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Por mucho que la preparación física en el mundo del deporte no haya parado de evolucionar en estas últimas décadas, la sensación es que todavía nos queda un largo camino por recorrer. Para hablar del tema, difícil encontrar una persona más cualificada que Miguel Maeso (Almuñécar, 1956), un hombre que ha tocado la mayoría de las disciplinas, todas ellas con experiencias de élite.
Solamente en el circuito de tenis, nombres como Marat Safin, Juan Carlos Ferrero o David Ferrer pasaron por sus manos, aunque esto solo fue el inicio de una aventura que se mantiene viva hasta el día de hoy. Trabajando actualmente de manera privada con Andrey Rublev, el granadino es una de esas figuras que llevamos viendo por televisión toda la vida. Hoy quería arrancarme la espina en Punto de Break y profundizar un poco más en su historia, sus métodos y un sinfín de anécdotas que hacen que esta lectura merezca la pena.
Dicen que eres el mejor preparador físico de España.
Seguramente sea mentira (risas)
¿Entonces quién es?
Pues debe haber alguno bueno, en España tenemos grandes profesionales. Desde el primer INEF que se hizo en Madrid como los INEF que se han ido haciendo por toda la geografía española han elevado muchísimo el nivel de este país en cuando a preparación física, educación física y deporte.
Pero tú fuiste el pionero.
Nada, nada. Yo soy de la novena promoción del INEF de Madrid, porque solo había en Madrid. Al año siguiente se abrió en Barcelona y durante muchos años fueron las dos grandes catedrales del conocimiento, las bibliotecas del deporte.
Me dirás entonces que todo ha sido suerte.
Influye mucho la suerte (risas) A ver, mal no lo he debido hacer cuando me han ido recomendando con el paso de las generaciones. Estaré siempre agradecido a todos mis profesores del INEF, los recuerdo y los mencionaré toda mi vida. Álvarez del Villar fue el primero que aplica, muy famoso, estuvo detrás de aquel Rayo Vallecano ‘mataginantes’ de fútbol. Luego fue apareciendo más gente que aplicaba a la preparación física deportiva, porque nosotros, durante toda la vida, fuimos siempre ‘el de gimnasia’ (risas). Recuerdo ir casi avergonzado a las escuelas esperando ver qué te dejaban hacer. Afortunadamente, con el tiempo se ha demostrado que esta es una profesión importantísima.
En tu caso, lo más peculiar es la cantidad de deportes en los que has trabajado a nivel profesional.
Me ha gustado siempre conocer cosas nuevas desde la base, empujado una vez más por aquel profesorado excelente del INEF. Por ejemplo, Lolo Sainz estaba dando baloncesto, la gente que se reunió en aquella generación era lo mejor que había en toda España. Juan de Dios Román daba balonmano. Cuando te juntas con profesores buenos y un nivel bueno de alumnos pasa lo que pasa. Cada deporte tiene sus particularidades, la clave estaba en adaptar tus conocimientos a esa disciplina en concreto.

Antes se trataba igual a todos los deportistas, daba igual la disciplina.
Sí, al principio es que no se analizaba el deporte, pero hoy sabemos que no podemos entrenar igual a un jugador de fútbol sala que un jugador de fútbol.
¿Qué cambia?
Los dos juegan con una pelota redonda, pero las distancias no son las mismas y el tiempo de juego tampoco. El número de toques de balón tampoco, igual un centrocampista toca 50 veces el balón en un partido, mientras que un lateral derecho igual lo toca 15… ¡pero se hincha a correr! Hay que estudiar la función de cada jugador.
¿Quién fue el primer ‘especialista’?
Los primeros que salieron, mucho antes que yo. Ellos pusieron los cimientos de todo lo que tenemos ahora. Entrenador de porteros en fútbol, por ejemplo, ¿desde cuándo existe esto? Ni 20 años. Antes la misma persona se encargaba de todo el equipo.
Si pudieras volver atrás, seguro que cambiabas muchas cosas.
Claro, a medida que sabes más, encuentras antes los defectos de los jugadores, los aspectos a mejorar. Yo no soy el mismo ahora que cuando empecé en mis primeros años. No es que me haya vuelto loco estudiando los temas, pero siempre he intentado aprender cosas de cada deporte para luego intentar aplicarlo en otros. Me encanta esa relación que guardan entre todos los deportes.
