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Existió una etapa en el tiempo en el que no todos imaginaban en lo que Roger Federer se acabaría convirtiendo. Sus inicios en el Centro de Tenis de Alto Rendimiento, ubicado en Biel, Suiza, no fueron fáciles. No era el único joven suizo sobre el que se posaban las esperanzas de entrenadores y aficionados, ni tampoco fue un talento precoz que se robase los ojos del público a edades tremendamente tempranas… pero la magia acabó brotando, convirtiéndole en lo que es hoy, una de las mayores leyendas de la historia del deporte.
Por todo ello y más, cada vez que el Maestro pisa un pie en Biel, los recuerdos se agolpan y la mente se marcha a una época de pocas preocupaciones, mucha ilusión… y alguna que otra trastada típica de aquellas edades. Roger Federer era un joven irascible, como cualquiera de nosotros, y recuerda en una charla con la Federación cómo sus inicios en este centro no fueron del todo fáciles. «Pensé que eso de convivir con los mejores jugadores del país no estaría nada mal… pero el principio fue muy complicado. Al fin y al cabo, en Basilea era uno de los mejores, pero aquí solo era uno más. Los primeros seis meses fueron especialmente duros, pero llegó el Mundial Juvenil, me clasifiqué, pasé algunas rondas y aquello fue el despegue», recuerda con nostalgia un Roger que mira al pasado con nostalgia.
Recordar su adolescencia en Biel es mirar al camino que ahora recorren muchos jóvenes suizos. Un apartamento compartido (Yves Allegro se encuentra entre sus antiguos compañeros de habitación), viajes, responsabilidades, convivencia junto a otros chavales… aspectos que parecen plenamente integrados, ahora, en la formación de los jóvenes, pero que antes se tocaban sin ningún tipo de guía especializada. Con el paso del tiempo, pocos pueden dar consejos con tanta precisión como Federer… y son bastante claros.
¿Qué diría Roger Federer a los jóvenes? Sus tres grandes claves… y un posible futuro como entrenador
Si el de Basilea tuviese que otorgar tres consejos que forjar a fuego en la cabeza, tres claves que tener muy en cuenta de cara al futuro, la respuesta es muy clara. «Les diría, en primer lugar, que escuchen bien. En segundo lugar, que entrenen muy duro; por último, que sean curiosos. La curiosidad fue clave para mí: siempre busqué entender el porqué de las cosas, del tenis, de los entrenos, de lo que pasaba en torno al deporte. Nunca acepté las cosas sin preguntarlas antes, y eso fue vital para mí», señala con pasión el suizo.

No es fácil crecer en el país del que para muchos sigue siendo el mejor de la historia. Las comparaciones pueden ser odiosas, algo contra lo que Roger lucha enérgicamente. «Cuando se habla de ‘El próximo Roger Federer’… es algo que no me gusta nada. Nadie debe ser ‘el próximo’. Cada tenista tiene su identidad, su juego, su propio estilo, su familia, eso es lo importante. Que te comparen puede estar bien, pero hay que escribir tu propia historia». Son palabras que no deben ser menospreciadas: reflejan el deseo de Federer de que nadie crezca en Suiza con expectativas desmesuradas (un guiño, quizás, a un Henry Bernet, campeón del último Open de Australia junior, de quien ya se empiezan a escuchar proclamas parecidas).
Por último, Federer dejó una perla muy interesante tras ser preguntado sobre si volvería a este centro con una mayor frecuencia, quizás formando parte de sus actividades en el día a día. La respuesta descarta que veamos el suizo en los banquillos próximamente. «Mientras no vuelva como entrenador a tiempo completo, me encantaría. Creo que tengo mucho que transmitir, en ocasiones los jóvenes están inseguros, no saben a quién escuchar, y no les viene mal que alguien con experiencia les diga que no hace falta tener todas las respuestas, que el camino no siempre es certero, y que deben centrarse en lo que sí pueden controlar, especialmente su actitud». Tiene madera el bueno de Roger, desde luego… pero no la veremos hasta dentro de cierto tiempo, si es que la acabamos viendo.