Noti-Deporte: Esto dicen los expertos del análisis del Sinner vs Djokovic, ¿podrá Nole con el número uno en Wimbledon?

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En los últimos tiempos, Jannik Sinner se había erigido como la perfecta kryptonita de Novak Djokovic. Era la versión más joven, ligera y veloz del serbio, como una de esas actualizaciones de antiguas jugueterías que dejaba obsoleto el que había sido tu acompañante perfecto a lo largo de la infancia: costaba y mucho aceptar la realidad, pero esa nueva versión era más fiable y, en definitiva, mejor que con la que creciste.

Las victorias se acumulaban. No mentían. Cada partido desnudaba el paso del tiempo, inexorable e inevitable, en la coraza de Novak Djokovic. Especialmente doloroso, de hecho, fue el partido en este mismo escenario, Wimbledon, de 2025: el serbio llegó KO físicamente y, sin esa velocidad de piernas y de reacción necesarias, fue un juguete roto en las manos de Jannik. Todo eso cambió hace apenas unos meses. Australia fue testigo de la enésima función del chacal, uno de esos partidos que pasarán a la historia del tenis por lo que significan: a todos nos emocionó ver a un tipo de 39 años superar desde el fondo de la pista al número uno del mundo, como si aquello con lo que crecimos todavía siguiera teniendo el mismo o un mayor valor. Fue una reivindicación, un golpe encima de la mesa, una de esas victorias especiales que definen el legado de la que ya es la mejor raqueta de la historia.

¿Podrá Djokovic repetir lo que ocurrió en aquella noche en Melbourne ante Sinner?

Seis meses después, el número uno del mundo tiene su revancha servida en bandeja de plata. Ante él, en semifinales de Wimbledon 2026, llega una versión de Novak con la coraza también tocada, castigada físicamente. La falta de ritmo previo no perdona y a Nole le ha costado un mundo llegar a esta instancia, con la necesidad de estar bregando durante cinco horas ante Felix Auger-Aliassime y el deseo de que aquel partido, de hecho, hubiese sido la final. Ese asterisco pesa e inclina el favoritismo, quizás, hacia la raqueta italiana… pero si alguien sabe de escabullirse de la lógica es, sin dudas, Novak Djokovic. ¿Quién si no?

Lo hizo mil veces, aunque necesitará de afinar todas sus armas y puntería si su candidatura quiere tener legitimidad. Ahí se encuentra la primera máxima: tiene que estar muy cerca de su 100% físico. Si esa cuestión no se cumple, todo lo demás se hunde: será imposible tener la frescura suficiente desde el fondo de la pista para ganarle los puntos largos (tal como sucediese en Australia, donde conquistó siete puntos más en los intercambios de más de ocho golpes) o la férrea convicción de llevarse todos los puntos importantes (Jannik solo convirtió 2 de 18 bolas de break en Melbourne; mantener ese porcentaje, por mucho que sea un escapista, es imposible si no mantienes la concentración y la intensidad durante más de cuatro horas de partido).

En esas dos claves se cimentó su triunfo en Melbourne, y por ahí tiene que volver a apostar. En sus turnos de servicio, Nole deberá ser el spot server de manual al que nos tiene acostumbrados: alto porcentaje de primeros y, en una variante magistral, subidas a la red constantes que le permitan dosificar su físico y achicar los espacios a un gran restador. En ocasiones, Sinner no esperó los ataques relámpago del serbio… y no hay mejor plaza que Wimbledon para volver a apostar por ello.

Por otro lado, la clave por la que se llevó el gato al agua en los grandes puntos radicó en la superioridad construida a través de los intercambios de derecha a derecha. En esa diagonal, Novak castigó una y otra vez a un Sinner timorato, variando velocidades pero jugando con la profundidad, a un magnífico nivel en el bote pronto, para después encontrar las derechas paralelas ganadoras. Se impuso en esa batalla y así logró desesperar a un Jannik que, por si fuera poco, viene dejando muchos errores y ciertas dudas por ese lado: explotarlo será una de las principales tareas del serbio.

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Sinner buscará la perfección e imponer su gran ritmo para batir a Novak

Por otro lado, Jannik Sinner tiene la oportunidad perfecta de dar un golpe encima de la mesa y, en cierto modo, «legitimar» su búsqueda de su primer Grand Slam de la temporada. La presión está en su tejado, quizá con el fantasma de lo que sucedió en las Antípodas… pero el favorito es él, por estado físico, sensaciones y precedente en este escenario el año pasado. Tendrá que tener cuidado con el calor: se esperan temperaturas de más de 33 grados, un posible gran aliado para Novak y, a la vez, una gran oportunidad para demostrar que molestias pasadas ya quedaron atrás.

El saque está siendo el gran bastión de Jannik en este torneo. No fue suficiente para llevarle a la victoria en Australia (más de 20 aces y mejores números que el serbio, pero no apareció en ciertos momentos importantes): en este torneo ya suma más de 90 aces (más a estas alturas que todos los logrados el año pasado) y ha sido capaz de superar en este registro a un especialista como Struff, un indicador de la confianza que ostenta y de cómo le ha sacado de situaciones complicadas.

La clave para el italiano esta vez se encuentra en dominar la línea de fondo. Se empequeñeció en Australia, no confió en su derecha, vio cómo Nole le ganaba terreno en todos los puntos importantes (en los puntos de presión es donde más difícil resulta finiquitar el intercambio en pocos golpes, y ahí brilló el Djoker). Necesita pegar la derecha como hiciera al final del duelo ante Jan-Lennard, abriendo pista y obligando a Novak a hacer varios sprints para recuperar el centro de la pista.

Talarle las piernas con buenos ángulos, variar todo el rato en las diagonales (dos al revés, dos a la derecha, y repetir hasta encontrar el golpe corto en el centro de la pista); en definitiva, incomodar y echar mucho más atrás a Novak de lo que lo hiciera en Australia. Si partimos de que la batalla al saque debería ser suya (lo fue, incluso, en Melbourne), aquí está la diferencia para que el partido no se vaya al terreno del realismo mágico, de los puntos de presión, de los instantes en los que los intangibles del serbio flotan en el aire como una presencia inevitable que te acaba castigando. Lo necesita Jannik, para demostrar quién manda… pero nadie mejor en toda la historia que Novak Djokovic para demostrar al público que los reyes están para ser decapitados. ¿Volverá a lograr la machada? Agarren palomitas y disfruten del espectáculo.



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