¿Qué recuerdos te vienen a la cabeza?
Muchísimos […] Estuve en la Copa América con Pedro Campos, el patrón español. El baloncesto lo dejé hace 10-15 años después de una operación que tuve de riñón. La universidad también la tuve que dejar, aunque me daba espacio para estudiar muchas cosas. El baloncesto me ha dado mucho, el balonmano también, cuando estuve con el Club de Fútbol de Silla en Valencia… Lo que más me ha dado es el Pamesa Valencia y ASPAR con las motos. También estuve con Adrián Campos en Fórmula Uno, ¡Fernando Alonso empezó conmigo! Y Aarón Canet hace unos años también.
Y en el tenis, llegaste a trabajar al mismo tiempo con Marat Safin, Juan Carlos Ferrero y David Ferrer. ¿Qué me cuentas de este trío?
Eran distintos. Juan Carlos era un tío muy resistente, lo podías matar a correr porque te aguantaba. Marat lo mismo, pero era mucho más grande, 1’93 metros de altura, con lo cual había que darle mucho más aeróbico… cosa que a nadie le gusta (risas). Ferru era otra liga, le encantaba trabajar, fuera lo que fuera. Estuve también con Anabel Medina, Igor Andreev…
… me detengo un momento con Marat. ¿Cómo fue trabajar con un tenista de casi dos metros?
Yo venía del Pamesa, ahí había trabajado con chavales de 15 años que ya medían dos metros. En baloncesto, ese perfil de jugador era siempre muy espigado, delgaditos, lo que priorizaban era no lesionarse. A esas edades te puedes cargar a un jugadora para toda la vida por una sobrecarga, ya sea por rodilla o menisco. Además yo daba clases de terapia en Valencia, hacía mucho hincapié en el tema de lesiones, por eso siempre le he tenido mucho respeto a no generar lesiones en ningún jugador de alta competición.

En temas de la nutrición también ha ganado mucha importancia.
Sí, pero en exceso. Tú te tomas un día tres cubalibres, te marchas con un poco de dolor de cabeza y ya está. Ahora bien, si cada día repites esta jugada, entonces dedícate a escribir o a ser artista, porque ni podrás correr ni entrenar. Y mira que yo he jugado al rugby, un deporte rebelde, donde terminabas los partidos y no veas.
¿En esa época se comía bien?
Qué va, comías lo que quisieras. Yo he visto a jugadores comerse una paella antes de entrar a jugar una final.
¿Y rendían?
Sí, porque igual el otro se había tomado otra también.
¿En qué momento empieza a cambiar todo?
En la época de TenisVal con Pancho Alvariño y luego también con Juan Carlos (Ferrero) en Villena, ahí ya se empieza un poco más a mirar la dieta. Era mucho de prueba y error, si tú te comías una paella de chorizo y luego entrabas a pista, es lógico que pudieras encontrarte mal a mitad del partido, algo no estás haciendo bien.
Pero alguien tenía que decirle: ‘Lo estás haciendo mal’.
Los buenos materiales, a poquito que los tratas, traen resultados. Si tú haces un anillo de plata queda bien, pero si lo haces de oro queda mejor. La gente buena enseguida se adapta a todo, reaccionan mejor, sus cuerpos a nivel físico son mejores.
¿Se te ocurre algún jugador que, de haberse cuidado más, habría llegado más lejos?
Claro que se me ocurren, ya no te digo gente que podría haberse metido top50, sino gente que podría haber sido Nº1 del mundo durante diez años, pero se quedaron más atrás. En el tenis, de los que podían llegar, terminaron llegando cuatro o cinco.
¿Te quedó la espina de no haber sacado el máximo potencial de algún deportista?
A nivel físico yo creo que no, otra cosa es que luego ese deportista tuviese la cabeza para jugar, porque no solamente hay que correr, también hay que saber dónde tirar. Yo te puedo enseñar a correr, lo que no te puedo decir es cuándo toca pegar una dejada o un revés cruzado.

Hablemos de la genética.
Si no hay genética, no hay nada […] A ver, si tú tienes una genética del 100% que no pega un palo al agua, y otro con una genética del 85% que entrena cinco horas, al final, el del 85% acaba ganando al otro. Si me traes a un tío con 30% de genética, por mucho que trabaje jamás superará al de 85% innato. Luego hay jugadores que nacen para un deporte, con 5 años he visto niños con una coordinación increíble para una disciplina concreta.
