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En 2026, Sorana Cirstea pondrá fin a su carrera tenística a los 35 años. La tenista rumana, número 43 del ránking WTA, anunció este bombazo hace unas semanas, y más tarde participó en el podcast Tennis Insider Club, donde habló acerca de varios puntos importantes que giran en torno a su carrera tenística. Sobre todo su mentalidad, que ha cambiado desde que tomó como ejemplo a leyendas de la talla de Rafa Nadal para sobrellevar mejor la presión.
Cirstea ha participado en 20 torneos este año, ganando el WTA 250 de Cleveland en el circuito individual como mejor resultado y el WTA 1000 de Madrid en el circuito de dobles. Sin embargo, los años pesan para todo el mundo por igual, y a pesar de haberse mostrado competitiva ha decidido colgar la raqueta para centrarse en otros aspectos de su vida.
En cuanto a su mentalidad, sorprende la manera en la que afronta los partidos. «Mira a Nadal. Él no juega partidos, él juega puntos. Él juega cada punto al 1000% de intensidad. Ni siquiera deberías saber el marcador algunas veces, solo deberías jugar cada punto al máximo. Más tarde en mi carrera he logrado cambiar eso, y jugando así se disfruta mucho más. Cuando entras a pista tienes que luchar, no importa lo que te haya pasado ese día. No tengo que jugar siempre de diez para ganar, a veces un siete es más que suficiente.
Cirstea confiesa sus problemas emocionales con 20 años
Además, Cirstea habló de un punto clave en su carrera con 20 años, cuando iba camino de la cima del mundo y llegaron las primeras derrotas. «Me hubiese gustado saber cuando empecé que mi carrera duraría tanto. El año que viene será mi vigésimo año como profesional. Con 20 años me hubiese gustado que me hubiesen dicho ‘oye, todavía te quedan otros 15, no seas tan dura contigo misma porque esto va a ser una montaña rusa'», confesó.

La tenista rumana quiso avanzar demasiado deprisa, algo que acabó pagando caro. «Cuando llegué a cuartos de final de Roland Garros y llegué a ser número 21 del mundo, pensé que iba a entrar rápido al top 10. Sin embargo, encadené dos derrotas seguidas en primera ronda, mi ránking bajó un poco y sentí que era el fin del mundo. Fue la primera vez en mi carrera que tuve que lidiar con eso y no supe cómo hacerlo. Además, los entrenadores que tuve en esa época tampoco supieron cómo manejarme emocionalmente. Con los años he mejorado mucho eso, pero antes no era fácil de entrenar».
La lesión que lo cambió todo para Cirstea
Durante los últimos tiempos, Cirstea ha estado luchando contra una fascitis plantar que le ha impedido tener la regularidad deseada, pero a los 25 años sufrió otra lesión en el hombro que cambió su carrera por completo. «Con 24 años hice un año increíble, incluso haciendo final en Toronto, pero mis expectativas eran tan altas que cuando llegó esa lesión dije ‘¿por qué estoy jugando?’. Ahí fue cuando traté de cambiar el chip y salir a pista sin ponerme tanta presión encima, ir paso a paso».
A partir de ese momento, Cirstea fue capaz de disfrutar más del tenis para que no se convirtiese en una obligación, y logró sentirse confirme a pesar de no haber cumplido todas sus metas. «Mi objetivo era ser número uno y ganar Grand Slam, cualquier otra cosa era un fracaso para mí. No lo he hecho, y me ha costado mucho trabajo a nivel mental encontrar la paz y no tomarlo como un fracaso. Claro que me arrepiento de cosas, pero no puedo cambiar el pasado, así que tengo que aceptarlo y estar orgullosa».
Lo que tiene claro es que en su año de despedida quiere dar su 100%, y no relajarse para que su adiós esté a la altura de lo que ha sido el resto de su carrera. «Todavía tengo objetivos para 2026 y cosas que quiero mejorar, pero quiero terminar con orgullo y con la cabeza alta. No quiero terminar mi carrera porque mi ránking no sea lo suficientemente bueno para jugar grandes torneos. Me retiro yo, no me retira el tenis«. Cirstea todavía no ha dicho su última palabra, y quiere una despedida a la altura de su carrera.