Stefanos Tsitsipas disputará este domingo la final del ATP 250 de Gstaad tras superar a Alexander Shevchenko y poner fin a una larguísima espera. El griego alcanza su 31ª final ATP, la primera en 504 días, desde Dubái 2025, y también la primera sobre tierra batida en 818 días, desde Barcelona 2024. Habló en rueda de prensa de lo que esto supone para él, en palabras recogidas por el medio griego sdna.gr.
Más allá de la posibilidad de conquistar un nuevo título, esta semana representa un auténtico punto de inflexión para Stefanos Tsitsipas. Llegó a Suiza como número 85 del mundo y ya tiene asegurado ascender hasta el 64º puesto del ranking ATP, mientras que un triunfo en la final frente a Raphael Collignon le permitiría situarse como número 51.
Sin embargo, el aspecto más valioso de esta resurrección parece ir mucho más allá de los puntos: volver a sentirse competitivo, recuperar la confianza y comprobar que su tenis vuelve a acercarse al nivel que le convirtió durante años en uno de los mejores jugadores del mundo. Queda mucho trabajo por hacer, pero esta semana puede ser un auténtico punto de inflexión en la dinámica competitiva del griego.
Una semana para volver a creer después de muchos meses de turbulencias
La trayectoria de Tsitsipas durante el último año y medio ha estado marcada por una inestabilidad difícil de imaginar en un jugador que llegó a ser uno de los grandes aspirantes a conquistar un Grand Slam. Las continuas dudas sobre su juego, los cambios en su equipo, la ruptura y posterior reconciliación con su padre como entrenador, los vaivenes en su relación con Paula Badosa, un estado físico lejos de su mejor versión y un preocupante estancamiento competitivo fueron alejándole progresivamente de la élite.
Por eso, lo sucedido en Gstaad adquiere un significado especial. Más allá de alcanzar una nueva final ATP, el griego vuelve a transmitir ilusión, confianza y la sensación de que empieza a reencontrarse con un tenis que llevaba demasiado tiempo escondido. Él mismo reconoció que el partido frente a Alexander Shevchenko estuvo lleno de sobresaltos.

«Rompí una raqueta, casi me rompo la pierna… dos veces», bromeó entre risas. «Fue un día muy divertido, lleno de aventuras. Para ser honesto, nunca me había pasado algo así. Fue tan dramático y tan malo. Literalmente rodé por el medio de la pista como un saco de patatas. Estaba asustado porque cuando el pie se te queda atascado en la tierra puedes torcerte el tobillo y esa es una lesión que puede dejarte muchos meses fuera».
Más allá del susto, Tsitsipas destacó la dureza del encuentro y la capacidad que tuvo para mantenerse dentro del partido cuando las cosas empezaron a complicarse.
«Fue un excelente partido. Luché mucho. Hubo altibajos. Empecé con mucha energía, luego bajé un poco mientras él elevaba su nivel. Conecté algunos golpes realmente buenos, aunque no conseguí hacerlo con la regularidad que me habría gustado, especialmente en las bolas altas. Perdí algunas buenas oportunidades por eso».
Tsitsipas explica la importancia de haber recuperado un espíritu de lucha
Si hay una idea que se repite constantemente en el discurso de Tsitsipas es la importancia de recuperar el espíritu competitivo. Después de tantos meses en los que parecía perder confianza con enorme facilidad, el griego considera que ese ha sido el gran cambio de esta semana.
«Lo más importante es luchar. Antes que nada, tienes que saber competir y aprovechar cada oportunidad, cada momento. Independientemente de si ganas o pierdes, debes mantenerte competitivo y seguir luchando. Eso es siempre lo que intento hacer. Después llega el siguiente paso, que es encontrar la solución para ganar el partido. Lo conseguí otra vez y eso fue fantástico».
También quiso destacar el magnífico ambiente que está viviendo durante toda la semana en la localidad suiza, donde la presencia de aficionados griegos le ha sorprendido gratamente.