Ponme un ejemplo.
Pepe Vicente Fibla, el hermano de Fernando Vicente, este es de los tíos más súper dotados que he visto en mi vida. Podría haber jugado a fútbol donde hubiera querido, pero es que tirando a canasta no fallaba una. Eso es que has nacido para el deporte, gente muy coordinada, pero hay que trabajarlo. Yo entrené con los dos de pequeños, hasta que luego se fueron al CAR y salieron de Valencia. Eran dos genios, Pepe era mucho mejor que Fer.
Dime alguno que te sorprendiera en las distancias cortas.
Marat, por ejemplo. Tú ves al padre de Marat y parece King Kong. Pero es que la madre fue cuartofinalista de Wimbledon cuando en Rusia jugaban 20 personas a tenis. A Dinara me la trajeron con 12 años y acabó siendo Nº1 del mundo también.
A nivel psicológico, ¿cómo sabías hasta dónde podías apretar?
Hay que saber qué porcentaje tienes que dar cada día, ahí está el gran dilema. Yo le doy muchas vueltas, observo mucho al jugador, pienso a ver si me he equivocado, igual una estrategia te funciona con dos jugadores pero con un tercero ya no. Cada persona es única, por eso uno tiene que ser honrado y aceptar cuando has hecho algo mal.
Cuando tantos profesionales quieren trabajar contigo, ¿a qué crees que se debe?
Porque aquellos que trabajaban conmigo luego mejoraban mucho su ranking, los equipos que estaban a mitad de tabla luego subían a la parte alta. Al Pamesa lo cogí en tercera división y de ahí subieron hasta lo más alto, gracias también a Miki Vukovic que era el entrenador, otro genio.
A veces este negocio es muy desagradecida con los entrenadores, por la falta de resultados. ¿Es igual con los preparadores físicos?
Peor aún […] ¿Quién manda? El técnico. ¿Crees que se va a echar la culpa a él primero?
El primero al que echan es al entrenador.
Sí, porque lo echa el club. Pero antes de que lo echen, el técnico ya ha cambiado de utillero, de segundo entrenador, al fisio… pero eso no sale en la prensa. Hay entrenadores muy cabrones, en ese sentido siempre he tenido mucha suerte, Miki Vukovic era un caballero.

A la hora de empezar a trabajar con un jugador de manera privada, ¿cómo arrancas?
Depende de la pulsión con el jugador y la experiencia que tengas, ahora es mucho más fácil. Hoy le pones al jugador un pulsómetro y eso es una maravilla, enseguida te dice si la rueda derecha está sin aire o el volante no gira bien (risas).
Con Andrey (Rublev), por ejemplo.
Un par de semanas, suficiente. En tenis no necesito un tío mazas, es un deporte que requiere de mucha resistencia. Para mantener tus 20kg de músculo necesitas 8 litros de oxígeno, pero yo igual con 7 litros tengo menos masa y menos fuerza. Es masa por aceleración, en el rugby funciona así: cuanta más masa tengo más te empujo. En el tenis es diferente, no hace falta tanta masa porque la raqueta pesa 300 gramos. Si yo te quito masa y te meto más aceleración, puedes estar más tiempo jugando porque consumes menos oxígeno. Es un razonamiento muy simple, aunque luego hay más factores.
Antes se corría mucho más.
Es que antes la gente aguantaba mucho más la pelota, los intercambios eran más largos, les costaba tirar. Hoy cualquier jugador te llega a una pelota y le pega una hostia que no vuelve. Antes se mataban a correr para ganar un simple punto.
¿Y si te encuentras con un jugador que no comparte tu metodología?
Búscate a otro (risas). Si tú me contratas es para seguir mis pautas, ¿no? Otra cosa es que el jugador me pida que le cambie algún ejercicio porque le provoca cierto dolor o no se encuentra cómodo. El preparador físico tiene su función y el entrenador técnico la suya, entre los dos tienen que exprimir al jugador para obtener el mejor resultado.
Rublev tiene fama de ser muy currante.
Normalmente todos los rusos son muy trabajadores, la gente que ha pasado hambre. Les gusta ganar, son competitivos. Cuando jugamos al parchís… no veas las hostias por el puto parchís, mandan a tomar por culo el cubilete (risas). Es gente my competitiva, de lo contrario no se dedicarían a esto.
