El Masters 1000 de Montreal ha sufrido un golpe difícil de imaginar antes de que comenzara el torneo. Alexander Zverev, segundo cabeza de serie y gran favorito tras las bajas de Jannik Sinner, Carlos Alcaraz o Novak Djokovic,, ha caído eliminado en su estreno frente a Tallon Griekspoor por 6-7, 6-2 y 6-4. La derrota supone un duro revés para el alemán, pero también para un torneo que, cuando apenas acaba de arrancar, ya no cuenta con ningún integrante del top5 mundial en competición.
Llegaba Zverev a Canadá con una oportunidad inmejorable para sumar un título de enorme prestigio. Sin varios de los principales nombres del circuito en el cuadro, el alemán partía como el gran candidato al trofeo. Sin embargo, tras adjudicarse un primer set muy igualado en el desempate, su nivel cayó de forma considerable y permitió que Griekspoor diera la vuelta al partido con autoridad.
El neerlandés fue creciendo con el paso de los minutos, dominó los intercambios desde el fondo de la pista y aprovechó el descenso de intensidad de Zverev para llevarse con claridad los dos últimos parciales. El resultado supone una de las victorias más importantes de su temporada y le abre de par en par las puertas de un cuadro que ha quedado completamente abierto.
Un torneo todavía más descafeinado
Si la eliminación de Zverev es una mala noticia para el alemán, para la organización del Masters 1000 de Montreal representa un auténtico contratiempo. Antes incluso del inicio del torneo ya se habían producido las retiradas de Carlos Alcaraz, Jannik Sinner o Novak Djokovic, una lista a la que esta misma tarde se sumó la de Félix Auge-Aliassime, el ídolo local, que no podrá salta a pista por una lesión de espalda de última hora.
Con este nuevo marcador sobre la mesa, la derrota del alemán termina por completar un escenario impensable: ningún integrante del top5 mundial sigue con vida cuando el torneo apenas ha superado sus primeras jornadas. Aunque esta circunstancia abre la puerta a una edición mucho más imprevisible y brinda oportunidades a jugadores que habitualmente parten un escalón por detrás, también priva al público canadiense de ver en acción a las grandes referencias del circuito masculino.
Para Zverev, por cierto, el golpe es ligeramente importante. El alemán, que venía de firmar una primavera gloriosa en categoría Grand Slam, desperdicia una ocasión de oro para recortar distancias en la clasificación y conquistar un Masters 1000 que, sobre el papel, parecía más accesible que nunca.