«Hay griegos por todas partes. Me los encuentro en el hotel gritando mi nombre. Incluso hay muchos trabajadores griegos aquí. No me esperaba una presencia griega tan grande en Gstaad. Estoy muy feliz de estar aquí y todavía más ahora que he conseguido llegar a la final. Mañana recuperaré completamente mi mentalidad competitiva e intentaré superarme una vez más».
Stefanos Tsitsipas mira al largo plazo con ilusiones renovadas
Después de más de un año sin disputar una final ATP, Tsitsipas no ocultó la satisfacción que le produce volver a verse peleando por un título. «Sí, esta final es especial. Pienso en lo bonito que es volver a competir por un título. Me siento lleno de confianza. Estoy feliz de volver a estar en una posición en la que puedo luchar por trofeos importantes y ser uno de los dos últimos jugadores que quedan en un torneo».
Además, aseguró que empieza a reconocer señales muy positivas en su tenis. «Mi tenis está dando muy buenas señales. Siento que puedo ejecutar golpes de un nivel muy alto. Pero tengo que seguir trabajando en mi regularidad porque mi objetivo es a largo plazo. Quiero volver a la pista cada día y seguir mejorando».
Precisamente esa palabra, regularidad, apareció repetidamente durante sus reflexiones. El griego explicó que todavía busca recuperar la estabilidad que le permitió instalarse durante años entre los mejores del mundo.
«He vivido lo que significa estar arriba del ranking, jugar las rondas finales de Grand Slam y Masters 1000. Sé cuánto dolor y cuánto sufrimiento supone hacerlo constantemente. Créanme, no es agradable. Hay que ser un poco masoquista para disfrutar de ese sufrimiento. Eso es lo que diferencia a los mejores del resto. Son capaces de soportar un poco más».
Y añadió una autocrítica muy significativa sobre los últimos meses. «Siento que mi saque ha funcionado muy bien estos últimos partidos. Ha habido un bajón en algunos aspectos durante los últimos meses. He sido capaz de ganar a jugadores del Top-10 este año, pero no conseguía mantener ese nivel con regularidad. Para mí, eso es lo más importante. Las victorias contra grandes jugadores están muy bien, pero hay que seguir haciéndolo día tras día».
La altitud de Gstaad, un escenario perfecto para el tenis de Tsitsipas
Otro de los aspectos que Tsitsipas considera decisivos en su gran semana es la propia altitud de Gstaad. Acostumbrado a entrenar junto al mar en Montecarlo, el griego explicó que la adaptación no fue sencilla, aunque rápidamente descubrió que las condiciones favorecen algunas de sus principales virtudes.
«Es complicado jugar aquí, especialmente durante los primeros días. Venía de Montecarlo, al nivel del mar, y ahora estoy en la montaña. Cuesta acostumbrarse al bote de la pelota, pero creo que estas condiciones mejoran mi juego. La altitud favorece mis mejores golpes, hace que la pelota salte un poco más y quienes tenemos un saque potente y brazos fuertes podemos beneficiarnos de ello».
Antes de pensar en la final, Tsitsipas también quiso dedicar unas palabras a Alexander Shevchenko tras una semifinal tremendamente igualada. «Fue una gran batalla. Creo que ambos jugamos muy bien y es una pena que solo uno pudiera ganar. Siento que los dos merecíamos estar en la final. Quiero felicitarle por el increíble esfuerzo que hizo hoy».
Ahora le espera Raphael Collignon, otro jugador que también llega muy exigido físicamente después de una semana repleta de partidos largos. Tsitsipas espera una batalla más. «Los dos hemos tenido partidos muy duros y los dos queremos este título. Vamos a salir ahí a darlo todo. No espero otra cosa que una gran pelea. En una final siempre quieres vaciarte completamente y eso es exactamente lo que intentaré hacer».
Después de demasiados meses marcados por las dudas, Gstaad ya ha devuelto a Stefanos Tsitsipas algo que parecía incluso más importante que una final: la sensación de volver a creer en sí mismo. Ahora solo le queda dar un último paso para completar una semana que podría marcar el verdadero inicio de su reconstrucción deportiva.