Tú también tienes fama de duro.
(Risas)
Te la has ganado.
Vamos a ver, ¿tú quieres ser número uno? Yo te entreno para ser número uno. Si quieres ser Nº30, yo te entreno para ser el #30.
¿Dónde está la diferencia?
En la intensidad y la calidad. Un buen entrenador te va a tener ahí hasta que te salga bien el ejercicio, sin interrupciones, entregado a ese objetivo. Prefiero estar con un deportista que sea peor pero que me haga caso, porque a ese lo pondré a su 100%, aunque eso signifique ser el #40 del mundo, pero habremos encontrado su techo. Igual el otro podría haber sido #20 pero se queda el #40. Aquellos que tienen buenos mimbres y trabajan duro son los que acaban siendo Nº1 o Nº2.

¿Recuerdas a algún deportista que no tuviera freno a la hora de dar ese esfuerzo extra?
No, porque voy con mucho miedo. Me vanaglorio siempre de que mis jugadores han sufridos muy pocas roturas de fibras durante la competición. Igual un 5% o un 10% de la gente que yo haya entrenado les ha pasado esto.
Pero alguno habrás tenido que fuera incansable.
David Ferrer, lo que quisiera. En chicas te diría Jelena Jankovic, esta era trabajadora hasta decir basta.
Dicen que la generación actual es más floja que las anteriores, ¿coincides?
Hoy la exigencia es un poco menor, tengo esa sensación. Si puedes sacarte el carnet de conducir con cinco prácticas, ¿qué necesidad tienes de hacer quince? Si tienes la capacidad… otra cosa es que te salga mal o te pongas nervioso, pero es que hay muchos casos que parece que no les interese.
¿Por qué pasa esto?
Ahora se vive mejor y también hay más opciones. Piensa en un David Ferrer, en Jávea, en invierno, ¿quién había ahí jugando? Juan Carlos Ferrero, en Villena. O Marat Safin, allí en Rusia. Los primeros grandes campeones salían después de ser trabajadores en un club, de recogepelotas, como Manuel Orantes o Manolo Santana.
Da pena pensar que ya no saldrán jugadores así.
Seguro que salen, siempre salen, eso no se puede perder. Siempre habrá gente que desee con toda su fuerza ser un Nº1, gente que le guste lo que hace y se deje los huevos.
Después de tantos años en la profesión, ¿qué te empuja a seguir?
Es que si no me aburro (risas). Yo dejé de jugar al rugby a los 45 años y desde entonces no he parado, me sigue encantado esta profesión, me gusta de verdad.
¿Hay otros preparadores físicos tan veteranos como tú?
Los hay, como también gente nueva que es muy buena. Ahora hay que mover mucho el producto, dependes de qué entrenador tengas… como un jugador se queje del preparador físico porque le ha hecho hacer una serie de más, estás fuera. En fútbol hay mucho sinvergüenza, el jugador tiene muy poco nivel cultural, tienen dinero por castigo, por eso nunca terminé de entrar en este deporte. Estuve cerca de entrar en la época de Paquito García, me pidió unirme al proyecto, pero al final no se dio.

¿Cuál es tu mejor recuerdo en el tenis?
La Copa Davis que ganamos en Barcelona, la primera. Ahí trabajaba de manera privada con Juan Carlos Ferrero, aunque muchos jugadores del equipo no tenían preparador físico.
El tenista más duro con el que hayas trabajado.
David Ferrer y Marat Safin.
El más vago.
Muchos (risas) Es que soy amigo de ellos, pero ya te digo que me faltaría espacio en el papel para ponerlos a todos.
Uno que necesitara que le putearas un poco para sacar su mejor versión.
Todos. De los buenos, todos. Tú pones a Juan Carlos Ferrero contra David Ferrer y van a muerte, en lo que sea. La gente que es buena quiere ser la mejor en todo. Recuerdo perfectamente de verles entrenar, al mínimo ejercicio que les mandaba, aunque fuera correr de aquí hasta allí, ¡se mataban! Eso enriquece muchísimo al jugador, a todo el bloque, entre todos suben el nivel… pero hay que dejarse los huevos.
El mejor dotado genéticamente.
