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Cuando Novak Djokovic bautizó a Carlos Alcaraz como ‘titanito’ en uno de los muchos y divertidos encuentros como ellos, el serbio se quedó muy corto. Lo comprobó en sus carnes en la pasada final del Open de Australia 2026, cuando mientras su físico comenzaba a menguar y necesitaba seleccionar en qué batallas desgastarse, el español aguantaba a las mil maravillas sus envites a pesar de haber acumulado más de 5 horas y 25 minutos hacía menos de dos días.
Es el nuevo Marathon Man del circuito. El hombre capaz de resistir hasta la extenuación, de transformarse en un animal cuando el reloj suma y suma minutos. ¿Cómo explicar los siete Grand Slams que acumula a sus espaldas Carlos? Muchos repararán en las explosivas combinaciones que guarda en su arsenal; en su creatividad y variedad, casi única en el circuito; en su constante evolución como jugador, tapando cada laguna con precisión quirúrgica… y, mientras tanto, sus capacidades físicas quedan en un desván, máxime cuando constituyen la esencia y el pilar fundamental de su tenis.
La estadística ha dado la vuelta al mundo y encapsula la mentalidad ganadora de Carlos. 12 victorias y 1 derrota cuando el reloj supera las 3 horas y 50 minutos: es decir, un 92,3% de victorias cuando el partido entra en su fase catártica, cuando las tácticas se descuidan en pos del corazón, la garra y la capacidad de resistencia. Alcaraz no solo posee estas tres virtudes, sino que las adereza con una calidad tenística supina y un físico que le permite empujar mientras sus rivales se derriten.
El caso de Carlos Alcaraz es el más claro ejemplo de talento + hambre. No es un genio dormido. Cada día quiere crecer un poco más. A todos los niveles. Y está rodeado de los mejores profesionales para lograrlo.
Este registro de abajo solo se consigue siendo muy bueno para… pic.twitter.com/eCY6dBnAbM
— Germán R. Abril (@gerebit0) February 3, 2026
Alcaraz aguanta como nadie las cinco mangas… y se distancia con claridad de su rival, Jannik Sinner: así son los fríos datos
El dato cobra relevancia si se comparan sus prestaciones con las de Jannik Sinner, el gran rival del español. El italiano aún no ha logrado ni una sola victoria cuando el reloj marca dicha duración, una pequeña mancha negra en su historial que se puede atribuir a varios motivos: adolece de la explosividad y capacidad para mantener esfuerzos continuados en el tiempo del murciano, carece de la variedad para encontrar atajos hacia el triunfo si su brazo no opera a su habitual velocidad de bola y, además, sufre a la hora de materializar los puntos de presión en los quintos sets, una discrepancia que se destapó en sus respectivos duelos ante Djokovic en el pasado Open de Australia.

Mientras tanto, Alcaraz aguanta y aguanta, supera a Nadal y Djokovic en su territorio y va camino de firmar datos históricos… gracias, sobre todo, a su físico. Una preparación medida y calibrada al milímetro para aguantar cargas y medir el punto exacto en el que darlo todo: este aspecto ha sido adquirido con el tiempo y le permitió, por ejemplo, manejar a las mil maravillas el cuarto set de su final ante Nole.
Le permitió sobreponerse a los giros de guion para entrar en ebullición en el tiebreak de la final de Roland Garros; le permitió aguantar los envites de Djokovic cuando sacaba para proclamarse campeón de Wimbledon 2023, creando jugadas con una facilidad manifiesta, como si las piernas no llevasen cuatro horas al más alto nivel encima. El físico es el pilar que permite a Alcaraz sacarse de la manga derechas supersónicas, boteprontos explosivos, dejadas en perfecto equilibrio o jugadas en la red a las que llega con una pasmosa tranquilidad: sin piernas, ese repertorio se convertiría en un tira y afloja con tantos aciertos como errores.
Es un aspecto que merece ser loado y que dará que pensar a Jannik Sinner, a quien le toca mover ficha en el contexto de una rivalidad despiadada, donde cada movimiento puede tener una tremenda carga histórica. Mientras tanto, Carlos, dejando atrás sus desconexiones y tras haber aprendido a ganar utilizando la cabeza y táctica, tiene de su lado una parte tan importante como los golpes o la cabeza. ¿Seguirán marcando el físico y las alternativas la diferencia? ¿Conseguirá el italiano recortar las distancias pronto? Será apasionante seguir las evoluciones de ambos en un aspecto que podría marcar el lugar que ocupen, cuando todo se termine, en las clasificaciones históricas.