Noti-Deporte: un revés para romper al «Big Four»

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La carrera de Stan Wawrinka no se explica solo a través de títulos, sino por un patrón muy concreto: un jugador capaz de alcanzar picos de tenis prácticamente inabordables cuando encontraba el contexto adecuado. En plena era dominada por el “Big Four”, Wawrinka firmó algunas de las actuaciones más impactantes que se recuerdan en partidos al mejor de cinco sets.

Uno de los primeros avisos llegó en el Open de Australia 2013, cuando llevó a Djokovic al límite en un duelo de más de cinco horas en cuarta ronda. Aunque cayó derrotado, aquel partido marcó un antes y un después: Wawrinka había demostrado que podía sostener el pulso físico y mental al mejor jugador del mundo. Un año después, en ese mismo torneo, llegaría la consagración definitiva.

La final del Open de Australia 2014 (6-3, 6-2, 3-6 y 6-3) ante Nadal fue el primer gran punto de inflexión de su carrera. Aunque el español se vio lastrado por una lesión en la espalda, Wawrinka desplegó un tenis agresivo y sin complejos para conquistar su primer Grand Slam. Un triunfo que cambió su estatus para siempre.

Noti-Deporte: un revés para romper al "Big Four"

El revés a una mano como seña de identidad

Si 2014 fue la confirmación, Roland Garros 2015 representó la cima. En la final ante Djokovic (4-6, 6-4, 6-3 y 6-4), que todavía no había reinado sobre la arcilla de París, Wawrinka firmó uno de los partidos más completos que se recuerdan sobre la Philippe Chatrier, desbordando al serbio con su revés a una mano y una valentía ofensiva constante.

Un año más tarde, repetiría gesta en la final del US Open 2016, nuevamente ante Djokovic, imponiéndose con autoridad para conquistar su tercer y último Grand Slam (6-7, 6-4, 7-5 y 6-3).

A esos encuentros se suman otros partidos memorables, como su victoria ante Andy Murray en las semifinales de Roland Garros 2017, su triunfo en Montecarlo 2014 ante Federer o la medalla de oro de dobles en los Juegos Olímpicos de 2008 junto a Roger. 

Incluso cuando las lesiones limitaron su continuidad, ese revés siguió siendo un recordatorio de lo que fue su tenis en plenitud. Ejecutado con una aceleración poco habitual y una capacidad extraordinaria para generar ángulos y profundidad.

‘Stanimal’ no fue el jugador más regular ni el más completo, pero sí uno de los más temibles cuando encontraba su mejor versión. Por eso el legado de Wawrinka no se mide solo en trofeos, sino en la sensación de que, en su mejor día, podía vencer a cualquiera.



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