Marat y David. A David el problema es que lo habían entrenado muy mal al principio, a nivel de elasticidad estaba muy mermado. Cuando yo lo cojo ya estaba muy acortado, así que tuve que trabajar mucho los estiramientos. Si no trabajas la elasticidad, el músculo crece más corto, tiene más riesgo de romperse.
Dime un factor imprescindible que apenas se trabaje.
La coordinación, te sorprendería ver cuántos jugadores no la trabajan. Para empezar, hay gente más coordinada que otra, así que es de obligado cumplimiento trabajar esta faceta para igualar ese factor. Aquí es fundamental motivar al jugador.
Amigos que te lleves de esta industria.
Aparte de los que ya te he mencionado, Samuel López y Víctor Luengo, mucha gente.
Alguien con el que te hubiera gustado trabajar.
Con Federer, con cualquiera de ls buenos.
De Federer decían que era un poco vago.
Pero era un superdotado, una bailarina en la pista. Parecía que no hacía nada, pero estaba siempre en el sitio. Trabajaba mucho también, para llegar de aquí a aquí hay que correr, otra cosa es que en vez de 22 pasos, él necesitara 19.
¿Existe el dopaje en el tenis?
Hace años puede ser, hace veinte años. Ahora es más difícil porque los controles son muy exhaustivos.
¿Alguna vez viste algo turbio en un vestuario?
Lo típico: ’¡Tómate esto que me han dicho que es un estimulante!’, ‘¡Me han dicho que tal tío se está tomando estas pastillas!’. Funcionaba así, por boca a boca. El deporte del Este siempre tuvo mucho dopaje porque tenían poco dinero para instalaciones, pero sí lo tenían para fármacos. La gente del Este han ganado medallas olímpicas dopándose hasta las cejas, además con el apoyo del Estado detrás. Así también corro yo.
¿Cómo recibiste la sanción de Jannik Sinner?
Si lo has hecho… me jode que haya gente que haga trampas […] Si tú llevas dos raquetas y yo una, se me rompe mi raqueta y ya me has ganado. No es justo. ¿Tú te tomarías algo que te dan sin preguntar lo que es?
Si confío en mi equipo, sí.
Y aparte de la confianza, ¿no lo miras tú en internet?
Pero si delegas en ellos, lo normal es que ya lo haya mirado esa persona.
Pues entonces lo denuncias y que lo pague él. Hay una lista con las sustancias prohibidas en el COI, una lista por la que se rigen todos los deportes que son olímpicos.
Viendo la dureza que exige la competición, ¿podemos decir que el deporte no siempre es sano?
Lo podemos decir.
(Risas)
Si tú tienes a una persona 12 horas en la obra, ¿eso es sano? O el que está pescando 14 horas con tormenta. El deporte ahora controla mucho más el tema del dopaje porque antes la gente se quedaba jodida con 35 o 40 años, como los mineros con la silicosis. Hoy está todo más controlado, gracias a Dios.
Y una última, ¿se puede fumar y ser tenista de élite?
Depende de cuánto fumes. Una cosa es fumar cuatro cigarros al día y otra…
¿Lo has visto con tus ojos?
Si tú le das cuatro cigarros a uno y ves que no le afecta, pues igual te pide otros cuatro. Y el de al lado, otros cuatro. Hay gente muy fuerte, puede que dos personas fumen lo mismo pero luego les afecte diferente. Hay gente con mucha capacidad pulmonar.
Me alucina que haya habido top10 fumadores.
A nivel individual es diferente. En baloncesto, por ejemplo, ¿quién es el que más corre? El tenista corre siempre. De lo que yo he visto, normalmente fumaban muy poco, era más por hacer la chiquillada. Y ahora sería casi imposible, se ha puesto todo más exigente. Cualquier top100 de los de ahora fulminaría a los Orantes o Santana de antes, empezando por la fuerza.
Llegará un momento que haya que ponerle un límite al físico, para que no acaben todos rotos.
No, porque hay unos límites de espacio. Lo que sí habría que tener en cuenta son los materiales, porque la bola cada vez corre más. Igual habría que inventar raquetas que no sacaran más allá de 240km/h, porque si no de aquí a dos años habrá un tío sacando a 300km/h. Si a los jugadores de ahora los pones a jugar con una raqueta de madera, a la semana están todos en el hospital con el brazo escayolado.