Las ausencias de Jannik Sinner, Novak Djokovic y Carlos Alcaraz en el Masters 1000 de Canadá vuelven a poner bajo sospecha la sostenibilidad del calendario ATP. Andrea Petkovic y Ben Shelton han planteado reflexiones perfectamente compatibles sobre una temporada excesivamente larga, la proliferación de Masters 1000 extendidos y un sistema que empuja a los mejores a seleccionar torneos para proteger su salud.
Canadá es ahora el gran damnificado, pero el debate va mucho más allá. La ATP pretende engrandecer sus Masters 1000 y aumentar los ingresos generados por el circuito, pero la obligatoriedad de disputar determinados eventos y los importantes bonus económicos vinculados a la participación pueden provocar que algunos jugadores compitan sin encontrarse físicamente preparados. Con la posibilidad de una profunda remodelación del calendario en 2028 y el proyecto de incorporar un décimo Masters 1000 en Arabia Saudí, crece la sensación de que los intereses comerciales avanzan más rápido que las medidas destinadas a proteger a los verdaderos protagonistas.
Petkovic señala un problema estructural en el calendario ATP
Andrea Petkovic ofreció en The Big T Podcast una reflexión especialmente interesante porque considera equivocado reducir el problema a la posición de Canadá inmediatamente después de Wimbledon. Para la alemana, hay que observar la duración global de la temporada masculina.
«No creo que sea solamente su posición en el calendario. Los hombres juegan tres o cuatro semanas más. Las mujeres terminan después de la primera semana de noviembre, que ya supone una temporada absurdamente larga si la comparas con otros deportes», reflexionó.
Petkovic considera anómalo que apenas exista un periodo prolongado en el que un tenista profesional pueda desconectar completamente de su trabajo.
«No hay ningún deporte que no tenga seis u ocho semanas de descanso en algún momento. A veces el tenis no tiene eso. De alguna manera tienes que encontrar espacio para tus vacaciones y después empezar inmediatamente a preparar la siguiente temporada», señaló.
El problema se agudiza para quienes disputan las ATP Finals y tienen compromisos posteriores. El descanso real termina siendo mínimo cuando hay que introducir también una pretemporada que permita afrontar las exigencias físicas del siguiente curso.
«Montreal y Cincinnati seguidos como torneos de dos semanas es demasiado»
La expansión de numerosos Masters 1000 constituye otro elemento fundamental. Petkovic no considera que todos deban recuperar necesariamente su antigua duración, pero sí cuestiona la lógica de encadenar eventos extendidos durante momentos especialmente sensibles del calendario.
«No creo que todos los torneos de dos semanas sean problemáticos. Pero si tienes Cincinnati y Montreal consecutivamente como eventos de dos semanas, es demasiado. Es demasiado«, sentenció.
Ahí aparece una de las explicaciones de lo sucedido en Canadá. Un jugador que ha llegado lejos en Roland Garros y Wimbledon necesita recuperar su cuerpo antes de afrontar el US Open. Si los dos Masters 1000 previos ocupan prácticamente todo el periodo de transición hacia Nueva York, renunciar a uno termina convirtiéndose en una solución lógica.
«Los mejores jugadores, como Jannik y Novak, pensarán: ¿dónde están todos los tenistas contra los que necesito jugar para comprobar mi nivel antes del US Open? En Cincinnati. Así que toman una decisión. Es desafortunado para Canadá porque es un lugar fantástico. Montreal siempre fue uno de mis torneos favoritos«, explicó Petkovic.
Shelton defiende a Sinner y Djokovic: «No se saltan un torneo sin una razón»
Ben Shelton llega a una conclusión similar desde la perspectiva de quien convive cada semana con las exigencias del circuito. El estadounidense identifica las lesiones como su mayor preocupación y considera imposible exigir el mismo calendario a todos los jugadores.
«No estoy seguro de hasta qué punto es sostenible la estructura actual del circuito. Para mí, la mayor preocupación son las lesiones. Sinner conoce su cuerpo mejor que nadie, como todos los jugadores», señaló.
Shelton tampoco acepta la idea de que las grandes figuras renuncien caprichosamente a torneos de enorme importancia.
«Si Jannik y Novak se sienten física y mentalmente preparados, jugarán. En mi opinión, no se saltan un torneo sin una razón«, afirmó.
Su ejemplo con Sinner resulta especialmente ilustrativo porque el éxito genera su propia sobrecarga. «Jannik está ganando prácticamente todos los partidos que juega; su número de encuentros es extremadamente alto. ¿Cómo va a poder disputar todos los torneos? No creo que sea sostenible«, advirtió.
Un jugador que alcanza sistemáticamente finales puede acumular cinco, seis o siete encuentros cada semana que compite. El calendario nominal puede ser idéntico para todos, pero la carga real está muy lejos de serlo.
Obligatoriedad y bonus económicos: ¿hasta qué punto el jugador decide libremente?
A esta ecuación hay que añadir un aspecto particularmente delicado. Los Masters 1000 forman parte de un sistema con obligaciones de participación, mientras que los incentivos económicos vinculados al rendimiento y presencia durante la temporada pueden condicionar todavía más la confección del calendario.
