. Ritmo bajo, contactos constantes, posesiones largas y una pelea física que incomodaba cada ataque. Incluso lograron sacar la segunda falta de Mara a los cinco minutos, obligándole a sentarse y dejando la sensación de que el plan podía funcionar. Pero ahí terminó todo. Michigan ajustó, empezó a dominar el rebote y encontró espacios para correr, y cuando los Wolverines juegan en ese escenario, no solo son un rodillo: se divierten, fluyen, se reconocen. Lendeborg asumió galones, Cadeau marcó el ritmo con una naturalidad insultante, mientras Gayle y McKenney elevaron la energía desde el banquillo. Y en medio de ese vendaval regresó Mara, adueñándose del rebote defensivo y dejando destellos de talento en ataque que terminaron por romper cualquier resistencia. Tennessee quiso una batalla de desgaste… pero acabó atrapado en un vendaval. Y ahí, Michigan no perdona. Al descanso, 22 puntos de diferencia (48-26) y la sensación de que la segunda mitad ya hasta era innecesaria.
Y lo fue. El segundo tiempo sobró casi desde el primer balón al aire. Michigan ya había dictado sentencia y Tennessee, sin respuestas, trató de refugiarse en el contacto, en algún conato de bronca nacido más de la frustración que de una verdadera reacción. El partido se rompió en interrupciones, perdió fluidez, pero dejó estampas que justifican cualquier noche de torneo: la secuencia de Aday Mara —mate, triple y tapón— como un resumen perfecto de su impacto total, y la confirmación definitiva de que Yaxel Lendeborg juega a otro nivel, con galones de mejor jugador universitario del país. Ni siquiera la presión a toda pista de los Volunteers, a falta de diez minutos, alteró el rumbo: fue el último intento, el último gesto antes de asumir lo inevitable. Michigan no necesitó forzar nada más, avanzó con autoridad, casi con calma, como quien sabe exactamente hacia dónde va. En el horizonte ya aparece Arizona, un espejo tan imponente como ellos mismos. Pero eso será otro capítulo. Este pertenece a Aday Mara, a Michigan… y a una noche que ya es historia.
UConn (#2) 73 – Duke (#1) 72
1/18 en triples en 34 minutos de juego. Y 4/5 en los últimos seis minutos, incluido el más inverosímil, inexplicable y decisivo de todo el torneo. UConn logró un milagro con todas las letras tras llegar a estar 19 abajo ante una Duke tremendamente superior en la primera mitad, destrozando a su rival en pintura con un demoledor Cam Boozer (27 puntos y 8 rebotes) y encontrando un socio perfecto en su hermano Cayden (15 puntos, 5 rebotes y 6 asistencias). Y nada cambiaba tras el descanso… o eso parecía.
UConn se desesperaba una y otra vez desde la larga distancia, pero nada de todo lo que sucedió a posteriori sería posible sin la persistencia de Tarris Reed (26 puntos y 9 rebotes). El interior fue el único que iba ganándole la batalla a una Duke que, poco a poco, empezaba a flaquear. De 19… a 13. Y a 10. Y a 7. Y, de repente, los Huskies estaban dentro del partido… con un 1/18 en triples. Y Duke empezaba a creer en lo peor.
Y llegó. El colapso definitivo. Únicamente Cam Boozer era capaz de sumar en los Blue Devils y los triples de Demary y un último de Karaban situaban el 69-70 a falta de cincuenta segundos. Boozer ejerció de líder y anotó un canastón. Y en la siguiente acción, hizo falta sobre Silas Demary… que falló el primero. Demary anotó el segundo. Y de ahi, a la enésima locura. Presión sobre Boozer y Sarr, balón a Cayden que intenta superar a dos defensores con un pase elevado. Roba Mullins, Karaban finta, ve a Mullins llegando en carrera y, desde 12 metros, ejecuta un tiro que ya es historia del March Madness. Una parábola perfecta y letal. El milagro de UConn.
El número de la revista de este mes: la Copa del Rey… y mucho más
