En 2008 la pequeña región de Kosovo completó un largo proceso iniciado más de veinte años atrás. El parlamento declaraba su independencia de manera unilateral respecto de la República de Serbia en un movimiento que generó un seísmo en los Balcanes. Un país de nueva creación que ya desde la década de 1990 había dado pasos en firme por su autonomía, primero de Yugoslavia y después de Belgrado, también en el mundo del baloncesto.
Un lugar como Kosovo donde el baloncesto nunca había alcanzado la relevancia y el poderío de otras repúblicas vecinas, relegando su competición doméstica a un nivel inferior y experimentando diferentes problemas para construir un proyecto potente con jugadores nativos. A esto se suma los diferentes problemas diplomáticos derivados de su declaración de independencia, razón por la cual su Selección no pudo participar en torneos internacionales hasta 2015 al no ser un miembro de FIBA. Además, son muchos los Estados que no reconocen a Kosovo, entre ellos España.
Todo esto sirve como contexto para comprender la situación de uno de los territorios más complejos en el mapa del Viejo continente. Y hasta las montañosas tierras kosovares puso rumbo en 2024 un español, Pablo Mena, preparador físico y parte del staff técnico del KB Peja, una localidad al oeste de Kosovo. Hasta la pasada campaña, Mena había formado parte del Palencia Baloncesto, decidiendo lanzarse a la aventura balcánica tras el descenso a Primera FEB del conjunto castellano.
«La oportunidad me surgió a través de otro Preparador Físico. Le llegó la oferta a través de un agente y pensó que me podía interesar», explica Mena a Gigantes del Basket en una entrevista. «Ese agente se puso en contacto conmigo y me explicó de qué se trataba. Posteriormente el entrenador del equipo me llamó para conocer cómo trabajo y mi experiencia. Tras la llamada, el entrenador mostró su interés así que ya sólo quedó hablar con el Director Deportivo para concretar los detalles del contrato».
Un gran giro que suponía cambiar España por la incertidumbre e intriga de un lugar totalmente desconocido. Pero, en su caso, tardó poco en encajar en el lugar, llamando la atención de la Federación, que pronto le ofreció un puesto en la Selección nacional de cara a las ventanas clasificatorias para el Mundial de 2027. Un equipo que sigue peleando por ganarse su lugar en el baloncesto continental y que todavía está dando sus primeros pasos como país.
«El objetivo es intentar ganar los máximos partidos posibles, tanto en noviembre como en febrero», cuenta. «A la Federación, a todos los jugadores y al staff nos encantaría conseguir una plaza para disputar por primera vez una competición FIBA como un Mundial o un Eurobasket. A nivel personal es
un sueño».
Mencionar Kosovo suele llevar consigo una serie de tópicos y connotaciones negativas. Alto desempleo, crimen organizado e inestabilidad territorial son algunos de los temas más recuerrentes al hablar de esta región. Sin embargo, Mena explica que las cosas han cambiado mucho en los últimos años y apenas guarda diferencias con otros países del continente. «La verdad que yo no he tenido nungún problema para entrar al país. Hace años había más
pero en la actualidad no, el procedimiento en el aeropuerto es como al ir a cualquier otro país de Europa. Ahora tanto nosotros como ellos podemos viajar de un país al otro sin ningún tipo de problema. Creo que las relaciones entre los dos países es mejor de lo que parece«, explica sobre las recurrentes tensiones entre Belgrado y Prístina.

Su adaptación a Kosovo, dice, fue sencilla, pues se usa el euro, hay roaming y pese a que el albanés el idioma mayoritario, el inglés está extendido en la zona. En su caso haber fichado por el equipo de Peja, una ciudad de apenas 80.000 habitantes, le ha servido para «apreciar a la gente cómo está inmersa en sus rutinas del día a día, yendo a trabajar, yendo a la compra o niños yendo al colegio». Por otro lado, Pablo incide en que Kosovo «no es un lugar inseguro. Es todo lo contrario», aunque matiza «quizá la única zona algo más conflictiva es la zona norte en la frontera con Serbia».
«La gente local aquí es muy amable y hospitalaria», prosigue. «Puedes estar a cualquier hora por la calle que nunca te va a pasar nada».
Como no podía ser de otro modo, el baloncesto ocupa un lugar central en su día a día. Un deporte que en Kosovo se organiza alrededor de la Superliga, que consta de apenas 8 equipos en su primera división y luego un escalón inferior de corte más regional. Mena cuenta a Gigantes que hay importantes diferencias entre su experiencia en España y lo que está viviendo en tierras balcánicas, como la alta presencia de jugadores extranjeros pues se pueden disponer de hasta cinco, donde los estadounidenses son mayoría.
«Los pabellones son muy fríos y las metodologías varían mucho de unos entrenadores a otros», dice. «Los entrenadores están influenciados por la escuela de los Balcanes. Son muy autoritarios, muy exigentes con los jugadores y el staff. Los roles de cada uno están muy marcados y los entrenamientos son muy muy intensos. Pero también hay entrenadores del oeste de Europa con estilos más parecidos a los que he vivido yo en España», añade.
El baloncesto en la región está creciendo, lento, pero con paso firme, de ahí que la presencia de extranjeros sea cada vez más habitual. Aunque Mena destaca el hecho de que «aquí no hay proyectos a largo plazo. Se busca el éxito inmediato, contentar a los fans y a los patrocinadores para que sigan dando dinero. Por ejemplo no hay masa social. Los fans acuden al campo si el equipo va bien. Y los patrocinadors dan dinero si el equipo va bien. Y cuando el equipo pierde, los fans dejan de venir a los partidos».
Además, el palentino incide en la importancia de trabajar con los más jóvenes para dar el siguiente paso. «Muchos jugadores jovenes pasan a jugar en primera o segunda división y cuentan conpocos minutos debido a que hay extranjeros mejores o locales con más experiencia. Hay jóvenes con muchísimo potencial pero que no pueden crecer sin tener oportunidades. Pero algo positivo es que ahora los clubes están apostando e invirtiendo en traer de otros países a figuras como entrenadores y preparadores. Figuras que hace años no se daban tanta importancia y que ayudan al desarrollo de los deportistas».
Pablo Mena llegó a Peja a comienzos de esta temporada con un contrato de un año y ahora mismo el equipo se encuentra en zona de Playoffs de la Superliga, mientras que en las ventanas para el Mundial 2027 la selección va última de un grupo que comparte con Irlanda, Suiza y Azerbaiyán.
Más allá de esto, cuenta que su «objetivo es seguir creciendo cada año y llegar a ser el mejor preparador físico posible. Mi trayectoria está siendo un progreso siempre ascendente y así me gustaría seguir en los próximos años. Los últimos cuatro años he pasado desde cantera hasta LEB Oro, después ACB y este año he salido por primera vez de mi país y he podido disputar con mi equipo una competición europea como la previa de la FIBA Europe Cup además de la oportuidad de trabajar en la selección de Kosovo».
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