El problema aparece cuando un jugador se encuentra en esa zona gris tan habitual en el deporte profesional: no está lesionado hasta el punto de ser incapaz de competir, pero sí arrastra molestias, fatiga o señales de sobrecarga. Renunciar a un torneo puede implicar consecuencias deportivas y económicas, mientras que jugar supone asumir un riesgo físico.
Es ahí donde el sistema puede generar incentivos perversos. Un tenista puede terminar compitiendo con molestias no porque considere que sea lo mejor para su cuerpo, sino porque retirarse del evento afecta a objetivos económicos o compromisos adquiridos durante la temporada.
Las palabras de Shelton adquieren todavía más valor desde esa perspectiva. Si cada jugador conoce mejor que nadie su cuerpo, debería disponer de margen suficiente para administrarlo sin sentirse penalizado por hacerlo. La ATP necesita grandes nombres en sus torneos, pero obligar directa o indirectamente a competir difícilmente solucionará el problema de fondo.
¿Se está anteponiendo el negocio a la salud de los jugadores?
La expansión de los Masters 1000 responde a una estrategia evidente de crecimiento del producto. Más días significan más sesiones, entradas, retransmisiones y oportunidades comerciales. Desde el punto de vista empresarial existen razones para apostar por ese modelo.
La pregunta es hasta dónde puede crecer el calendario sin deteriorar aquello que pretende vender.
Si un torneo dura más pero pierde a algunas de las principales figuras por cansancio; si los jugadores acumulan más lesiones; o si las estrellas deben seleccionar cada vez más sus apariciones, el crecimiento cuantitativo puede terminar reduciendo la calidad del espectáculo.
Se genera así la percepción de que los intereses de la ATP y los torneos están adquiriendo prioridad sobre las necesidades de los jugadores. Y resulta imposible olvidar que son estos últimos quienes sostienen el producto. No hay expansión comercial sostenible si las principales estrellas llegan exhaustas, lesionadas o ausentes a buena parte de los grandes eventos.
2028 puede provocar una revolución todavía mayor en el calendario
Todo este debate adquiere una dimensión especialmente interesante mirando hacia 2028. El calendario de esa temporada ya estará profundamente condicionado por los Juegos Olímpicos de Los Ángeles y existe además la posibilidad de una remodelación más amplia del circuito.
Entre los escenarios que se han venido planteando aparece la creación de un décimo Masters 1000 en Arabia Saudí. Si finalmente se materializara, la ATP tendría que encontrar un espacio para otro gigantesco evento dentro de una temporada que los propios protagonistas consideran ya excesivamente congestionada.
La cuestión no consiste únicamente en dónde ubicarlo. Habría que decidir qué sucede con los demás torneos, cuántos Masters 1000 mantienen formatos extendidos, qué periodos reales de descanso se garantizan y cómo se compatibiliza todo ello con Grand Slams, ATP Finals, Copa Davis y Juegos Olímpicos.
Añadir simplemente otra gran cita sin reducir exigencias en otros lugares supondría incrementar un problema que ya existe. Una eventual revolución en 2028 debería servir para rediseñar el calendario, no únicamente para encontrar un hueco a otro torneo económicamente atractivo.
El debate recuerda inevitablemente a la batalla por los premios económicos
Existe además un paralelismo con otra de las grandes reivindicaciones de los tenistas: su participación en el reparto de los ingresos generados por los principales torneos.
El trasfondo es parecido. El tenis mueve cantidades crecientes de dinero y los eventos buscan incrementar su valor comercial, pero los jugadores reclaman que su peso en la toma de decisiones y en el reparto de esa riqueza sea proporcional a su condición de protagonistas.
Calendario y premios económicos terminan formando parte de una misma discusión sobre quién decide hacia dónde avanza el tenis profesional.
No se trata simplemente de reclamar más dinero o más descanso. Los jugadores quieren tener capacidad real para intervenir en decisiones que afectan directamente a sus carreras, sus cuerpos y la duración de su vida profesional.
Un caldo de cultivo cada vez más propicio para grandes protestas
Las declaraciones de Petkovic y Shelton no aparecen en un vacío. Se suman a un malestar recurrente entre jugadores respecto a la duración de la temporada, el formato de algunos torneos, la acumulación de compromisos y el reparto de los ingresos.
Por separado, cada reivindicación puede parecer asumible. Juntas dibujan un problema estructural mucho mayor.
La ATP necesita proteger sus torneos y los organizadores necesitan certezas respecto a la presencia de las estrellas. Pero los jugadores necesitan poder descansar, recuperarse y decidir cuándo su cuerpo no está preparado para competir sin sentirse empujados en sentido contrario por obligaciones o incentivos económicos.
Canadá constituye una advertencia perfecta. Si varios de los mejores jugadores del mundo llegan simultáneamente a la conclusión de que lo más conveniente para sus carreras es no disputar un Masters 1000, quizá el problema no esté en quienes se ausentan, sino en el sistema que les obliga a elegir.
Y con una posible expansión adicional a partir de 2028, la tensión puede aumentar. Los tenistas necesitan ganar peso en las decisiones que determinan el futuro del circuito. De lo contrario, se está generando un escenario cada vez más favorable para que las quejas individuales terminen convirtiéndose en reivindicaciones colectivas mucho más serias.