Noti-Deporte: Así será la final de Wimbledon 2025 entre Alcaraz y Sinner

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Cuando Carlos Alcaraz firmó el passing ganador final, se fundió en un abrazo en la red con Jannik Sinner y todos, tras más de cinco horas y media de frenética acción y tenis celestial, decidimos tomar aire y reflexionar, un pensamiento recorrió la cabeza del aficionado del tenis, nuestra cabeza. «Qué ganas de volver a ver algo así lo antes posible». Dos rivales generacionales, los encargados de marcar una nueva época, escribiendo las primeras -y doradas- páginas de una guerra, quizás con el paso del tiempo, histórica. Pues bien: solo hemos tenido que esperar un mes para que español e italiano vuelvan a verse las caras… y ahora, quizás, lo hacen en el escenario más prestigioso del planeta. Wimbledon 2025 y la Catedral del Tenis dan la bienvenida a un duelo por el título que vuelve a generar mariposas en nuestros estómagos.

Porque solamente Rafael Nadal y Roger Federer habían sido capaces de repetir final, en el mismo año natural, en Londres y París. No hay dato de mayor significancia para contextualizar lo que estamos viviendo frente a nuestros ojos. Claro, a falta de que llegue un nuevo Djokovic (resulta extrañísimo decir esto cuando el original, a sus 38 años, sigue siendo el tercer mejor jugador del mundo, solo por detrás de los reyes), Carlos y Jannik han instaurado en nuestra mente la noción de que se van a repartir la tarta del pastel. Nadie les para. Los últimos seis Grand Slams llevan su nombre… y el séptimo también lo llevará. ¿El de quién? Qué difícil respuesta.

ALCARAZ, EN BUSCA DEL TRIPLETE Y EL GOLPE MORTAL

Resulta que, después de su acto houdinesco y su obra magna en París, Carlos Alcaraz no ha bajado el pie del acelerador. Es más, ha instalado una marcha más en un repertorio inacabable de posibilidades. Ibiza ya queda como un recuerdo desdibujado dentro del mejor periplo de toda su carrera, llegando a finales en todos los torneos jugados desde que comenzó la gira de tierra, convirtiéndose en el emperador de un trono que parecía destinado a Jannik tras la vuelta de su sanción.

En Wimbledon hemos vivido la experiencia Carlos Alcaraz al completo. La desconexión por tramos ante Fognini en primera ronda, la aparición del resto ante Struff, la explosión de su servicio ante Rublev, la sensación de que todo está en su sitio en cuartos y semifinales. Quizás sin un tramo de efervescencia apabullante, pero sí con esa curva de crecimiento que empieza a ser característica en sus prestaciones en los Slams (sobre todo en pistas naturales): primera semana de oficio, segunda semana de tenis. De menos a más, Carlos llega a esta final con argumentos competitivos sobrados y siendo, en estos momentos, el jugador que puede alcanzar un pico más alto de tenis de la actualidad.

Contra Jannik, eso sí, el camino para Alcaraz está muy claro y se basa en tres pilares. En primer lugar, que el servicio siga arrojando guarismos sensacionales, colocándose en el, como mínimo, 80% de puntos ganados con el primero; si lo acompaña con la volea, un patrón muy utilizado en sus últimos duelos, cerrará la ventana de oportunidades para que Jannik tome el control de la línea de fondo. Buen negocio… pero eso debe fusionarse con los rasgos distintivos de su tenis que tanto daño hacen al italiano, en este caso adaptados a la hierba: si en París era la bola pesada a la altura del hombro la que desactivaba los zarpazos desde el fondo, aquí, tal como diseccionara a Djokovic el año pasado, es el revés cortado el que puede generar bolas cortas y, sobre todo, sacar a Sinner de su zona de confort (centro, pisando línea de fondo). Dibujar variantes con el slice, probar bolas 3/4, trazar ángulos cortos: son esos cambios de dirección y altura una de las pocas kryptonitas que pueden llegar a funcionar ante la que parece, claro, una máquina perfecta.

SINNER, A POR EL BAUTISMO Y LA VENGANZA

Cuántas cosas en juego hay en esta final para Jannik Sinner. Imaginen encarar tu primera vez peleando por el título en Wimbledon, en la Catedral del Tenis… y que al otro lado de la red te espere un tipo, tu mayor rival, que te ha ganado los últimos cinco duelos entre ambos. No es sencillo, ¿no? Así de gigantesca es la empresa que tiene por delante el italiano, y no hay nadie más indicado, sin embargo, para cumplirla.

El camino del de San Candido por tierras londinenses ha sido extraño. El día en el que estaba abocado a sufrir, con un tenis que no fluía, errores extraños en él, un rival jugando el tenis de su vida e incluso molestias en un codo, la vida, la justicia, el karma, llámenlo como quieran, le salvaron de una buena. La retirada de Dimitrov cuando ganaba 2-0 marcó un antes y un después en su travesía: como si se sintiese en deuda con el destino, Jannik no miró atrás y mostró ante Shelton y Djokovic su mejor versión. Mete mucho miedo, sobre todo, su nivel con el servicio, limpiando las líneas con planos injugables, abriendo pista para cerrar con la derecha posterior.

Precisamente en el saque se encuentra la clave más importante de la final para Sinner. En primer lugar, para que el ritmo de partido sea su preferido: mucho cuerpo a cuerpo, puntos cortos, sin opción a la variedad. En segundo lugar, porque en hierba lo necesita… y porque su rival, claro, lo ha mejorado hasta límites insospechados. Necesita sí o sí Jannik ganar la batalla saque-resto: si el punto se va al fondo de la pista, quizás Alcaraz tenga en este tapete más variantes, más atajos, más rutas para inclinar la línea de fondo a su favor. Cuando Carlitos use el slice, el «money shot» para Jannik es claramente el revés paralelo: de cómo lo trace, abriendo a Carlos por la zona derecha, dependerá buena parte de su éxito cuando el partido se ponga verdaderamente duro, aunque el foco está en dominar esa batalla de los puntos cortos, ser más regular que su rival y aprovechar un par de malos momentos para inclinar el duelo a su favor.

Pase lo que pase, prepárense para una nueva cita con la épica. No será, quizás, un partido de tanto cuerpo a cuerpo como en Roland Garros: las versiones de ambos y la superficie en la que juegan favorece un partido más rápido, de puntos más cortos, de menor duración en sets. Ello aumentará, claro, la relevancia de cada oportunidad, el peso de cada bola de rotura, la tensión en cada muerte súbita. Uno busca desquitarse de las cadenas que le atenazan ante su mayor rival generacional y, con ello, romper su invicto en finales de Grand Slam. El otro, desmarcarse aún más de su gran oponente, hacer historia con un hat-trick en años consecutivos, cimentar su lugar como el mejor español de la historia en hierba y demostrar que a su manera también se puede ganar de seguido. Alicientes no faltan: ¿te lo vas a querer perder?



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