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En este Open de Australia 2026, Novak Djokovic ha callado muchas bocas. El serbio ha demostrado una vez más la clase de tenista que es, y cuando muchos ya le daban por muerto y le tenían medio retirado, se ha vuelto a sacar un truco de la manga para hacernos ver que no se le llama el mejor de la historia por nada.
2025 puede que no fuese su mejor año en cuanto a títulos o resultados, pero fue el único en cuestionar el reinado de Jannik Sinner y Carlos Alcaraz en un circuito lleno de jóvenes que se caracterizan por no tener fe ni convicción en lo que supone igualar (ya no digo superar) a estas dos bestias.
Otros, ni siquiera tienen las respuestas de lo que tendrían que hacer, y también hay otros que ni siquiera se lo plantean, puesto que el trabajo y el tiempo que habría que dedicar para intentarlo es demasiado. Novak, sin embargo, no ha tenido reparos en aceptar el reto con gusto.

Novak Djokovic acepta el desafío
Al igual que sucediera a finales de la década de los 2000, cuando se propuso acabar con el reinado de Nadal y Federer, Nole llegó a la pretemporada con un objetivo: acercarse a Sinner y Alcaraz. Para ello, contrató a Mark Kovacs, un reputado especialista para averiguar qué necesitaba hacer para mejorar su rendimiento físico.
Era lo que le faltaba. En 2025 se enfrentó a los dos en los cuatro Grand Slams, pero aunque pudo derrotar a Carlos en Australia, se vio muy lejos a nivel físico respecto a los dos en los tres últimos grandes. Por ello, se propuso llevar su cuerpo a otro nivel, a sus casi 39 años. Por lo visto en este Open de Australia, vaya si lo ha hecho.
Porque, aunque ha tenido suerte con la retirada de dos tenistas en su camino a semis, ante Sinner se le vio con un plus más en lo físico. Con los años, Nole perdió un poco de explosividad y agilidad en las piernas. Eso afectaba a todo su juego. En Melbourne, aquella noche de semifinales, asombró a todos con su último gran truco de escapismo. Como si fuera el mejor de los magos.
Nolan, en su película ‘The prestige’ (El truco final), decía que todo gran truco de magia se dividía en tres fases:
La promesa: el mago muestra algo que parece normal.
Djokovic llegó a Australia como todo tipo de 38 años que parece que viene a ver cómo le superan sin demasiado esfuerzo. Algo parecido a lo que pasó en los tres últimos Slams.
El giro: el mago hace algo extraordinario con ese algo “normal”. No le busques el truco, no lo encontrarás
Cuando pocos lo esperaban y tras ir 1-2 abajo ante Sinner, Djokovic escapa de esa trampa y eleva su nivel para lograr una de sus mejores victorias de siempre.
El Prestigio: ves algo que jamás has visto antes y el público enloquece
Djokovic se tira de rodillas al suelo de la Rod Laver Arena, mirando al cielo oscuro de la noche australiana y celebra una victoria casi imposible. La grada lo eleva a los altares. Ni en muchos títulos suyos allí, en esa misma plaza, le vitorearon más.
“Ha sido el mayor apoyo y cariño que he recibido en todos los años que vengo aquí”, comentaba emocionado Djokovic en el speech de subcampeón. Abrumado por el calor de la gente, Nole agradeció el apoyo que no siempre recibió y que tanto buscó.
Porque, después de muchos años levantando trofeos en todas partes del mundo, Djokovic pudo sentir la mano tendida del público. Callando la boca de los que hace no demasiado querían retirarle, puede que hoy no lograse su título 25 de Grand Slam, pero a cambio ganó otra cosa: el perdón de los que dudaron de él y el amor y reconocimiento de gran parte del público.
Es de admirar que una persona que lo ha ganado todo en este deporte y que no tiene nada que demostrar a nadie, siga compitiendo a su edad y poniéndole las cosas tan difíciles a Carlos y a Jannik. Por eso, cada partido suyo es un regalo. Cada torneo, es para celebrarlo. Quizá, no muchos sepan valorarlo todavía a día de hoy. Tendrá que pasar un tiempo más para que esas personas sepan lo afortunados que fuimos de tener a alguien como Djokovic. Sin él, esto no sería lo mismo.